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jueves, 8 diciembre, 2022
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Para los zapatistas organizarse es un acto de vida, vivir junto con el otro en rebeldía

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA •

■ Praxis del neozapatismo en Chiapas plantea pistas de solución para enfrentar crisis: Aguirre

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■ El libro Pensamiento crítico frente a la hidra capitalista busca incentivar la reflexión: Rodríguez

Durante la presentación del libro Pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, el académico Carlos Antonio Aguirre Rojas afirmó que la praxis del neozapatismo en Chiapas “plantea salidas, pistas de solución, y elementos que contribuyen a enfrentar la crisis en todos los niveles”, desde lo económico, político y social, hasta lo ecológico, artístico y cultural.

Según explicó, la crisis política en las comunidades zapatistas ha sido resuelta mediante una organización que no admite partidos políticos y que ha regresado al concepto original de democracia que significa “autogobierno popular”.

“Si el pueblo gobierna, lo hace sobre sí mismo, por lo que democracia es idéntica a autogobierno popular. ¿Dónde ha habido un autogobierno popular? Lo hubo en la Comuna de París, en los soviets rusos y lo hay en las Juntas de Buen Gobierno” en las comunidades zapatistas localizadas en Chiapas.

La democracia representativa, dijo el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “ya vivió su ciclo de vida histórico y ahora se está cayendo a pedazos en todo el mundo”, al igual que “la versión aguada de la democracia participativa que es tan vulgar que ya existe en México con las supuestas consultas que hacen”.

“Cuando los zapatistas reparten el producto del trabajo no siguen la lógica mezquina de decir ‘cada quién trabajó x, le damos x’, sino que no importa cuánto trabajó cada quien, todo se reparte por igual. Eso es superior al socialismo, que era ‘de cada quien según sus capacidades y a cada quien según su trabajo’”.

Aguirre Rojas se refirió a Los Indignados, en España, quienes desde su punto de vista tuvieron un potencial anticapitalista extraordinario, pues su discurso se basaba en “no queremos ser más mercancía en manos de banqueros y políticos”, a la vez que su organización funcionaba bajo el principio de la democracia directa y asamblearia.

“La desgracia es que fue una movilización y no un movimiento. La desgracia es que se convirtieron en una versión tibia y deslavada, absurda y ridícula, de Andrés Manuel López Obrador. No sé si le hago demasiado honor a Pablo Iglesias o demasiado honor a López Obrador, pero ellos compiten”.

Reiteró que la crisis actual abarca todas las esferas del tejido social, desde lo ecológico y lo territorial, hasta lo religioso y lo artístico, pasando por lo social, lo antropológico, lo económico, lo político, lo cultural.

Explicó en ese sentido que se le llama una crisis terminal, porque es una crisis inédita que no se había visto en 500 años, por lo que es necesario “plantearnos cómo vamos a salir si queremos que la humanidad como especie sobreviva”.

De acuerdo con los zapatistas, señaló que esta tormenta sistémica plantea nuevos desafíos a los movimientos sociales de todo el planeta y a partir de ello definir cuáles de ellos son pro o intracapitalistas al igual que todos los gobiernos de América Latina, o si son genuinamente anticapitalistas y antisistémicas.

“Los zapatistas insisten una y otra vez: las tácticas antiguas ya no funcionan, los métodos de acción han dejado de ser eficaces, las estrategias que antes fueron efectivas ya no lo son. Si no nos damos cuenta de la magnitud de esta crisis y no renovamos nuestras estrategias, modos y formas de acción, no vamos a estar a la altura del reto que nos plantean”, añadió Aguirre Rojas.

Por último, hizo mención de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y expuso que Gobierno Federal administró la información no para desresponsabilizarse del crimen de Estado, sino porque “disfrutaban y se deleitaban en el dolor de los padres buscando a sus hijos. Hay una dimensión sádica y una crueldad inaudita que la humanidad nunca había imaginado”.

Sergio Rodríguez Lazcano, por su parte, comentó que el libro Pensamiento crítico frente a la hidra capitalista incluye una reflexión colectiva realizada en el seminario con el mismo nombre que organizó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hace algunos meses.

“Este libro es una reflexión colectiva organizada, porque una reflexión colectiva que no está organizada, es como querer comerse un pastel sin hornear. La ventaja que tiene esta reflexión de los zapatistas es que no buscan poner a nadie detrás de ella; no busca ganar militantes ni simpatizantes; no busca quedar bien con alguna fuerza política de las ya existentes; y ni siquiera busca ser condescendiente con los intelectuales que participamos en el seminario semillero o con La Sexta, que es uno de los destinatarios principales”, puntualizó.

Expuso que tampoco pretende dictar recetas “de esas que sirven para arreglar todo”, por lo que no es un producto milagro ni una guía para la acción, sino “de lo que se trata es de algo mucho más ambicioso: romper la pasividad del que solamente está acostumbrado a recibir órdenes o consignas, a oír sin escuchar, a esperar pacientemente a un hombre o mujer providencial que le resuelva sus problemas”.

Indicó que el libro busca provocar el pensamiento crítico, porque en la herencia teórica de la vieja izquierda, en lugar de trabajar un pensamiento crítico, se prefiere al pensamiento débil o posmoderno, o repetir hasta empobrecer a los clásicos.

Rodríguez Lazcano manifestó en ese sentido que “no sirve de nada citar a Marx o a los teóricos del anarquismo, porque lo que estamos planteando en este libro no es solamente la idea de crear una alternativa teórica, sino una alternativa de vida. Entonces nos están proponiendo un método donde tomemos nuestro lugar en la reflexión, pero nuestro lugar organizativo, lo que provoca y alienta el pensamiento crítico”.

Por su parte, Carlos Reveles Delijorge, docente de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), expuso que el espejo de la hipocresía en que se refleja la política partidista “no es el espejo en el que nosotros nos miramos, porque no tenemos el cuello torcido para mirar arriba”.

Recordó hace algunos años, cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no hizo una “correcta” elección de su candidato para la gubernatura del estado y el aspirante que no resultó beneficiado el día anterior al destape, “en un arrebato de coraje y enojo, se puso histérico y se volvió amarillo”.

“Ahora resulta que también nos empiezan a anunciar, esos ‘morenos’ que también son priístas a fin de cuentas, que la morena anda colgada de vergüenza porque escogió a un miembro del partido de Salinas para que sea el defensor de a soberanía zacatecana”.

“Los compañeros (zapatistas) siempre nos hablan interpelando no solamente a la razón, sino interpelan también al corazón, y si hay algo que no podemos permitir que el neoliberalismo nos arrebate, es la capacidad de indignarnos y enfurecernos ante la justicia donde quiera que ésta se encuentra”, agregó.

En ese sentido, Reveles Delijorge dijo que si hay la capacidad de sentir indignación y rabia, el zapatismo tiene la propuesta de no sólo indignarse o enojarse, también es necesario resistir, ser rebelde y atreverse a decir “no”,

Además, para resistir no basta organizarse para salir a la calle en determinada fecha y gritar “nos faltan 43”, porque para los zapatistas “organizarse es un acto de vida, organizarse es vivir junto con el otro en rebeldía, en resistencia y en construcción”.

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