Que se caiga el café y no la patria

Que se caiga el café y no la patria

MANAGUA, NICARAGUA. “Nosotros luchamos para que se acabara la jodidencia que había con Somoza (Anastacio Somoza Debayle). Nosotros éramos periodistas y cambiamos nuestras cámaras de fotografía y video por un fusil”, dicen “al suave” en conversación dos nicaragüenses que hoy trabajan sin distingos.
Recuerdan la etapa de los gobiernos conservadores de Violeta Barrios, viuda de Chamorro y otro más, “porque se empeñaron en borrar todo vestigio de los beneficios de la Revolución Sandinista. Creo que sentían envidia o coraje porque en unos años apenas se iniciaron campañas de alfabetización y una reforma agraria”.

Ahora están contentos porque con el retorno al poder de los sandinistas con el partido del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), Daniel Ortega Saavedra las personas –aunque aún hay algunos pedigüeños- son el centro de las políticas públicas de esta república “Cristiana, socialista y solidaria”.
El ex comandante de la Revolución Sandinista de los 70 y que coordinó a la Junta de Reconstrucción Nacional, sólo le aturde un poco el hiperactivismo de Rosario, su esposa, quien un día sí y otro también opina y dicta medidas sobre los asuntos atribuibles sólo a su esposo Daniel, hermano del general Humberto Ortega, quien fue retirado por la ex mandataria Barrios.
Aún así, esta Nicaragua que desde hace 29 años no visitaba, se mueve en pos de –como dijera Moisés Hasan- “un hombre nuevo”. Tienen ganas de hacer las cosas. Se ve que la industria de la construcción tiene muchas obras por levantar y terminar. Sus calles se ven limpias y bien trazadas; sin baches y sin índices de delincuencia alta. Se puede caminar de noche…a altas horas de la noche sin que sea molestado el turista o visitante.

La emoción se apoderó de mi al pisar de nuevo las calles, sentir el húmedo calor de la Managua horizontal, sin muchos edificios altos. Sólo el ex banco de América está de pie y alberga ahora las oficinas de los diputados de la Asamblea Nacional.
Un cuesta arriba y llegar al famoso hotel intercontinental que fue lugar de trabajo de cientos de periodistas de la mayor parte del mundo que daban cuenta de lo que sucedía los meses previos a la ofensiva final que desembocó con la entrada triunfante, el 19 de julio de 1979, de los muchachos que habían recobrado el sueño de ser libres de una dictadura militar de una familiar enquistada en el poder.

Me pareció ver a Pedro Valtierra, entonces fotógrafo del diario unomásuno, trabajando en un cuarto oscuro improvisado en el baño de su habitación. Los gritos de Jaime Avilés buscando al novel fotorreportero que una tarde fue sorprendido con la fotógrafa Susan Meiselas en un barrio, en un fuego cruzado entre los sandinistas y la Guardia Nacional. No durmieron, pues algunos aviones dejaron caer roquets sobre casas de los barrios más arrechos en el combate.

Techos y paredes cayeron pero no se movieron hasta el alba cuando se dieron cuenta que pasaron la noche fuera.
En sus cámaras traían el resumen de ese día cruento. Venían, como dice Avilés, con la cara como de quien ha estado en el infierno.
Me sorprendió gratamente ver a René Núñez Téllez, hecho diputado presidente de la Asamblea Nacional. Lo recuerdo guerrillero en las mismas filas de su hermano Carlos a quien ahora se le conoce como el padre de la Constitución nicaragüense.

Cuantos cambios en la Nicaragua que apenas ayer en 1984 tuve el gusto de conocer luego de cinco años de la Revolución en su primer proceso electoral libre de dictadura.
Nuevamente pisé la Plaza de la Revolución. Ahí a un lado un mausoleo al aire libre donde están Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador y el recientemente fallecido Tomás Borge Martínez. Ahí la Catedral vetusta que resistió el famoso sismo del que todos los nicaragüenses hablan, observando pasar la vida. Del otro lado el Palacio de donde Edén Pastora logró arrancar de las celdas la libertad de varios insurgentes presos, entre esos a Borge Martínez.

Esa misma plaza que en noviembre escuchó el retumbar de la voz fuerte del comandante Jaime Weelok, entonces Ministro de la Reforma Agraria (MINRA), cuando dijo, palabras más palabras menos: “en los próximos días y en las próximas horas, ciudadanos nicaragüenses comenzarán a recibir armas para defender a la Revolución, porque preferimos que se caiga la cosecha del café y no la patria.
“No le tenemos miedo a los yanquis que nos han pretendido amenazar con sus fragatas que fondean en aguas nacional frente a Puerto Corinto”.
La compañera reportera que también había enviado Canal Once de Televisión, luego de esta respuesta de Weelok a los EUA, solicitó la mediación de Augusto Gómez Villanueva para adelantar su retorno a México, pues ella tenía miedo a una guerra.

Jesús Guevara Morín, enviado de Notimex ya quería acción y hasta sugirió movernos a los lugares donde se sabía merodeaban los contras. Este colega periodista fue, luego del proceso electoral donde ganó la Presidencia Daniel Ortega, designado corresponsal de la agencia en Nicaragua por varios años.
Hoy por hoy, quizá sea uno de los que mejor conozca los pasos del primer deterioro de la Revolución Sandinista; del retorno del conservadurismo y de los sinsabores para conseguir la nota teniéndose que internar en la montaña con el Ejército Popular Sandinista.
“Claro que si, el unomásuno era nuestro periódico…cómo no recordar a ese fotógrafo (Pedro Valtierra) en la etapa de la Revolución. Hoy ese diario es La Jornada, creo”, recuerda con gusto Carlos Mejía Godoy, mientras dedica un pensamiento a este visitante furtivo en su oficina-camerino-cuarto de ensayo antes de aparecer en el escenario e interpretar éxitos populares en el mundo y obviamente Nicaragua.
Clodomiro El Ñajo, personaje que aún vive, fue una de las canciones que más aplaudimos. Luego vino El Almendro onde la Tere, Quincho Barrilete, Son tus perjúmenes mujer…en fin, muchas otras más.
Casi me olvido de todo. En este reencuentro con la historia de un país que siento y quiero no debo olvidarlo nunca, por más que me “charchalien todos los hijares”. ■

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