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lunes, 3 octubre, 2022
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El mando único: problemas y alternativas

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Por: MARCO ANTONIO TORRES INGUANZO • Admin •

Ayer tuvimos otro evento lamentable en el Cereso de Cieneguillas, y cada semana nos damos cuenta de eventos de este tipo, pero fuera de las cárceles, en plana plaza púbica. Igualmente es lamentable que el candidato del PRI refuerce su mensaje en torno al avance en seguridad en el estado de Zacatecas en su toma de posesión, endurecido por las expresiones altivas y llenas de mensajes ocres del señor Beltrones. Los ciudadanos informados sólo levantamos los hombros mientras nos cae una convicción a la cabeza: signos de continuidad. Mala cosa para el estado. Y sobre el mismo tópico está la iniciativa del Ejecutivo Federal en la discusión en diversos espacios del Congreso de la Unión  para intentar convertir en Ley la iniciativa del Mando Policial Único. Pongamos una lupa al tema.

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Es cierto que las policías municipales, ahora mismo, son motivo de alarma y fuente de problemas de seguridad, en lugar de ser un factor de solución. Desde hace 15 años se convirtieron en semillero de reclutamiento de las bandas del crimen organizado, y en instancias de clave para controlar los territorios de los gobiernos locales por estos mismos grupos criminales. Ahora, incluso, no sólo exigen controlar la policía sino la obra pública. Es decir, escalaron sus acciones para apoderarse de la renta pública. Con los datos de descomposición de las policías municipales (que son muy abundantes) pareciera que la medida del señor Peña es acertada: desaparecerlas como tales y anexar a todo el sistema estatal a un solo mando centralizado. ¿Significa que quitarán al municipio unas de sus funciones constitucionales (la seguridad)? Junto a esta pregunta queremos hacer dos consideraciones: (una) cuando incluyeron al ejército  funciones policiales fue justo con los mismos argumentos con los que sostienen la iniciativa del mando único, y aquella estrategia no ha funcionado; (dos) “seguridad” tiene diversos significados, no sólo “policía militarizada”; en la propia ley (artículos 115 y 21 constitucionales) se aclara que los municipios harán una seguridad-preventiva. Por tanto, en el diagnóstico deben contemplar que primero pervirtieron las funciones de la idea de seguridad-preventiva que es propio y particular de los municipios al crear policías militarizadas, y después fueron este tipo de policías las que entraron en crisis con la incursión de los cárteles en el control de los territorios. Y después de que se echaron a perder, ahora la ‘solución’ que exponen es centralizar el mismo modelo. ¿Será la solución al problema? No lo creo. Diré por qué.

Si la propuesta del mando único elimina las funciones de gestionar la seguridad por parte de los municipios, y la solución es un cambio en el modelo particular de la seguridad municipal, estarán taponeando o eliminando la posible solución verdadera al problema. Porque me parece que un mejor camino es repensar o reformar (pero no eliminar) todo el modelo de seguridad en los gobiernos locales. Y justo debe ir por la ruta de la seguridad ciudadanizada y soportada en una estrategia de prevención del delito. Todo lo contrario de tener Robocops municipales. El municipio no puede (ni debe) tener cuerpos de seguridad que se enfrenten al crimen organizado. Su misión es muy otra: construir tejido que elimine el vacío social (que es donde anida el crimen), operar las redes ciudadanas de auto-vigilancia, monitoreo de zonas vulnerables, y reconstruir la confianza con esquemas de proximidad. Es enorme el aporte que pueden hacer los gobiernos locales en el tema de la seguridad, pero su misión y esquema de acción debe ser muy distinto al de policías estatales y la federal. En suma, debemos empezar por ubicar con precisión cuáles son las funciones particulares en la gestión de la seguridad del municipio, y sus diferencias con los otros niveles de gobierno. Y lo que hace el mando único es lo contrario: uniformiza el mismo esquema para todos los niveles a partir de su centralización de mando.

La mejor solución, ahora mismo, la veo en tres pasos: (1) eliminar el actual modelo de las policías municipales y crear un esquema de policía ciudadanizada, de proximidad y enlazarla con un programa de prevención del delito. (2) Que para el caso de persecución de delitos y en particular de las intervenciones contra los grupos del crimen, tomen el control de los territorios la policía estatal y federal. Y (3) fortalecer la autonomía de los órganos locales encargados de sus estrategias para fomentar la seguridad ciudadanizada.

Es probable que los foros que han iniciado sirvan de muy poco, si la iniciativa ya la tienen pactada y asegurada con la mayoría legislativa. Harán lo mismo que en las reformas anteriores: hacen foros, los ignoran y terminan votando la propuesta original del Ejecutivo. La recentralización del poder en que se enmarca la propuesta del mando único, es un mal presagio para otras funciones de los gobiernos locales: el agua potable, manejo de residuos o gestión urbana. Las capacidades institucionales de los municipios están débiles, y eso puede ser motivo para argumentar la necesidad de eliminarle más competencias. ■

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