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lunes, 26 septiembre, 2022
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Cuidar la salud mental: clave para la prevención del suicidio

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Por: CATALINA MONREAL PÉREZ •

El próximo 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El suicidio es una enfermedad mental que ataca sobre todo a jóvenes y adolescentes. Es uno de los muchos fenómenos invisibilizados socialmente. Esto porque tendemos a no considerar a la salud mental como problema que deba atenderse con medidas clínicas y sociales. Hablar del suicidio se vuelve un tabú y su frecuencia se niega. Esto es evidencia de que nos falta mucho por normalizar la atención mental, psicológica y psiquiátrica. Este rezago por lo tanto termina por desembocar en una crisis de suicidios en nuestro país.

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Según el INEGI, en 2020 se contabilizaron siete mil 896 suicidios. De estos, dos mil 293 correspondían a personas de 20 a 29 años de edad y mil 260, a personas de 10 y 19 años. Esto representa casi la mitad de los suicidios de 2020, por lo que especialistas alertan que este es un fenómeno más común entre jóvenes y adolescentes. Incluso se tiene que el suicidio es la cuarta causa de muerte en jóvenes y que, si no se realizan estrategias de prevención, para 2029 se convertirá en la segunda causa de mortalidad en jóvenes. Esto claramente es un pronóstico inaceptable y que debería llamarnos a la acción urgente.

Hay igualmente un elemento de género en esta crisis: los intentos suicidas de las mujeres tienden a ser menos letales que los de hombres. De hecho, para los hombres, en el 81.6 por ciento de los intentos, el suicidio es efectivo. La forma de intentar el suicidio también refleja esta carga de género, ya que los hombres tienden a utilizar métodos como el ahorcamiento, el uso de arma, y el lanzamiento al vacío. En las mujeres el método más utilizado es el abuso de fármacos y/o medicamentos. Nombrar los métodos es importante porque una de las estrategias ante la ideación suicida, el momento previo en que las personas piensan en cometer suicidio, es retirar los posibles métodos del entorno de la persona.

Una de las hipótesis relativas a esta diferenciación entre mujeres y hombres, tiene que ver con las relaciones sociales de cada sexo. Se ha detectado que la falta de una red de apoyo es un factor de riesgo para el suicidio. En 50 por ciento de la población con intentos de suicidio se presentaron causas como trastornos psicóticos, ataque de pánico, ruptura de la pareja, la muerte de un ser querido, una enfermedad crónica terminal o la pérdida de estatus económico o del empleo durante la pandemia de la Covid-19. 

Así, la persistencia de masculinidades tóxicas que aíslan a los hombres les impide hablar de sus sentimientos y buscar ayuda, contribuye a que este fenómeno sea más frecuente en ellos. Igualmente destaco los intentos de suicidio como consecuencia ante la frustración y miedo de enfrentar una enfermedad crónica. Esto revela los vacíos en la atención integral de las enfermedades, pues la parte emocional y mental de cualquier enfermedad crónica es un componente vital en su tratamiento.

Para el círculo social, y para las propias personas con estos factores de riesgo, es importante estar pendiente de ciertos focos rojos que pueden desembocar en un episodio suicida. Algunos de estos son trastornos del sueño, la pérdida del apetito, de la libido, crisis de ansiedad o alteración del estado de conciencia. Si bien, presentar alguno de estos estados no implica que la persona está «al borde del suicidio», sí implica que se requiere de una intervención médica. Las intervenciones tempranas nos ayudan mucho a nunca llegar a un estado de crisis. 

La prevención del suicidio está atada a las medidas de cuidado de la salud mental.  De acuerdo a especialistas entre el 70 y 90 por ciento de los suicidios se asocia con depresión. A la complejidad de su atención se tiene que la depresión rara vez se presenta sola y generalmente está caracterizada por comorbilidades, es decir, otras enfermedades que se padecen en paralelo, y por lo tanto deben tratarse ambas enfermedades. 

Una de las iniciativas más visibles y comunes de parte del gobierno ha sido la existencia de líneas de apoyo, como las llamadas «líneas de vida». Aunque otras líneas como las de violencia de género pueden canalizar a apoyo psicológico, mental y psiquiátrico. También es importante saber que las crisis suicidas se consideran emergencias médicas, y por lo tanto se puede acudir al servicio de urgencias de los Hospitales psiquiátricos en nuestro país. 

Quizás el primer paso es empezar a hablar del tema. Está bien no estar bien. Tenemos que empezar a visibilizar todos los temas de salud mental, psicológica y psiquiátrica para vencer el tabú y los estereotipos dañinos que impiden la atención pronta y efectiva de estas enfermedades. Hacerlo es construir una sociedad más sana en todos los sentidos.

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