Un rockcito para todos los roles / Los mercenarios del rock

Un rockcito para todos los roles / Los mercenarios del rock

Los mercenarios del rock

En la segunda entrada del siglo 21, el rock nacional está abordando el tren de las grandes ligas en cuestión monetaria, los acetatos de la bandas mexicanas de rock se están cotizando a niveles estratosféricos, pues alcanzan la friolera de hasta 16 mil pesos por un larga duración grabado en los 70, otros no menos importantes se acercan a los 10 mil gracias a que los poseedores de estas joyas le han puesto precio al material raro o difícil de conseguir, como si fuera la cabeza de algún personaje del mundo de la delincuencia al que hay que aplicarle la ley o alguno de los informes escondidos de los ex presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez; sin embargo, cuando estos encargados de encarecer el arte intentan comprarte alguno de estos disquillos raros, te quieren dar una miseria por ellos para poder revenderlos a precio de oro; es una vergüenza que el arte se convierta en una mercancía que, a manos de estos mercenarios, circule como si se tratara de los cheques que el gobierno proporciona a los legisladores para que aprueben las reformas que cada vez más van hundiendo al país y, por ende, a las clases más desprotegidas.

De todas formas, los melómanos los compramos al precio que les pongan, pues tenemos una extraña alergia a todo lo que suene a rock mexicano, que nos importa poco todo lo demás; preferimos comprar un acetato de Flying Carpet, Kaleidoscope, Sacrosario o El Tarro de Mostaza que adquirir el último modelito de celular, iPad o lap de ésas de la manzanita. En ocasiones en que alguien nos ofrece un ‘disquín’ de 45 RPM, de los que grabara alguna banda formada al vapor para sacar algún compromiso con una formación armada a ex profeso, dejamos de tomar café del OXXO o punta del este durante todo el año para adquirir esa joya que tanto andábamos buscando por doquier, ‘Back’ de Los Spiders, ‘Nasty sex’ de La Revolución de Emiliano Zapata, ‘Viva Zapata’ de Los Locos, Polvo, La Comuna o los de Rosario y Quinta Visión, que cuestan lo que gana un empleado de mostrador en toda una semana de trabajo, pero esa extraña obsesión, ¿de dónde viene?, esa pasión enfermiza por coleccionar acetatos, ¿cuándo la adquirimos? O ¿tendrá que ver que existimos los aprendices de músicos que, por alguna razón, no tocamos en alguna banda y, de alguna manera, queremos formar parte de la cultura del rock?

Todas esas interrogantes quedan zanjadas cuando hacemos un análisis profundo de nuestra situación intrínseca y llegamos a la conclusión de que todo esto influye; sin embargo, es motivante hacerlo porque ocasiona unos tremendos movimientos en los seres que se dedican a esta actividad, que los ves doblando turnos, vendiendo esto, lo otro y en ocasiones hasta organizando rifas y eventos para subsanar ese requerimiento que desde las entrañas obliga a conseguir el acetato en cuestión, a pesar de tanto mercenario que existe en el rol. Empero, ¿valdrá la pena pagar esa pequeña fortuna por un solo disco de larga duración de una banda que únicamente grabó ese LP?

Por supuesto que vale la pena; esto es más grato que votar por el PRI, PRD o PAN (partidos Revolucionario Institucional, de la Revolución Democrática o Acción Nacional, respectivamente); son cuestiones muy personales que hacen que el ego se inflame de emociones extrañas como el olor del disco en su conjunto, la carpeta, el arte, el estado del disco, las fotos de la contraportada, la calidad de la grabación y, si está autografiado por algunos de los integrantes de la banda, ni duermes de la enorme satisfacción por poseerlo y lo sacas a la calle, a la escuela bajo el brazo, con tus amistades y lo subes al ‘Face’ para que todos se enteren de que tú lo tienes, aunque a la mayoría les encante comprar lo más reciente de Los Títeres del Norte o los últimos de los Guns and Poses. Tú estás orgulloso de mostrarle al mundo que acabas de comprar el disco del Tarro de Mostaza, original en acetato, adquirido en el Tianguis del Chopo, pagando lo que recaudaste en una quincena trabajando ocho horas diarias o más, pero, eso sí, estrenando un disco que fue grabado hace 43 años; extraña formación, ¿no crees? Por eso, ¿los comerciantes de acetatos se hacen mercenarios o sólo es una actividad que les reditúa para sobrevivir en esta situación del México actual, donde ya son pocas las esperanzas de avanzar en los terrenos de la creatividad?

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