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lunes, 6 diciembre, 2021

Una Parábola para explicar la Reforma Energética

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Por: José Luis Pinedo Vega • Celia Torres Muhech •

Érase una vez una gran familia, que puso una gran empresa de productos alimenticios de primera necesidad, -carnes de res y puerco, pollo-. El negocio tenía, toda una cadena de producción, trabajadores, instalaciones, locales comerciales, sistema de distribución, área de contabilidad… La familia era tan grande, que, como suele suceder en algunas familias, los hermanos se desentienden del negocio y contratan un administrador para que se haga cargo del negocio. 

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Al administrador, casualmente, lo comenzaron a frecuentar un grupo de “amigos” que le invitaban a fiestas… Los amigos, entre pláticas, lo sensibilizaron de que la carne no era un buen negocio, si tenía mucha demanda, pero detrás de eso hay muchas cosas cuestionables, los animales consumen demasiado alimento, producen enromes cantidades de gases de efecto invernadero –metano y CO2-, el matarlos implica violencia y brutalidad animal y finalmente, como alimentos no son totalmente nutritivos porque inducen aumento en el colesterol, triglicéridos… y contienen toxinas…

En contraparte los amigos argumentaban que “la moda” era promover alimentos con mayor contenido protéico y que ellos eran partidarios de vender pollo y pescado, que son menos nocivos para el medio ambiente. Tienen cadenas de producción y distribución más simples y, además por lado nutricional, aportan más proteínas y contienen menos toxinas. 

El administrador, asiente que todo eso es bueno, pero les dice que por lo pronto no puede diversificar la empresa, entre otras cosas porque necesitaría consultar a los dueños de la empresa, cosa que no es nada fácil, porque son personas muy ocupadas, todos metidos en sus cosas; además implicaría contratar más personal, calificarlo… y recursos financieros, que no veía de donde podrían salir.

Los amigos del administrador, solícitamente, se ofrecen a hacerse cargo de esas otras dos cadenas de producción, asumiendo que “disque” tienen “conectes” que pueden aportar el capital necesario. ¡Ah!  ellos no están instalados en el mercado, no tienen instalaciones, no tiene medios de distribución… Pero, se les ocurre una gran idea, usar las mismas instalaciones de la compañía, los mismos distribuidores… ¡Genial idea!

Para convencer al administrador, fueron necesarias unas cuantas fiestas, unas botellas de vino, la promesa de pasarle una comisión y de hacerlo socio… ¡Que al cabo, los dueños de la compañía ni se iban a enterar! Obvio, parte del trato era que el administrador se hiciera de la vista gorda de promocionar sus productos tradicionales, pretextando cosas como que la fecha de caduosidad estaba por vencerse…

Y así fue que, casi de la nada surgió un negocio que funcionaba en paralelo. Como el mercado es uno y no son dos, los consumidores que compraban los nuevos productos, obvio, ya no compraban los productos tradicionales. Entonces la compañía comenzó a tener tantas perdidas que ya no era negocio. 

Dos, tres de los hermanos percibieron el estado de las cosas, y pidieron cuentas al administrador. Este simplemente anunció que la compañía iba a la quiebra, porque según él, ya no estaban a la moda los productos que manejaba, y por tanto aconsejaba venderla por partes. Pero uno de los hermanos dijo –Momento ¿Vamos viendo como están las cosas? ¿Porque tus amigos, quienes tienen jugosas ganancias, usan nuestras instalaciones y nuestro sistema de distribución y comercialización?  ¿Al menos pagan por eso? El administrador cínicamente no contesta. Obvio, fue obligado un cambio de administrador.

El nuevo administrador, simplemente constató los hechos y propuso a los dueños ¡cambio de reglas! 

Los socios advenedizos, se enojaron, armaron todo un escándalo, acusando a los dueños de no tener derecho a cambiar las reglas, promovieron subir a las redes sociales miles de notas haciéndose las víctimas…

¡Y ahí es donde estamos en este momento!

¿Es necesario ponerle nombre a los actores y objetos de este cuento?

Cualquier semejanza con la RE, es mera coincidencia ν

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