Subjetivaciones rockeras / Esperanza y mis mejores deseos a pesar de todo

Subjetivaciones rockeras / Esperanza y mis mejores deseos a pesar de todo

Comenzó 2014 y, créame, no lo vislumbro halagador en lo más mínimo; quizá sean los primeros estragos de la edad, de hecho, espero de todo corazón estar equivocado; aunque el panorama que nos dibujan las recientes reformas aprobadas es bastante desalentador, insisto, espero pasar al final del año como un pesimista exagerado. Coincido con muchos conocedores del tema en que lo que se avecina es un viaje en el tiempo hasta un par de décadas previas al siglo 20. Tengo la impresión de que muchos logros sociales alcanzados durante la pasada centuria quedarán en el pasado y representarán una broma de mal gusto para los dueños de las transnacionales.

Parecería que hablo al azar, pero si nos ponemos a analizarlo, nos daremos cuenta de que llevamos 20 años soportando un sistema económico y social devastador, que nos fue impuesto para la salvaguarda de los más poderosos, aquéllos que cada vez son menos. Nos prometieron que con aquel “Tratado” entraríamos al primer mundo, que se acabarían nuestras penurias, que el hambre habría de ser tan sólo un mal recuerdo en nuestro país y, no obstante, hemos visto todo lo contrario, mayor pobreza, desempleo, desigualdad social, hambre y malnutrición, incluso en zonas urbanas, en las que nunca se pensó que ese fenómeno se fuera a dar, pobreza en un sector que crece vertiginosamente y que no se ve, en lo más mínimo, que vaya a decrecer.

Aunado a lo anterior, coincido también con los académicos (1), en que lamentablemente padecemos una clase política autista que raya en el egoísmo ofensivo. De la inseguridad, mejor ni hablar. Por todo lo anterior, digo que 2014 no me parece muy halagüeño que digamos; pareciera que no hay para dónde hacerse. No obstante, aún me queda un poco de esperanza (2), la suficiente como para que la vida siga teniendo sentido y valga la pena vivirla.

En pocas palabras, lo que este humilde servidor ve en el futuro es crisis, y curiosamente, en esa crisis, encuentro un ápice de esperanza. Espero que una vez más, como ha sucedido en otros momentos similares, este trance y las vicisitudes que ya desde hace tiempo padecemos y que amenazan con acentuarse representen un campo de cultivo para la reflexión, el análisis y la creación estética. Espero también que las adversidades que se puedan llegar a presentar reaviven aquellos ideales por los que muchos ofrendaron sus vidas. Que en el campo del arte veamos una mayor presencia de artistas dispuestos a movernos, por medio de experiencias sensoriales frescas, novedosas y conscientes de la historia y de la tradición, a la reflexión y a tener una visión más panorámica y menos sesgada de nuestra realidad.

Deseo que retornemos a aquellos aparentemente sencillos placeres que por siglos han conducido a la humanidad por una ruta de evolución y crecimiento, tales como la lectura, la apreciación artística, el diálogo y las convivencias interpersonales reales, no virtuales, el entendimiento y el conocimiento del y de lo otro, en fin, retomar y fortalecer aquellas características que nos hacen, ya no digo mejores, sino simple y sencillamente seres humanos libres, tolerantes, respetuosos, con nuestros claroscuros desde luego, y no objetos robóticos o software programables sin criterio, ni capacidad de crítica propia, orillados a vivir en la frivolidad, en lo superfluo, sumisos y agachados como en la Caverna de Platón.

Mi esperanza se mueve también en el sentido de que tengamos un acercamiento o, en el mejor de los casos, un reencuentro con las humanidades: la filosofía, la literatura, en especial con la poesía, la antropología, la arqueología y la historia, y que estas dos últimas, con ayuda de las primeras, nos ayuden a hacer conciencia y a redimensionar nuestras raíces ancestrales, y nos permitan reconsiderar que los pueblos mexicanos poseemos, en ese sentido, una riqueza vasta e interesante desde antes de nuestra occidentalización, y que logró cumbres interesantes posteriores al encuentro con occidente. Que dentro de ese legado histórico, los mexicanos hemos encontrado en el arte una eficaz forma de comunicar al mundo nuestros más profundos sentimientos, y que también mediante las expresiones artísticas y el pensamiento reflexivo, hemos adquirido un aprecio por las diversas culturas del mundo.

Deseo que la crisis aun mayor que se nos avecina (insisto, espero de todo corazón estar equivocado) invite a pensadores, escritores y creadores a reflexionar sobre nuestra realidad, local y global, y que lo que vean, lean y vivan les permita tener contacto con las musas. Y ojalá que nosotros nos alejemos de las tentaciones que, “como ángeles de luz”, nos invitan a desvirtuar el pensamiento, la reflexión y el buen gusto, y que adquiramos los hábitos por la lectura y el disfrute estético; que veamos mejores películas, que acudamos a mejores libros, que asistamos a disfrutar obras teatrales, exposiciones, conciertos, presentaciones bibliográficas, actividades culturales y que, por supuesto, escuchemos buena música y nos abramos a lo mejor del rock de Zacatecas, de México y del mundo. Tales son mis mejores deseos para este 2014.

(1) Aquellos seres que de manera permanente tratan de advertir al poder sobre los riesgos que puede contraer con sus determinaciones, pero que son siempre ignorados y calificados de exagerados, aunque invariablemente digan como frase final: “se los dijimos”.

(2) Espero que esta palabra no se haya politizado ya, porque de lo contrario ni eso nos dejan.

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