“El circo es mi adicción; para mí significa la vida”, narra el trapecista Juninho Paulista

“El circo es mi adicción; para mí significa  la vida”, narra el trapecista Juninho Paulista

◗ ESPECIAL / VIDA EN EL CIRCO

■ Su oficio fue por decisión propia, no por seguir una tradición familiar, destaca

■ No concibe una vida fuera de la carpa, sin el aplauso del público ni los viajes al extranjero

“El circo para mí significa mi vida”. No necesita pensar esta respuesta. Es contundente. Tiene acento argentino, es de origen brasileño y ya adquirió alguna que otra costumbre mexicana, luego de siete años viviendo en diferentes estados del país.
Este hombre de 29 años permanece de pie, inmóvil y firme, con su traje de licra de colores brillantes pegado al cuerpo y marcando los músculos que ha desarrollado con muchas horas de entrenamiento y disciplina en la alimentación.

Le alumbra un pequeño foco, que es prácticamente el único que ilumina las inmediaciones de su casa; su casa rodante. Después de siete minutos y medio narrando cómo es su rutina entre las lonas de la carpa circense y la caravana donde vive; ésa fue su conclusión.

El circo es la vida de Juninho Paulista. El es trapecista y acróbata en telas en el circo Atayde Hermanos, que este fin de semana ofreció su espectáculo a un costado de las instalaciones de la Feria Nacional de Zacatecas.

“Lo que más agrada, como a todo artista, son los aplausos de la gente, el gusto, salir a trabajar, que a la gente le guste lo que haces”, asegura este brasileño, criado en Argentina y quien, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, no tiene antecedentes circenses. Nadie en su familia se dedicó a esto y, por lo tanto, no fueron ellos los que le inculcaron el gusto por este mundo. Más bien, fue por decisión propia.

“No me empezó a llamar la atención tanto lo que es el circo, sino que como estaba la escuela de circo muy cerca y no tenía nada que hacer después de salir de la escuela, me iba a la otra escuela”, recuerda Juninho. Sus días de aprendizaje empezaron cuando tenía apenas 12 años y se prolongaron hasta los 16.

Comenzó su preparación desde niño, algo indispensable para poder triunfar en este ámbito porque “hay muchos números que dependen de una persona que esté chica para que pueda tener buena elasticidad, equilibro, todas las cosas que se ocupan para el circo”. El trapecista precisa que pueden pasar incluso tres años hasta que alguien se aprenda correctamente un espectáculo o una rutina para las funciones.

Después de la escuela de circo, su carrera circense comenzó con una primera mudanza. De Argentina se marchó a Uruguay, donde tuvo su primer trabajo, luego se cambió a Brasil, también recorrió Perú y, finalmente, llegó a territorio mexicano “porque me gustó la gente de México, es muy cirquera, le gustan los espectáculos de circo; aparte la gente es muy buena acá, es agradable México”.

Los viajes constantes que realiza por su trabajo le fascinan, pero advierte que si estos tuvieran que ser por ocio no le gustarían. Las vacaciones para Juninho no son gratas, sino un símbolo de aburrimiento.

“De hecho cuando iba a mi casa, cuando me tocaban por ejemplo vacaciones, estaba tres, cuatro días y ya me aburría, me tenía que ir de vuelta al circo”, cuenta mientras sonríe.

Y tan poco le gustan las vacaciones que ya han pasado seis años desde la última vez que vio a su familia, que vive en Brasil y en Argentina. Aunque el contacto nunca lo ha perdido y espera la visita de dos de sus hermanas en los próximos meses.

Regresar a su rutina de acostarse a las dos o tres de mañana, levantarse a las 12 de la tarde y prepararse para la siguiente función es una medida contra el aburrimiento y la desesperación porque “a veces pasan dos días o tres días que el circo está desarmado y ya me aburro, me desespera no tener el circo armado, no trabajar”.

Para Juninho ya es costumbre el nomadismo en el que desarrolla sus actividades cotidianas y el tipo de vida contraria, la que lleva la mayoría de la población, nunca la consideraría una opción, ni para mejorar su comodidad ni su salud y forma física.

“Yo me metí en el circo y creo que vivir estable no me gustaría. No podría llegar la hora de la tarde y no tener función. Como que no me gustaría (…) Si estuviera estable creo que estaría gordo, un poquito más gordo, no tendría una preparación física”, insiste el acróbata.

Las dificultades no existen para este brasileño de 29 años. Dormir en una casa rodante, de ciudad en ciudad, junto con su esposa y otro compañero; convivir con payasos, malabaristas, especialistas en tiro con arco, domadores de animales salvajes; y conciliar el sueño a pocos metros de las jaulas en las que permanecen los tigres es una rutina que le aporta tranquilidad y le resulta agradable.

“Para mí no hay nada difícil acá. A veces renegamos un poco por el agua o la luz que queda muy bajita o muy lejos; pero no, no hay nada difícil, es muy agradable”, concluye Juninho con seguridad.

Cuando empieza a caer la noche, alrededor de las siete, el estruendo de la música retumba entre las lonas y los focos de colores aportan un ambiente festivo al interior de la carpa en la que, poco a poco, se van acomodando los asistentes a la función. Familias enteras, parejas, adultos mayores. Todos vienen a disfrutar del entretenimiento que les ofrece el espectáculo en el circo.

Una voz enérgica, a través del micrófono, anuncia el inicio de los actos circenses que se llevarán a cabo este día en Zacatecas y, en primer lugar, “con todos ustedes, directo de Brasil, ¡Juninho!”.

Entre los aplausos del público, un hombre enfundado en su traje de licra aparece en la pista y se coloca frente al trapecio que cuelga del techo de la carpa. Con enorme habilidad, se sube al aparato y, con la única protección de un pequeño arnés, comienza su espectáculo suspendido en el aire, con una concentración absoluta y ante la mirada de decenas de personas que se encuentran alrededor del escenario circular.

Al ver su actuación, queda claro que la palabra vértigo no forma parte de su vocabulario. El miedo a las alturas acabaría con todo lo que este artista circense considera como propio, como su identidad.

Conseguir una compenetración con el público a través del “suspenso, el peligro y las acrobacias” es un logro que se obtiene con años de preparación y es una forma de vida difícil de abandonar una vez la experimentas.

Ya con los pies en la tierra, todavía con su traje y alumbrado por el pequeño foco que está a un lado de su casa rodante, Juninho no duda al asegurar que “es una adicción, para mí es una adicción el circo”.

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