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jueves, 6 octubre, 2022

La Herencia

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Por: ÓSCAR GARDUÑO NÁJERA •

Se nos narra la historia de un monstruo. Al menos desde la óptica de quien juzga los hechos. En la colonia Roma. Estamos en la década de los treinta. Su nombre: Felícitas Sánchez Aguillón. Sus apodos: “la Ogresa de la colonia Roma”, “la Trituradora de angelitos”, “la Descuartizadora de la Col. Roma”, “la Espanta-cigüeñas”, y en la novela se suman, además, “la Mujer Hiena”, “la Descuartizadora de Pequeñuelos”, “Bruja”, “Destazadora de niños”, “Monstruo”.

Se entiende que estamos en otros tiempos. A Felícitas se le responsabiliza de un número indeterminado de infanticidios. Precisa ella. Justa a la hora de cometer sus crímenes. Despiadada. Uno se construye una imagen de ella luego de leer “La Herencia”. Uno se queda con los pelos de punta cuando leemos y observamos sus prácticas terroríficas lo mismo que si la pusiéramos bajo un microscopio.

Nos dice Internet “fue una asesina organizada, hedonista y sedentaria que según su profesión se considera un ‘ángel de la muerte’ (se graduó como enfermera y ejerció como partera)”. Lo mismo hacía de partera ella, Felícitas Sánchez, que practicaba en la oscuridad de la clandestinidad abortos y traficaba con infantes. En ocasiones echaba los restos de los fetos a la coladera. Bracitos. Piernitas. Imaginen ustedes el resto de la historia.

Este es el telón principal de “La Herencia” (Planeta 2021) de Verónica E. Llaca, quien además de ser periodista, dramaturga y maestra de yoga, en 2003 fue becada por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez, en Cartagena, Colombia, y su novela “La simetría de los árboles” ganó el IX Premio de Novela Negra Una Vuelta de Tuerca convocado por Conaculta, el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y el sello editorial Joaquín Mortiz.

En una primera instancia a mí me llamó la atención algo que Verónica cuenta en los agradecimientos: “durante el proceso de escritura (de “La Herencia”) tuve un desajuste químico que me llevó a un desorden de ansiedad y depresión” e inmediatamente agradece a quienes la ayudaron a salir de ese lugar oscuro. Y es que la historia de Felícitas Sánchez no es para menos y ya desde esta declaración se admira cuánto se involucro Verónica en el proceso creativo de “La Herencia”, donde si bien nos cuenta la historia de Felícitas Sánchez, no es la única historia que nos cuenta, ya que de ser así quizás el libro más que quedar en novela habría quedado como un muy buen trabajo de investigación periodística; no obstante, supongo que desde el comienzo esta no era la intención de Verónica, por lo que se da a la tarea de jugar con la realidad, de inventarse nuevos caminos y de crearles vidas a nuevos personajes.

Ya tan solo comenzar con la lectura de la novela arrancamos con un epígrafe de Charles Perrault, que en mucho nos da la idea del porqué de uno de los apodos de Felícitas Sánchez: “El pobre hombre, sabiendo que no podía burlarse de una ogresa, tomó su enorme cuchillo y subió al cuarto de la pequeña Aurora”, y es que, como se nos aclara en la novela “al punto que la región del norte de Veracruz llegó a ser conocida como “la Bella Durmiente”. Casualidad que no deja de sorprenderme: en el cuento de “La Bella Durmiente” de Perrault, se habló por primera vez de una ogresa”.

El tema de Felícitas Sánchez es tratado desde distintas perspectivas narrativas en una novela cuyas historias al final terminan por ensamblarse de manera perfecta. Para contar la historia de Felícitas Sánchez, Verónica se vale de crear a personaje (no les quiero adelantar mucho), quien a su vez escribe la historia de una mujer cuya vida es absolutamente novelable y sobre quien recae el peso del por qué del título, del por qué “la herencia”. Luego está el misterio asesinato de dos jóvenes y todas las circunstancias que se derivan de este hecho.

Así que hay que iniciar la lectura de “La Herencia” con un antecedente histórico: se escribe y se fabula desde la perspectiva de un hecho verídico. Y desde esta perspectiva se debe apreciar la propuesta narrativa de Verónica. Esta novela nos presenta un ensamblaje de voces narrativas que ocurren en distinta época y que quizás al principio desconcierten un poco al lector, sin embargo, conforme avance en la lectura verá que todas las piezas quedan en su lugar.

Narrar desde la perspectiva de un hecho histórico y de nota roja exige no sólo una destreza narrativa que sea capaz de brincar los sucesos periodísticos a los narrativos, sino también de una profunda investigación para que los hechos coincidan con lo que se sabe hasta hoy de una mujer a quien el periódico “La Prensa” describió en su momento como “parece bruja, con los ojos saltones, gorda, fea, más bien repugnante (1941).

Por otra parte, es necesario meterse en los pies de los principales actores para, desde la ficción que se crea a partir de un suceso real, imaginar cada una de las vidas de este concierto narrativo de múltiples voces. Y es mediante este recurso que Verónica consigue describir con absoluta maestría muchas de las prácticas de “la Ogresa”, desde el recurso del perspectivismo narrativo.

Sin duda “La herencia” es una buena novela que aspira a colocarse como de lo mejor dentro del género de thrillers.

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