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lunes, 22 julio, 2024
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Coyunturas, posibilidades, decisiones

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Por: RENÉ LARA RAMOS •

Mientras el mundo se empeña en hacerse trizas, por el motivo que sea. Hasta porque la guerra aún es negocio productivo para los países desarrollados, tendencia histórica para quemar capital excedente mediante el accionar de su industria bélica, hoy de alta complejidad. En México, los enclaves recién revelados y controlados por caciques mediante negocios, legales, ilegales o criminales, muestran la incapacidad del Gobierno Federal y sus proyectos para movilizar en sentido productivo la estructura del país. No todo es hacer presentaciones magníficas para vender Pemex o atraer a explotadores rapaces al país, si en sus regiones permanecen estructuras caciquiles, algunas hasta dotadas de armamento moderno legal o ilegal, o ambas, para operar su funcionamiento o dominio. ¿Cómo pensar en ellas el desarrollo? De hecho, en distintas regiones de la patria, grupos armados, no sólo defensivos, funcionan bajo formas visibles ¿policías uniformados? o alternas de organización, ¿no uniformados?, ante una real o inventada incapacidad oficial – local, o por falta de interés y proyecto para gobernar desde abajo, con los de abajo, en beneficio de éstos y no más para bien de los de arriba, o para ambos. ¿Qué disyuntiva operante, prevalece? En este galimatías de lo local, ¿cómo es la vida de la gente ordinaria, cuyo poder no reside ni en el voto para enfrentar dicha situación?

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Tan ocupados están los estrategas neoliberales del gobierno en vender lo que queda del país y proyectar sus cadenas de gasolineras extranjeras o inmobiliarias para construir obra pública, que poco les importa el transcurso de la vida de los mexicanos en sus regiones concretas hasta cuando afloran excesos intolerables para la población y ésta, eventualmente, con base en su organización tradicional, irrumpe hasta de manera violenta para contener los excesos cometidos contra ellos y estructuras en las que sus vidas están ancladas más en la tradición que en la política, cualquier cosa signifique eso y no tanto en el derecho y la modernidad. La vida de sus habitantes oscila entre una democracia política formal y la real dominación de los grupos de poder, veces hasta paralegal, por capaz de convertir en industria la tranquilidad o la paz mediante la dosificación, tasación y control de la violencia. Cómo si no, explicar la masacre en Ayotzinapa que tal vez incluyó hasta la previa excavación de las fosas para los inminentes usuarios, por ellos mismos, sin que en el momento de su ejecución nadie enfrentara ni detuviera a los criminales. Ni las autoridades civiles, ni los policías municipales, ¿por su implicación, connivencia, incapacidad o temor? En concreciones criminales como ésta, aflora en su sentido más crudo el rostro del neoliberalismo con el que pontifica Peña Nieto, modelito apto para actuar con rapacidad y engordar las ganancias de sus ricos apoyadores en el Pacto por (expoliar a) México y a los mexicanos, todos, en su vida diaria y de la manera que sea. En general, la privatización en boga, mediante el despojo de energéticos como el petróleo, materia prima a entregar para su procesamiento a los extranjeros, controladores futuros de su beneficio posterior a la venta al público u operadores beneficiados por la recompra por parte del Estado. Esta novedad de Peña Nieto, la apertura a la privatización del petróleo mexicano es una desgracia nacional, acompañada de otra: la desterritorialización de México, mediante la cual, el suelo nacional se privatizará a la menor sospecha de poder concretar dicha explotación productiva, por parte de un sujeto nacional o extranjero, cuyos afanes se convierten en norma para despojar de su territorio a campesinos y comunidades. Pronto pasó la época dorada de Peña Nieto, cuando se esperaba en los medios, fuera otro el “Momento de México” y no el de una depredación y masacres continuadas.

Dar hoy, “luz verde” a la autonomía del IPN, precisando todas las observancias, garantías y posibilidades académicas que ello exige, sería un buen gesto de futuro en política educativa y aunque, en general, no se corrija el rumbo neoliberal, la autonomía facilitaría a esa institución educativa diseñar con mayor libertad, compromiso y pertinencia, una nueva etapa de su desarrollo al servicio del país. Peña Nieto, puede hacer eso e iniciar un reequilibrio en su gobierno con acciones contundentes a favor del desarrollo nacional, al dedicar menos tiempo y energías  a posicionar su imagen. Le vendría bien hacer cambios en su gabinete, en aras de un mejor futuro para el país, bajo el dicho: “el que tenga perros que los amarre”. ¿Puede Peña Nieto o no, acotar a su ministro ultra Videgaray? La inauguración presidencial de Peña Nieto fue una escena, difícil de repetirse. En cambio, un golpe a la arrogancia neoliberal, sin caer en el nacionalismo a ultranza, puede darse, como un “detente” político a favor de tolerar la pluralidad de opciones y aun sin virar, el modelo neoliberal se suaviza con opciones locales nuevas. ¡Hasta luego, Videgaray! ■

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