It’s the economy…

It’s the economy…

Apenas comenzaba la resignación por pagar un peso más en el transporte urbano, 16% más en el foráneo, 8% más en el pan dulce, un peso más por los refrescos y un largo etcétera que engloba todos los impuestos nuevos que nos recetaron este año, cuando los trabajadores de Gobierno del Estado, además de todo ello, vieron disminuido su salario debido al Impuesto Sobre la Renta (ISR) cuyo subsidio se redujo 30%.

La noticia, como se acostumbra, llegó hasta que la quincena fue depositada y los más vigilantes notaron que dejaron de percibir entre 100 y 600 pesos. Entonces comenzaron las dudas y especulaciones que fueron amainadas con una reunión en Ciudad Administrativa, donde mandos medios explicaran la situación a los burócratas que asistieron.

Las mentes conquistadas por el individualismo del sistema neoliberal pensarán que es problema de ellos, de los que están en la nómina gubernamental, que dicho sea de paso, gozan de privilegios comparados con los trabajadores de la iniciativa privada u otras áreas. Sin embargo la economía, al menos en la capital del estado y probablemente la de eso que domingueramente llaman “zona metropolitana”, está sostenida fuertemente en dos instituciones: Gobierno del Estado, y la Universidad Autónoma de Zacatecas, y esta última padece una crisis financiera que amenaza con llevarla a la huelga.

No son los únicos, trabajadores del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Zacatecas (Cecytez) y del Colegio de Bachilleres (Cobaez) han tenido que conseguir con acciones de lucha el cumplimento de prestaciones básicas y hasta el pago de sus quincenas.

Seamos o no de los perjudicados, todos vamos en el mismo barco, y la afectación de los salarios de los mencionados arrastra a muchos, entre ellos a las tienditas y a buena parte de los comerciantes del centro de Zacatecas, cuyas ventas de por sí habían mermado a partir de la concentración de la mayoría de las oficinas gubernamentales en Ciudad Administrativa. Ahora, además de eso, lidian con la eliminación del Régimen del Pequeño Contribuyente (Repeco), lo que los obliga a destinar entre 300 y 500 pesos para un contador, a facturar todas sus ventas, aunque el cliente no lo solicite, y además a hacerlo digitalmente a partir de abril, para lo cual requerirán un software cuyo costo oscila entre 3 mil y 12 mil pesos.

A esto hay que sumar que tienen que llevar registro contable de todas sus operaciones, trátense de ventas, compras o inversiones, y además habrán de presentar declaraciones bimestrales, en las que, entre otras cosas, informarán a hacienda del ISR que retienen en caso de tener trabajadores. Finalmente, podrán recibir el descuento de cien por ciento en el pago de ISR en el primer año de operaciones, pero después, deberán pagarlo.

Si las “tienditas de la esquina”, modesto sostén de numerosas familias, estaban de por sí en peligro de extinción, la Reforma Fiscal dará el tiro de gracia a muchas de ellas. Además de todos los impuestos con que lidian, deben competir con las tiendas de conveniencia de crecimiento voraz que se instalan como plaga sin siquiera cuidarse entre ellas. ¡Hasta una frente a otra! (si no me cree, vaya a la calle Allende del Centro Histórico de Zacatecas, por ejemplo).

El abogado fiscalista Raúl López Deantes (en nota del Diario Presente del 16 de enero, disponible en http://www.diariopresente.com.mx/section/principal/100413/desapareceran-%27tienditas%27-reforma-fiscal/) lo pone así: “cada vez que entra una tienda de conveniencia, son dos pequeños comercios que desaparecen” por cada gran supermercado que se instala “desaparecen 40 tiendas de abarrotes”. Y es que con las facilidades que les dan proveedores, y a veces hasta los gobiernos, con mayores condiciones para invertir en instalaciones, y hasta con la posibilidad de recibir descuentos en la electricidad por la energía alterna que producen los grandes comercios, ningún simple mortal puede competir.

Sin embargo la atención se centra en la seguridad, bien sea por la ola de violencia que afecta al estado, en particular a Fresnillo, o por las dudas, inquietudes, resquemores y también admiraciones que despiertan los grupos de autodefensas de Michoacán. Lo cierto es que todo lo que se hagaen el tema, hasta los grupos de autodefensas, serán sólo medidas paliativas si no hay un cambio de fondo, de sistema económico en este país.

Es dudoso que alguien se levante un día queriendo ser sicario, o siquiera halcón.Las puertas se cierran en las universidades, en los trabajos estables, en el autoempleo, y ahora hasta en el comercio, dejando a muchos sólo tres opciones: migrar, morir o matar. Ellos tienen bien claro lo que ya advertían los gringos hace veintitantos años “it’s the economy, stupid”. ■

@luciamedinas

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