Washington y Nueva York. Los funcionarios con los más altos cargos en seguridad nacional del gobierno de Donald Trump se sumarán al líder de la mayoría republicana de la Cámara baja este domingo para un festejo cristiano nacionalista en el centro de esta capital, cuyo propósito explícito es imponer una visión conservadora de ese credo en Estados Unidos, que se aproxima a su 250 aniversario, a pesar de la prohibición constitucional de establecer una religión oficial.
El “día nacional de oración, elogio y acción de gracias”, este domingo, tendrá como anfitrión al secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien en sus redes sociales invitó a todos a participar en el evento de siete horas.
Otros oradores serán el secretario de Estado Marco Rubio, el presidente de la Cámara de Represen-tantes Mike Johnson y una docena de pastores derechistas, entre ellos varios que han llamado a prohibir la homosexualidad y uno que calificó la plataforma del Partido Demócrata de “demoniaca”.
El acto “es sobre la historia y los fundamentos de nuestra nación, la cual fue construida sobre los valores cristianos, de la Biblia. Esto es realmente una rededicación del país a Dios”, resaltó la asesora de fe de la Casa Blanca, Paula White-Cain, a los organizadores en una reunión virtual este mes. En el programa sólo hay un no cristiano: un rabino judío ultraderechista que ha endosado el uso de tortura.
De alcohólico a líder religioso
El presidente republicano, quien recientemente provocó la ira de un amplio sector de sus simpatizantes cristianos después de difundir una imagen de sí mismo disfrazado de Jesucristo, ofrecerá un videomensaje durante el espectáculo político-religioso. Pero el líder y anfitrión es Hegseth. Después de varios años de incidentes por borracheras y aventuras extramaritales, el secretario de Guerra se adhirió a una secta cristiana ultraconservadora encabezada por un pastor que abiertamente aboga para que el derecho al voto sea exclusivo de hombres, prohibir mezquitas, la aplicación de la ley bíblica y de normas que anulen la sodomia, es decir, un fundamentalista religioso.
Antes de ser secretario de Guerra, Hegseth escribió un libro donde afirma que el Islam “no es una religión de paz” y que debe ser “expuesta, marginada y aplastada”. El ferviente defensor de Israel –como tantos cristianos derechistas en Estados Unidos– tiene un par de tatuajes en honor a las Cruzadas.
El objetivo, según White-Cain, es movilizar a las iglesias del país e imponer lo que dice son las raíces cristianas sobre el 250 aniversario de la fundación de Estados Unidos, que se festejará este verano.
El gobierno de Trump explícitamente ha identificado a los “enemigos” de Estados Unidos como agrupaciones “terroristas”, cuyos hilos comunes incluyen “una visión antiestadunidense, el anticapitalismo y lo anticristiano”, de acuerdo con una orden ejecutiva emitida en septiembre por el mandatario.
Tampoco están invitados todos los cristianos. No están incluidos los líderes religiosos de otras importantes denominaciones del país, ni de la Iglesia católica alineados con el Papa.
En su lugar, el programa incluye a pastores y predicadores “independientes”, como Jentezen Franklin, de Georgia, quien ha escrito que la homosexualidad es “una adicción diabólica”; así como un pastor afroestadunidense Lorenzo Sewell, de Detroit, que ha calificado al programa político de los demócratas como algo “demoniaco”.
El rabino solitario es Meir Soloveichik, líder de una sinagoga en la ciudad de Nueva York, quien ha dicho que algunas personas son tan malas que “merecen” ser torturadas. El televangélico hondureño de Miami, el “apóstol” Guillermo Maldonado, está en el programa junto con el pastor puertorriqueño Samuel Rodríguez, quien es jefe de la Conferencia Hispana Nacional de Liderazgo Cristiano, la cual ha apoyado a Trump en sus campañas.
Varios de esos líderes religiosos –incluidos Maldonado y Rodríguez– afirman que los cristianos tienen el deber de votar por Trump y los republicanos. No sorprende que el mitin religioso de este domingo incluya un esfuerzo para movilizar a las bases cristianas y apoyar a los republicanos en las elecciones intermedias de noviembre.
Críticos han expresado alarma por la influencia cada vez más amplia de la religión en la vida oficial del país y advierten que Estados Unidos está en peligro de convertirse en un estado fundamentalista.
“No es una celebración de los principios fundacionales de Estados Unidos, sino un acto abiertamente sectario y de exclusión a favor de los evangélicos y otros cristianos conservadores, con la participación y plena bendición del gobierno federal”, denunció Annie Laurie Gaylor, copresidenta de la Freedom from Religion Foundation, organización que aboga por la separación de la Iglesia y el Estado.
“Nuestra Constitución es sin Dios por diseño. El gobierno no tiene autoridad para organizar actos religiosos y menos usarlos con el fin de promover una agenda cristiana nacionalista”.
No se sabe si Dios bendecirá el evento ni si está invitado, no aparece en el programa.



