El doble motivo para reconstruir el pacto constitucional

El doble motivo para reconstruir el pacto constitucional

Hoy, 5 de febrero, es el 97 aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917. Es un momento propicio para reflexionar el tema del acto constituyente mismo, en este ya largo período que nuestra patria atraviesa por los pantanos neoliberales que han destruido el pacto que dio origen a los grandes imaginarios del país y el paradigma de nación allá por las primeras décadas del siglo 20.

Es el momento de volver a las fuentes mismas del poder popular, que la teoría política tipificaba como “soberanía”. ¿Por qué regresar a las fuentes? Porque ahora las estructuras de representación que toman las decisiones en las reformas a la Constitución, carcomen y quebrantan los fundamentos o principios del pacto constitucional mismo.

Un principio es la raíz de todo el árbol de normas, cuando se cambian reglas que son consecuencia de las fundamentales, no hay mayor problema en que eso lo haga el órgano de representación (como el Congreso de la Unión); pero cuando se cambian las normas que constituyen la raíz o fundamento del proyecto constitucional, entonces, los representantes no tienen legitimidad para hacerlo.

Las últimas tres décadas han ocurrido en México dos cosas que vulneran el proyecto constitucional: se han modificado los principios o raíces de la constitución, y lo ha hecho una clase política deslegitimada de fondo.

Doble gravedad: modificaciones al fundamento de la Constitución por parte de grupos políticos sin representación de la población; por tanto, doble motivo para plantear la necesidad de construir un nuevo pacto social para dar origen a otro proyecto de constitución. Un nuevo pacto significa ir al origen del poder popular: a la voluntad del pueblo todo (en la unidad de su pluralidad).

Ya hay grupos de ciudadanos que han emprendido iniciativas en este sentido, como es el caso de la reunión que hoy mismo se lleva a cabo en el monumento a la Revolución Mexicana, con el nombre de Congreso Popular, para discutir el tema de cómo reconstruir la soberanía de la nación, arrebatada por la avaricia actuante a través de la clase política organizada en todos los partidos.

La avaricia recorre la mirada de los políticos actuales, que es la causa eficiente del poder depredador de la nación. Y por otro lado, ciudadanos buscan articular Otro-poder que haga que este país vuelva a respirar esperanza.

Esperar con-confianza que los mexicanos podemos hacer de la justicia el gran objetivo de esta esforzada nación; la esperanza es vital para que los mexicanos nos movamos para reconstruir el país: si creemos que la circunstancia puede cambiar (esperar con-fianza: esperanza), entonces movilizaremos las voluntades. Un pueblo sin esperanza es un pueblo inmóvil.

Por ello es tan importante que las iniciativas ciudadanas que buscan levantar la voluntad de los mexicanos para hacer de la justicia el rostro de identidad nacional, tengan éxito.

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