Electorado ¿voluntariamente? Daltónico

Electorado ¿voluntariamente? Daltónico

Decía Eulalio Ferrer que “acaso el hombre obedezca más a los colores que a las palabras” (en Los Lenguajes del color Ed. FCE p. 14). Sospecho que tiene razón.
En 2010 a Antonio Mejía Haro, candidato perredista a gobernador, le tocó lidiar con el rechazo que el último gobierno de su partido tenía, a tal grado, que la mejor munición en su contra era decir que Claudia Corichi García, hija de la gobernadora de aquél entonces era su suplente, cuando esa figura ni siquiera aplica entre los candidatos a gobernador.

Paradójicamente otro candidato, Miguel Alonso Reyes había colaborado más estrechamente con Amalia García Medina que Mejía. El actual gobernador fue en su momento presidente del Consejo Estatal de Turismo y luego secretario de la misma oficina, además de diputado local bajo el auspicio de García Medina. Solamente un año antes de la elección, quizá por la falta de apoyo para ser diputado federal, Miguel Alonso cambió de colores, renunció al Partido de la Revolución Democrática y posteriormente se convirtió en el candidato tricolor y del partido verde para la gubernatura del estado.

En sus espot como candidato, el actual gobernador buscó en todo momento distinguirse de quienes meses antes habían sido sus correligionarios; “ellos no pudieron” y “sólo hay dos opciones: seguir viviendo con miedo, o el cambio que te ofrezco” eran frases frecuentes en sus spots.
El cambio de color fue suficiente para considerar “un cambio” a Alonso y al equipo que lo acompañaba a pesar de su cercanía con los dos últimos gobernantes.
Algo similar ocurrió en la elección del pasado 7 de julio, en el que dos importantes municipios se disputaron entre ex aliados: Fresnillo entre Saúl Monreal y Benjamín Medrano, y Zacatecas cuya entre el priísta Carlos Peña y Xerardo Ramírez por el Verde ecologista (PVEM), estos dos últimos partidos miembros de la coalición que llevó al poder tanto al presidente municipal, al gobernador y al presidente de la república actuales. Incluso uno fue apoyado por Alejandro Tello y otro por Carlos Puente, ambos miembros de la misma fórmula ganadora del senado hace apenas un año.

Dos partidos tan estrechamente unidos, con altas probabilidades de coaligarse en el futuro ¿podían tener propuestas muy distintas para el municipio? ¿Había alguna diferencia más allá del “quítate tú para ponerme yo”?
Sin que nadie pueda reclamarles ni las alianzas ni los pecados de sus partidos, en esta elección surgieron los mal llamados candidatos independientes -¿independientes de todo y todos? ¿También de los patrocinadores y de los firmantes que les permitieron obtener las candidaturas?-

Destacó entre ellos Rogelio Cárdenas (por la alcaldía de Zacatecas) que obtuvo cerca de 2 mil 300 votos, más de los logrados por el Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano y el Partido Nueva Alianza, y solo 300 votos menos de los que obtuvo el Partido de la Revolución Democrática por sí mismo en igual contienda.
Sin embargo los reflectores los acaparó Raúl De Luna Tovar, primero en ganar sin partido una alcaldía (Enrique Estrada) en la historia de México. De Luna fue regidor de 2001 a 2004 y presidente municipal por el Partido Acción Nacional 2007-2010, pero librarse de esa camiseta blanquiazul parece haberle ganado más simpatías que las que pudo haber perdido.

Entre tantos chapulinazos, cambios de colores y hasta renuncia a ellos, aunado a iguales formas de hacer política entre quienes se dicen de derecha o izquierda, es difícil para la ciudadanía encontrar diferencias en los proyectos políticos. Tan camaleónico actuar de quienes se supone representan diversas formas de pensar provocan expresiones de indignación variadas: unos rehúyen las urnas, otros van pero anulan su voto tachando más de un candidato o escribiendo frases como la que circula en las redes sociales: “ahora que los tengo a todos juntos, chinguen a su madre”, y otros optan por votar por candidatos no registrados.

Ese espacio que alguna vez demostró la fuerza política de Valentín Campa con un millón de votos que de puño y letra le dieron los mexicanos frente a José López Portillo, hoy sirve para las ocurrencias de rechazo al sistema electoral mexicano: el Dr. Simi, el tradicional Cantinflas, o recientemente el candigato Morris, “el gato con votos” que causó gracia en Xalapa, Veracruz donde lo postularon a alcalde.
¿Qué quedará de eso? Probablemente sólo la anécdota. Los partidos con estructura hicieron valer sus votos, muchos o pocos, sobre aquellos que votaron por un candidato (o candigato) que aún ganando no lograría nada. En este sistema ni la organización indignada ni la simpática sirven cuando son sólo flor de un día para luego volver a la indiferencia hasta la próxima elección. La acción organizada sólo es útil si es permanente.

Nota: Esta casa editorial me distingue con frecuencia permitiéndome expresar mis opiniones en sus diversos espacios. El más reciente fue el programa Acentos bajo la conducción de Carlos Navarrete y que puede ser visto en el canal de Youtube de La Jornada Zacatecas. En ocasiones me han presentado como líder juvenil del Movimiento de Regeneración Nacional, organización en la que milito, pero en la que NO ostento ningún cargo ni función. Las opiniones que expreso públicamente en todos los medios que me honran con invitarme son siempre a título personal sin más derecho que el que la Constitución me concede a usted y a mí y sin que merezcan más atención que la que usted decida prestarle, la cual, dicho sea de paso, siempre agradezco ■

@luciamedinas

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