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jueves, 8 diciembre, 2022
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Mujeres, el desafío

Alba de Papel

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Por: ALMA RITA DIAZ CONTRERAS •

La reflexión es necesaria como acto de recuperación y conciliación a través de la palabra, ya que tiene como finalidad, lograr una organización inminente y secuenciada, frente a un tiempo caótico y doliente, que profundamente nos vulnera, pero que también nos da la clave para alcanzar la transformación que anhelamos.

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Las vías de lucha por la reivindicación, justicia e igualdad, navegan en aguas procelosas que nos confunden e intimidan en algunos momentos; quizá no tanto ya, por la mano poderosa y lapidaria del hombre, sino por la falta de educación y valor que nos libere de las cárceles que mentalmente hemos elegido para liberarnos de la ignorancia y el miedo, porque no siempre sabemos de nuestra fuerza de voluntad y de nuestras cualidades creativas para salir adelante, o porque el miedo y la angustia, nos paralizan una y otra vez.

Históricamente, el debate por dar sentido a la proverbial lucha por los derechos humanos, sociales, culturales y económicos, ha sido de inquebrantable fe en la arenga parlamentaria y social, en la política y en las calles donde las mujeres se han manifestado, desde aquel mitin de trabajadoras textiles que se pronunciaron en el espacio público en 1857, bajo el lema de “Pan y rosas”; que a pesar de haber tenido consecuencias trágicas, se convirtió en una proclama universal que ha sido la inspiración para  llamar  a la unidad femenina.

Desde 1975, cada ocho de marzo, este llamado resume el desesperado grito de ofensiva para pedir igualdad y justicia,  equidad y paz,  por todos aquellos  reclamos pendientes, que no se han resuelto en temas de educación, salarios, equidad, violencia, criminalidad y justicia social, élites a donde muy pocas mujeres han logrado incursionar, y  algunas de ellas, evidencian ligaduras machistas y narcisistas que las separan del resto, un mujerío que espera una vertiente que lo contenga y lo guíe, con una visión del presente y del futuro, que le aporte nuevos significados a sus integrantes sobre las razones de porqué luchar.

En esta línea, muchas situaciones y aristas nos separan a las mujeres, que sólo conseguimos unirnos cuando transitamos por la pérdida y el dolor, por el hambre y la violencia, por el desamparo y el desamor, y muy pocas veces nos conectamos por el simple hecho de reconocernos como distintas en oficio, profesión, estatus social, cultural y económico, lo que disminuye significativamente, la fuerza que debiera mantenernos firmes ante el colapso y el sufrimiento social.

En el devenir del tiempo, la dimensión de la mujer, complementaria pero distinta a la del hombre, se caracteriza por el poder creativo para transformar la realidad, con una fortaleza indestructible para sobreponerse a las dificultades; asimismo, cada mujer posee valores invaluables como templanza, compasión, nobleza, honor, rectitud y justicia, que la cualifican con una dignidad extraordinaria.

Quizá igual que para los hombres, la visión del tiempo actual, para las mujeres es tiempo de crisis, tanto por su confirmación personal como sujeto social, por su identidad cultural y relacional, sus valores, su educación y su capacidad adquisitiva, pero justo entonces, este también es tiempo de pertinencia y oportunidad, donde las mujeres estamos  obligadas a recuperar nuestra conciencia de sí mismas, nuestra fuerza de voluntad,  de reconocimiento por los demás y de la importancia de la colectividad como fuente de conflicto y de resolución.

La dimensión de lo femenino, siempre controversial y complejo, constituye un universo de posibilidades a la creatividad y a la vida misma, Elena Garro escribió en 1953 “Los recuerdos del porvenir”, una de las mejores novelas revolucionarias, impregnada de realismo mágico, que, publicada en 1963 presenta a Julia Andrade, protagonista de la primera parte del libro, y a Isabel Moncada, protagonista de la segunda parte, como mujeres artífices de la libertad y el autodescubrimiento, por encima del desamor y el abandono.

Más tarde, en “Arráncame la vida”, libro de Ángeles Mastretta, publicado en 1985, Catalina Asencio, es la encarnación de una tímida joven, enamorada e idealista, que se casa con el general Andrés Asencio, a quien logra sobrevivir con audacia y valor, gracias a la conciencia que va cobrando de sí misma y a su comprensión de la maraña del poder, donde va perdiendo su candidez para empoderarse como una mujer sin miedo y dispuesta a enfrentar los retos de su vida.

Se dice que al umbral femenino lo caracteriza la ferocidad, y que la encarnamos bastante bien, a través de la riqueza (cuando se tiene), de la pobreza (el común denominador que nos sujeta), y que este sentimiento regresivo, está ligado a una probable histeria que generalmente nos desborda; que nos pasa igual a todas, y que en el plano de lo inconsciente, nos liga a una especie de santidad que nos encumbra. En este supuesto, que la humildad y la conciencia, sea el continente que nos contenga a todas y nos impulse a crear nuevas formas de relación social.

Con reconocimiento a las mujeres que son amas de casa, empleadas domésticas, vendedoras, taxistas, oficinistas, artistas, promotoras, profesoras, profesionistas, funcionarias, universitarias y todo lo demás que haya omitido. Mucha fortaleza.

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