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miércoles, 28 febrero, 2024
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Editorial Gualdreño 585

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

Editorial Gualdreño 585

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Armando Palomas

“Envidio tu locura, envidio el laberinto mental en que te pierdes”, escribió Johann Wolfgang von Goethe; recordé esta frase después de ver actuar en Plaza de Armas a Armando Palomas en la concentración de motociclistas La Original el sábado pasado, no porque se pierda ni porque esté loco, sino porque me hace pensar en todos los laberintos mentales por los que ha transitado para, después de 30 años permanecer con esa energía en los escenarios, dándolo todo, regocijándose con la música y padeciéndola también, de algún modo. Armando deja un pedazo de su vida en cada presentación; para fortuna suya y nuestra, tal como cuentan las leyendas sobre los felinos, tiene más de 7 vidas… por lo menos eso parece.

Hace 26 años, mi amiga Mariana me contó emocionada que acababa de presenciar un concierto fuera de serie, me dijo que se trataba de un hombre muy joven, solitario, que prendía una veladora al inicio de sus presentaciones, que la colocaba en el piso frente al micrófono y comenzaba a cantar. ¿Qué canta? Le pregunté. Una mezcla de rock, blues y cumbias -me contestó-, en realidad eso no importa; puso en el estéreo un cassette y supe desde ese momento que Mariana tenía razón y que tenía que conocer a ese cantante. No recuerdo cómo conseguí su teléfono, pero le marqué para invitarlo a presentarse en Zacatecas, le dije que estábamos haciendo un festival cultural alternativo dentro del festival cultural y que me encantaría que viniera, que su pago sería lo que se reuniera de los boletos de entrada a su concierto. Me dijo que sí y ese abril de 1997 se presentó en una bodega de la avenida Hidalgo que habíamos acondicionado como escenario y galería al que llamamos “La Fundación”. Fue un éxito. Aún conservo con cariño el cassette cuya portada impresa en blanco y negro tenía la llama de una veladora prendida.

Después de tantos años, he visto a Armando Jiménez Veloz ser fiel a su consigna de ser un artista independiente; se ha negado de manera rotunda a ser parte del mainstream, a depender de una disquera y a que un empresario lo represente. Ha hecho y desecho a voluntad suya, pero nunca ha dejado de producir, tiene más de una treintena de discos y en 2021 publicó su primer libro de relatos Crónicas bizarras & requintos de calavera; con esta publicación inició, me parece, su crónica de una despedida anunciada, “Pero no me voy de los escenarios por el puro gusto de hacerlo, han sido mi vida entera, casi dos mil conciertos, yo sabía que un día esto tenía que suceder y el momento llegó, existen motivos y razones para no quedarme”, dijo recientemente. 

Trato de entenderlo, han sido décadas de mucho trabajo; la vida que ha llevado imbuida en la bohemia y los placeres también ha traído consigo una serie de dolores y pesadumbres, intuyo también que una dosis de soledad, de ahí que sea comprensible dejar que la “sensatez y la prudencia”  ganen por lo menos en este momento de su vida. El sábado 12 de agosto subió al escenario y lo hizo como el primer día, Armando parece no cansarse nunca: habla con su público, le canta al oído por momentos, luego lo hace gritar de júbilo y corear su letras; las consignas no faltan, la crítica tampoco… no soporta a los políticos, sobre todo a aquéllos que se aprovechan de sus puestos para mantener en la ignorancia a la gente… “Ahora resulta que a los políticos están interesados en los libros”, dijo mofándose de quienes han utilizado el tema como golpeteo politiquero.

Así es Armando, Armando Jiménez, Armando Palomas, Palomas, el músico, el compositor, el artista que interpreta sus propias rolas, el amigo; el que habla del amor, de los excesos, de la vida y la muerte, del placer y el dolor, de las noches con luna, de los burdeles, del poder de los besos, de los bares y sus pesadillas, de las cantinas y sus encuentros, de las resacas de días, de Sabina y José Alfredo, de los bolillos con crema, de la catrina y la llorona, de la gente que vive en este pedazo de realidad, de todos los señalados por ser diferentes. Es verdad que Armando se retira, pero se queda. Regresará en diciembre a Zacatecas a despedirse y será un concierto de antología.

Que disfrute su lectura.

 

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