Votar o no votar

Votar o no votar

Ante lo vacuo y soso de las campañas, una vez que éstas han concluido, en medio del lodo en algunos casos; entre los dilemas de los indecisos están la duda de votar o no votar, y en caso de hacerlo, por cuál candidato. Esta duda que dista mucho de la del Hamlet de Shakespeare, es la que está presente, sin llegar a quitarles el sueño, en una buena porción de los electores. Descartado al partido mayoritario, el abstencionista, que muy posible lo siga siendo, entre los potenciales votantes que podrían inclinar la balanza, están los indecisos. Tienen del jueves al domingo para pensarlo y tomar la decisión que escojan.

El proceso electoral 2013 será inédito porque en él se dará la competencia de la alianza PRD-PAN y el concurso de candidatos independientes. El sólo registro de éstos y el que hayan llegado con todo y sus modestas campañas y exiguos recursos al día de la jornada electoral, ya es un triunfo para sus abanderados. Que logren el triunfo en las urnas es remoto ante lo novedoso de estas candidaturas, el peso de las campañas y el derroche de dinero de los partidos con registro, pero sobre todo, por el nivel cívico y la cultura política del grueso de la ciudadanía. Su triunfo será moral ante todo y tendrán la satisfacción de haber superado los escollos que les presentó la burocracia electoral, comenzando por la del IEEZ, que ahora presume esta experiencia como un logro pionero a nivel nacional.

Sobre la coalición en la que la segunda y tercera fuerzas electorales al echarle montón, se busca derrotar al prigobierno, pragmática de suyo, tiene puesta la mira en la campaña del 2016. En el ambiente flota el morbo por conocer cual será su desenlace y ver si es posible que la suma mecánica de votos duros tradicionales de amarillos y azules logra derrotar al partidazo y si el caudal de votos de éste no se incrementa, al grado de que le permita ganar los principales bastiones: Fresnillo, Zacatecas y Guadalupe. Sin que el resto de los municipios desmerezcan en su importancia, sobre esta triada descansa en buena parte la correlación de fuerzas y el poder que representa gobernar las jurisdicciones con el mayor número de electores y de recursos económicos en términos de programas y presupuestos. De ahí que la gran expectativa es ver si el PRI se mantiene en la capital, si El Mineral y sus comunidades dejan de ser coto de la corriente y familia monrealista, más que petista y si Guadalupe es retenido por el PRD. No es poco lo que está en disputa.

Lo más relevante de las campañas no fueron las propuestas y proyectos de gobierno como oferta para los electores, sino el concurso por ver cual candidato y de que siglas contrataba a los artistas más caros y taquilleros. Los cierres masivos de campañas en las plazas públicas, por lo menos en la capital, fueron sustituidos por los espectáculos masivos en la Megavelaria. Vendieron productos más que ofertar ideas y programas. Cerraron la campaña ofreciendo circo sin pan, contribuyendo a la alienación electoral más que a la educación cívica y política
Terminada la campaña sigue el interregno. Lapso de tiempo que abarca los tres días que anteceden al día de la jornada.

Dicen que estos días son para pensar y reflexionar por la mejor opción, aunque una aplastante mayoría ya decidió. En todo caso este intermedio o supuesta veda entre el fin de la propaganda política pública y la instalación de las casillas, los cuarteles de campaña partidistas los utilizan de manera muy intensa para buscar seducir vía las llamadas telefónicas a no pocos votantes, cooptar o comprar votos pagándolos con dinero o en especie, visita a activistas y promotores (operadores y mapaches) para amarrar sufragios y ofertar compromisos y sobre todo, afinar los operativos que se aplicaran el día de la elección.

Aunque como parte de una herencia ancestral no superada, la política en este país sigue siendo un negocio de pillos, que elaboran y votan leyes y ostentan cargos con los que se benefician ellos en primer término, debemos acudir a las urnas y decidir libre y soberanamente. Con la indiferencia, la apatía o el rechazo estéril por más radical y fundado que esté, no se logra nada. Los cambios sólo ocurren con la participación activa y consciente, así sea con un voto de rechazo. Por mi parte, con todo y sus “asegunes”, votaré por los candidatos independientes. ■

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