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miércoles, 17 julio, 2024
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La identidad perdida de la oposición; el engendro maligno PRIANRDísta

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

La derrota del neoliberalismo mexicano dio sus primeros pasos en el momento en que ese patrón de crecimiento económico (al que le corresponde todo un ropaje de instituciones, administración, Estado de Derecho, ideológico, cultural y político) se empezó a trasplantar en 1982 con Miguel de la Madrid, justo por su contenido económico y social, pues rompió con el “desarrollismo”, modelo económico caracterizado por una economía mixta en la que convivían la empresa privada y la estatal, ésta última enfocada a la protección de ramas fundamentales para el desarrollo, estabilidad económica y el bienestar social. Empresas paraestatales que luego fueron privatizándose.

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Durante la actual sucesión presidencial electoralmente se enfrentaron esos dos modelos de sociedad. Hemos podido constatar, en carne propia y por una clara conciencia social, la diferencia entre uno y otro. Además, en un período histórico en que la abundancia de información que propicia el internet ha permitido amortiguar el bombardeo propagandístico de los monopolios de la comunicación claramente alineados al modelo neoliberal. Fechas atrás he desglosado parte de lo dicho en estos dos párrafos.

Hasta ahora, todo indica que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) pasa a formar parte de la historia. Su origen se remonta al Partido Comunista Mexicano fundado en 1919. Viviendo entre el registro y la clandestinidad desaparece en 1981 al usar su registro para dar paso al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), al que se adhirieron varias corrientes políticas de la izquierda. Se hizo lo mismo al crearse una nueva fusión de organizaciones y partidos políticos y nace el Partido Mexicano Socialista (PMS) y en 1988 se integra en el Frente Democrático Nacional, que tuvo como candidato presidencial a Cuauhtémoc Cárdenas, que luego dio origen al Partido de la Revolución Democrática.

El derrumbe del PRDísmo se acelera rápidamente al término de la sucesión presidencial del 2012, cuando los jerarcas de la corriente política dominante de los llamados “chuchos” da un brusco y torpe giro político al aceptar la invitación del presidente Enrique Peña Nieto a construir una alianza operativamente política que denominaron “El Pacto por México”. 

Según la narrativa, ese pacto era una graciosa invitación de Peña Nieto, al PAN y al PRD a cogobernar junto con el PRI, a crear un “gobierno de coalición”. Se sintieron parte del gobierno, actuaron como tales y desecharon su vocación opositora. Realmente los tres partidos ya eran uña y mugre (el PRIANRD), aunque en las traslúcidas apariencias seguían siendo tres partidos diferentes que aprobaron todas, y con rapidez, las llamadas “reformas estructurales” que, a ciencia cierta, constituyen la máxima ofensa a la soberanía nacional, al bienestar social y; por sus implicaciones autoritarias y represivas, la profundización de las consecuencias neoliberales.

Fue una artera traición de la dirigencia PRDísta a la militancia, a los documentos básicos, a la tradición e historia de toda la riqueza cultural y política acumulada de la izquierda nacional y al pueblo de México. El Partido de la Revolución Democrática, ya no era partido sino un apéndice del gobierno del PRI; ya no era democrático, ahora cargaba con las prácticas fraudulentas contra las que ha luchado el pueblo; al interior también se acabó la democracia y la dirigencia decidía todo. El patriota y legendario partido “del sol azteca” ya había perdido su vocación revolucionaria; ahora era reaccionario, retrógrada, conservador, corrupto. Un partido satélite de un gobierno derechista y represor, sin debate interno y alejado de toda base social.

Con la llegada de la 4T al Gobierno Federal, los tres partidos del neoliberalismo (PRI-PAN-PRD) pasaron a depender orgánica, política e ideológicamente de un segmento empresarial conservador, con ligas y financiamiento de sectores empresariales neocolonizadores e intervencionistas y de grupo de la derecha internacional. En ese contexto, el PRD ya no tenía motivo de existencia. Ni pensamiento y práctica de izquierda y tampoco hacía aporte alguno a la derecha. Ya estaba de sobra.

El PAN, por su parte, fue fundado en 1939 y financiado por los grandes empresarios nacionales y extranjeros de su época. Ideológicamente absorbe algunos conceptos de la religión católica. Son admiradores de Iturbide, de la colonización, del autoritarismo y la dictadura española de Francisco Franco. Los gobiernos de Vicente Fox y posteriormente Calderón fueron muy congruentes con la idea de gobierno que ese partido sugiere, prefirieron las empresas extranjeras por sobre las mexicanas y aplicaron medidas represivas a los sectores que estallaron en inconformidad por las políticas de saqueo nacional y el empobrecimiento. 

Los oligarcas neoliberales impusieron a la candidata panista, partido que más se ajusta a su proyecto nacional. Sin ser políticos definieron la estrategia, de tipo empresarial, basada en la mentira y el engaño. El PRI y el PRD con personalidad empanizada se concretaron a obedecer, perdiendo identidad e independencia. Eso se constató en las urnas.

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