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jueves, 28 octubre, 2021

Moloch

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

El título del artículo es evocador: “No se pueden tener jubilaciones de Primera, mientras la gran mayoría de los trabajadores no son sujetos de pensión”. Apareció en “La Jornada Zacatecas” el 16 /03/2021 con la autoría de Arturo Huerta González. Trata un tema complicado a la vez que enuncia una máxima moral: “no se deben formar grupos de privilegiados en medio de la masa de desheredados”. Indica que en la última revisión del contrato colectivo de los trabajadores de la Comisión federal de electricidad (CFE) se redujeron los requisitos para jubilarse. Al parecer, en la contratación previa los hombres debían tener 30 años de servicio y 65 años de edad, en la nueva versión se les exigen 25 años de servicio y 55 años de edad. Un logro similar se aplica a las mujeres. Todavía es secretario general del Sindicato único de trabajadores electricistas de la república mexicana (SUTERM) Víctor Fuentes del Villar, el mismo que en 2016 (La Jornada 25/02/2016) había comentado estar al 100% con la reforma energética, aunque no la conocía. También aseguró, ante los comentarios del PRD respecto al tamaño de los pasivos, que le valían madre esos adeudos. Su interés fundamental es el empleo. No la moralidad ni las máximas de conducta, sino el incremento de las prestaciones de sus agremiados sin prurito alguno respecto de los pasivos inherentes. Volvamos a Huerta González. Apunta un dato: “las jubilaciones de los trabajadores que cotizan en las Afores, a lo mucho representarán alrededor del 25% de su último salario mínimo… siempre que hayan cumplido las 1250 semanas de cotización”. Tal es la situación de la mayoría de los trabajadores en México. Surge, pues, una pregunta delicada: ¿está bien que algunos trabajadores tengan jubilaciones decorosas y otros no? Se puede argumentar, y eso se escucha muchas veces, que quienes tienen más es porque lucharon, no claudicaron ante las amenazas de los patrones. También es posible que los líderes gremiales de sindicatos muy populosos hayan llegado a acuerdos con políticos para que, una vez en el poder, el pago por el voto sea una prestación. Si ese fuese el caso ¿está mal?, ¿por qué? Aquellos teóricos del fin que justifica los medios asentirán, incluso dirán que fue muy poco por tanto apoyo. Recordemos la tesis fundamental que circula en la Universidad Autónoma de Zacatecas respecto a este tema: el cuidado de la fuente de trabajo es también responsabilidad de los agremiados al sindicato. Es decir: se debe tener interés en cómo las prestaciones afectan o no los equilibrios presupuestales. Semejante idea es una propuesta muy nueva, llegó a la Universidad Autónoma de Zacatecas en la década de los 1980 y se concretó en el contrato colectivo de los docentes en 1991, cuando se eliminó el sistema de pensiones y jubilaciones con cargo al presupuesto. O más bien, se determinó que sólo unos pocos, aquellos que por azar de la vida hayan ingresado hasta el 12 de agosto de 1991, podrían tener una jubilación con cargo al presupuesto universitario. Los demás no. Antes de ese resultado, que serviría para contener el crecimiento de los pasivos, la doctrina fundamental respecto a los adeudos por jubilaciones y pensiones era muy similar a la de Fuentes del Villar. A partir de 1991 muchos de los movimientos sindicales y las negociaciones con la rectoría pondrían el acento en ese sector privilegiado. Por ejemplo, la cláusula 41, fracción XI establece que cuando un docente llega a los 25 años de antigüedad, y no ejerce el derecho de jubilación, recibirá un 25% de incremento en su salario tabular, un monto adicional equivalente al del impuesto sobre el producto del trabajo y algunas prestaciones más. Todo esto es un estímulo para evitar el incremento de la deuda. Resulta más barato entregar a los docentes las prestaciones enumeradas que jubilarlos y contratar otro. Debería quedar claro que los beneficios enumerados no son para el personal que está en los regímenes del ISSSTE y las Afores. No obstante, algunos creen que pueden pelear por esas prestaciones. Huerta González cierra el artículo citado con la siguiente reflexión: “ninguna prestación individual o sindical, puede estar por encima d ellos propósitos nacionales, de crecimiento, empleo e igualdad”. ¿No? Él cree que si se eliminan esos pasivos laborales PEMEX podrá crecer. Si se enfoca la cuestión de las jubilaciones en la UAZ desde ese ángulo, y se recuerda que una gran componente del “problema financiero” de la institución radica en la inexistencia de fondos de pensiones, se tendrá una visión algo distinta del proceso histórico de la universidad. No fue el resultado de una pugna contra la derecha (en los 1970) ni contra el neoliberalismo (desde los 1980 hasta 2018), sino la resultante de malas decisiones financieras tomadas desde doctrinas nebulosas. ¿Cuáles doctrinas? ¿el marxismo? No, el marxismo no porque este carece de relevancia para manejar cuentas de inversiones o fondos de retiros. Más bien, de forma literal, doctrinas nebulosas cuyo paradigma son las afirmaciones de Fuentes del Villar: los activistas revolucionarios tenían en poco los equilibrios dinerarios, imaginaron inagotable el presupuesto y aceptaban sin crítica la adoración al Moloch estatal como gran salvador.

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