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jueves, 6 octubre, 2022
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Puros Cuentos II

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Por: Manuel Rivera •

I Suicidio inducido

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Él nació con el fin de proteger de las hordas a quienes agrupó, luego le dio hambre de poder y se alió con esos salvajes a los que antes combatía, para finalmente morir a manos de quienes debía cuidar.

Se llamaba Estado.

 

II Lo que en unos es enfermedad…

Fue un niño y un joven sano. Como adulto nunca dio indicio alguno que permitiera adivinar la terrible enfermedad que le esperaba.

Empezó perdiendo la capacidad de escuchar, continuó con un raro padecimiento que limitaba su visión a sólo aquello que le era agradable, siguió con una severa alteración en la percepción de la realidad y terminó convertido en hazmerreir al creerse ser superior.

Todo parecía inexplicable hasta que alguien observó que los síntomas iniciaron con su asunción al trono, por lo que muy pronto la preocupación dio paso a las loas.

 

III Péguenle, que no hace nada

Había que convocar a más marchas, protestas, condenas y nuevas exigencias. El gran movimiento por la resurrección era necesario. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

Al fin y al cabo el movimiento sería contra el raquítico Estado, que si era incapaz hasta de defenderse a sí mismo, menos actuaría contra quienes quizá fueron sus socios y ahora parecían sus patrones.

Luego de un tiempo nadie quedó con vida para demandar el retorno de los muertos.

 

IV Los extremos se tocan

Hace muchos, muchos años, había iniciado como El Día del Gobernante, celebración, a juicio de los celebrados, más que merecida. Después de todo, ¿quiénes con más merecimientos que aquellos que accedían atender el llamado del pueblo para escuchar aplausos por repartir a éste su propio dinero y brindarle esperanzas?

Sin embargo no faltaron los inconformes que empezaron a denostar acremente ese acto de bondad republicana, dando con ello pie a que se incrementara el presupuesto para éste y continuara más fuerte que nunca.

Con el tiempo fue cambiado su nombre por el de El Día del Simulador, fecha en la que unos continuaron elogiando su propia grandeza, otros deseando eternamente que las fantasías escuchadas dejaran de serlo y cada uno riéndose al final del otro.

V A ‘boletinazo’ puro

Tristes, las mentiras velaban a la mentira desaparecida.

Tantas veces habían confluido que una de ellas había acabado convertida en verdad.

Y de inmediato emitieron un boletín de prensa para señalar que se había tratado de un suicidio.

 

VI Mudables

Cuando los señores del poder efímero se preguntaron si habían cambiado más de ropa interior que de partido, concluyeron que eran unos sucios.

Tiempo después de esa reunión su ropa interior acabó siendo reconocida por su lealtad para mantenerse firme sobre aquello que se le había encomendado.

 

VII La aritmética del cambio

Pocos le daban más importancia que aquella que merecía su aportación cuantificadora. Nunca o muy raramente se le atribuía influencia alguna en el cambio social.

Pero un día la gente contó hasta 43 y al mismo tiempo entendió lo que era el cero a la izquierda.

A partir de ese momento la aritmética demostró su poder para restar confianza, multiplicar conflictos, dividir esfuerzos y sumar desesperanzas. ■

 

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