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jueves, 18 abril, 2024
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PRIANRD; la derecha depositaria de la ideología colonizadora

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

El 12 de octubre de 1492 arribaron a América un grupo de españoles en tres embarcaciones dirigidas por Cristóbal Colón. Europa descubrió que existía América. Para los americanos no había descubrimiento alguno. Las civilizaciones nuestras existían cientos de siglos antes de Cristo. Años después, encabezados por Hernán Cortés, llegó el ejército extranjero a invadir y someter a los pueblos de lo que hoy es parte del territorio de México. Durante 3 siglos, estas tierras y los pueblos fueron una colonia de España. La ideología colonizadora sigue invadiendo nuestra comprensión de la historia y hay muchos que creen que es una fecha digna de celebración.

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Esa misma ideología colonizadora (por ideología debemos entender la conciencia falsa o, al menos, distorsionada de la realidad) sigue presente en muchos temas de los que es depositaria la derecha corrupta de México y toda América. No debe extrañar que los partidos de la derecha actual (PRD-PAN-PRI), o voceros empresariales del neoliberalismo, sean cínicos promotores del intervencionismo extranjero. Han acudido con el Rey de España (figura imperial y colonizadora anacrónica del período feudal, digna de museo), a la ONU, a la OEA, al Parlamento Europeo o emiten manifiestos dirigidos al gobierno de EEUU. O acepten financiamiento externo con fines desestabilizadores a gobiernos que no les propician el proceso de saqueo.

Si la derecha corrupta es depositaria de la ideología de la conquista (o colonizadora), resulta normal que tenga un discurso intervencionista contra naciones no alineadas al imperio. En lugar de ver con simpatía que en América emerjan democráticamente nuevos gobiernos; la derecha da cobijo, asistencia y apoyo publicitarios a antipatriotas como el autoproclamado Juan Guaidó en Venezuela; o celebra golpes de estado violentos, o blandos, en Bolivia, Perú, Brasil, Argentina, Chile; o, exige que el Gobierno Mexicano tome partido en invasiones violentas en Ucrania o en conflictos imperiales como el de Israel-Palestina.

La conquista europea, que más bien fue una invasión violenta, contra los pueblos de América representó una oportunidad histórica para la acumulación originaria del capital en el viejo continente facilitando el despliegue del capitalismo. Esta acumulación fue acelerada por el saqueo, rapiña, contrabando, fraude y corrupción. No fue un proceso lógico de acumulación paulatina auspiciados por mecanismos de producción innovadores que aumentaran la ganancia y; paralelamente, un comercio regido por la Ley del Intercambio de Equivalentes. En esas condiciones, el proceso de desarrollo económico en América se detuvo y se sentaron las bases históricas del subdesarrollo.

En México, el neoliberalismo fue un retroceder en el curso de independencia real. Se cedió en soberanía económica, política y hasta ideológica y se reforzaron antiguos métodos de colonización, aunque transmutados y encubiertos. Los 6 gobiernos neoliberales dirigieron la estrategia neocolonizadora; involucrando a la burguesía nacional con beneficios de privatización, subsidios, exención de impuestos, rescate financiero, contratos diversos que permitieron transferir recursos públicos a los negocios privados, como sucedió con los monopolios de la comunicación. Así regresó la moderna “conquista” y recolonización de México.

De ese razonamiento, y otros, he extraído la apreciación de que la corrupción es una herramienta del neoliberalismo para succionar y transferir riqueza de las naciones subdesarrolladas a las desarrolladas. Se trata de una conducta propia de ese patrón de crecimiento que favorece a las naciones altamente industrializadas.

Para tener éxito, el neoliberalismo necesita que gobierne una clase política nacional ideológicamente subordinada al imperio económico-militar e ideológico-político. Ese propósito también ocupa un proceso de demencia histórica; esparcimiento de un sistema de comprensión falsa de la realidad, que encubra y justifique las relaciones sociales injustas, internas y externas; que retire todo instrumento que ayude a la reflexión, a la organización, a la protesta y al seguimiento de opciones de cambio nacionalistas y pugna por el bienestar social. Esas y otras tareas se encomiendan a una estructura de aparatos e instituciones responsables de la hegemonía político-ideológica, de la administración y la legalidad.

En condiciones de apremio, como sucede actualmente en México, esos aparatos e instituciones responsables de mantener, o recuperar, el estado neocolonizador se aplican a fondo; muestra la autenticidad de su papel de clase, pero también de identidad nacionalista o neoliberal. Ejemplos relevantes son los de la SCJN, los concejeros del INE, la candidata de la derecha corrupta, los empresarios que no pagan impuestos, se sienten influyentes y dueños de México, como Salinas Pliego, Gustavo de Hoyos, Claudio X. González.

En el costal caben los intelectuales que forman un todo orgánico con el neoliberalismo, como Enrique Krauze y Aguilar Camín; comunicadores alineados como Gómez Leyva, Carlos Alasraki, Loret de Mola, López Dóriga; políticos ignorantes como Marko Cortés y Jesús Sambrano; o corruptos como “Alito” Moreno y un etc. 

Socialmente son minoría, pero tienen dinero y medios para distribuir mentiras, divulgar Fake News y presentar una narrativa diferente sobre la neocolonización de México.

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