Desde ‘La Bestia’ también se puede ver un México precioso: Inna Payán

Desde ‘La Bestia’ también se puede ver un México precioso: Inna Payán

Arriba de La Bestia, es decir, del tren que usan los migrantes centroamericanos y mexicanos para llegar a Estados Unidos, se puede vivir el horror que grupos criminales y autoridades corruptas causan a los que desean una vida mejor.

Sin embargo, también desde el techo de esa locomotora se ve una parte muy bonita: un México precioso, comenta Inna Payán.

Desde ese lugar se ven las copas de los árboles, los colores de las flores…

Es un sitio en el que la gente se encuentra, se enamora, se odia… Si no tuviera esa parte bella no se podría soportar el horror, abunda la productora, que no cabe de alegría porque su película La jaula de oro fue postulada ayer a mejor cinta iberoamericana para la próxima ceremonia de los premios Goya, que entregará la academia española de cine en febrero próximo.

La jaula de oro, propuesta cinematográfica poética del viaje de los migrantes, (como la califica la productora) fue la película mexicana más premiada en 2013: obtuvo 41 reconocimientos internacionales, incluidos festivales como el de Cannes. La lista es interminable.

Mejor aún: la cinta, dirigida por Diego Quemada-Diez, ya tiene asegurada exhibición comercial en México, pues la cadena Cinépolis la distribuirá, tal como lo hizo con Presunto culpable o De panzazo.

Para que haya una buena película se necesita, además de tener una buena historia, un excelente director que traiga consigo una idea trabajada con anterioridad; también un tema social interesante, una excelente forma narrativa y la conjunción de un equipo que trabaje con pasión, asegura en entrevista la productora Inna Payán.

Cine difícil de comercializar

Y esos elementos tiene La jaula de oro, que ya se ha exhibido comercialmente en naciones como Holanda, Inglaterra, Francia, España y Taiwán por mencionar algunos. En todos esos países le ha ido bien, pero en México cuesta trabajo proyectarla comercialmente. La adhesión de Cinépolis como distribuidor le dará una gran empuje, sobre todo porque este cine es muy difícil comercializarlo, dice la productora.

A Inna Payán, productora de cintas como La hija del caníbal o El sueño de Iván, La jaula de oro la hizo querer más al país, además de querer seguir haciendo este tipo de cine, que no siempre sale, porque se tienen que conjuntar muchas cosas (como las anteriormente mencionadas).

Para ella fue descubrir el país y dar voz a esa gente, que aunque salga cotidianamente en noticias, no la tiene. Una historia como ésta se queda en la cabeza de las personas.

Payán insiste en que la esencia que debe tener una cinta exitosa es la pasión y una excelente forma narrativa que pueda ser incluso poética. También conjuntar un equipo que trabaje con la misma idea. Todos los que entraron lo hicieron con mucha pasión, y todo eso contribuye. Desde la fotógrafa que cargó en sus hombros la cámara arriba de los trenes, hasta el asistente de director que cobró poco por querer estar en el rodaje. De verdad que con eso dan ganas de seguir haciendo este tipo de proyectos, que creo, son los que hay que estar haciendo.

Inna estuvo en todo el proceso de filmación, desde la selección del elenco hasta de las locaciones. También en la logística de producción. Fueron muchas horas de estudio, de muchas ideas y eso es lo precioso: la conceptualización del proyecto. No puedo dejar de comentar que cada una de las personas que participaron dieron mucho.

En La jaula… tres adolescentes de Guatemala buscan un mejor futuro en Estados Unidos. En su trayecto por México conocen a un indígena tzotzil, que se adhiere al grupo. Creen en un mundo utópico, más allá de las fronteras, creen en la amistad aunque encuentren con una dura realidad.

Se filmó en locaciones de Guatemala, Estados Unidos y en las entidades mexicanas de Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Morelos, estado de México, Jalisco, Michoacán, Sonora y Baja California; tiene como protagonistas a Brandon López, Rodolfo Domínguez, Karen Martínez y Carlos Chajón.

Lo más bonito es que se haya podido trabajar con actores no profesionales, porque eso le dio una cercanía a la realidad, más profundidad, afirma Inna, quien después de este largometraje tiene ganas de seguir contando historias que sean espejos de la realidad, que tengan una frontera poco clara con la ficción. Decir cosas reales, pero de manera hermosa. En cuanto a ese tema todo ya está dicho, pero lo importante es cómo se cuentan. La esencia de película está en su narrativa.

Antes de irse a Cannes, la productora había dicho que la película no tenía pretensiones pero puede reflejar la realidad, aunque de una manera muy bucólica.

A partir de unos 600 testimonios se construyó el drama del guion, escrito por Diego Quemada-Diez, Gibrán Portela y Lucía Carreras.

Todo lo que se ve en la película son anécdotas que diversas personas contaron al director, quien apostó por trabajar con actores naturales en locaciones reales. Hay que decir que se hizo un taller de actuación para preparar a los jóvenes.

En La jaula de oro participaron como extras cientos de migrantes reales en tránsito hacia Estados Unidos.

En cuanto a la nominación para los Goya, Inna Payán dice que la postulación ya es un gran premio. Ojalá que ayude para que la gente latina en Estados Unidos pueda ver la película.

La jaula de oro competirá con la venezolana Azul y no tan rosa, de Miguel Ferrari; El médico alemán (Wakolda), coproducción argentino-española dirigida por Lucía Puenzo, y la coproducción española-chilena Gloria, de Sebastián Lelio.

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