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sábado, 1 octubre, 2022
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Y cuando despertaron, El Peje sigue ahí

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

La semana pasada llegó el cuarto informe (oficial) de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, y con él, las mediciones abandonan las expectativas y se centran en la aprobación (o no) de lo ya hecho porque el reloj de arena tiene ya más de ésta en el fondo, que en las alturas. 

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Para quien realice el balance con base en la opinión publicada, la cosa no podría ser más compleja. Se está frente al presidente más neoliberal que ha habido, pero también frente el que ha convertido a México en Venezuela del Norte. 

Es el que espanta la inversión nacional y extranjera, pero desayuna tamales de chipilín con empresarios trasnacionales, y nombra consejeros a los nacionales. 

Es el que hace enojar al vecino del norte y nos tiene siempre al borde de la guerra, mientras “enchaira” al embajador y casi lo recluta. 

Es el que reparte abrazos y no balazos, mientras militariza al país. 

Y con todo ello, y para sorpresa más de extraños que de propios, el presidente conserva una aprobación de 61 por ciento, y siete de cada 10 de quienes le votaron, volverían a hacerlo nuevamente, de acuerdo a la encuesta de Reforma. 

Le cuesta entenderlo a quienes se sienten aludidos cada vez que se habla de “fifís”; a los empresarios clasemedieros que amenazaron con dejar el país si es que AMLO ganaba, o a los personajes clasistas estilo Laura Zapata. Ninguno de ellos logra comprender que con sus lamentaciones, marchas y acampadas, le hacen la mejor publicidad al presidente frente a ese público mayoritario cuya existencia olvidan, porque les hacen sentir, que ahí donde ellos ven desgracia, sus choferes y secretarias ven la justicia social que sintetizaba la frase “por el bien de todos, primero los pobres”. 

Les es difícil también entender el motivo de la simpatía, a los altos funcionarios que no acaban de digerir el cambio cultural que significó convertir en políticamente incorrecto las prestaciones exorbitantes que antes parecían normales y merecidas, como los seguros médicos privados, o los conceptos de dispendio como las muy conocidas “herramientas legislativas”.

Algunos de los que resisten a ello, como algunos consejeros del Instituto Nacional Electoral, no hacen más que darle legitimidad al discurso presidencial cuando se conoce que en sus prestaciones se incluye hasta “dote matrimonial”. 

Es un fenómeno digno de analizar que la popularidad del presidente lograra sortear el estado de terror que suscitó la pandemia, la paralización inédita de la economía mundial, y la consecuente superinflación global, con evidentes repercusiones en los bolsillos mexicanos.

Aunque las cifras oficiales son optimistas, y pareciera que una parte del país puede coincidir con ellas, en otra parte del país, y notoriamente en Zacatecas queda la sensación de que la seguridad sigue siendo la gran materia pendiente. No obstante, aún en ella, de acuerdo a la encuesta publicada por Reforma el miércoles pasado, más del 30% de los entrevistados considera que López Obrador ha sido el presidente más eficiente en el combate a la delincuencia organizada, número que adquiere otra dimensión cuando se ve que duplica a los que mencionan a Felipe Calderón, quien tiene 15%, y mucho mayor al que cita a Enrique Peña Nieto, que es apenas un 7%, según comentó Roberto Zamarripa, director editorial de ese diario, en el podcast disponible en https://open.spotify.com/episode/0z0jB4GlmmUwOmZY8shbYA?si=bd1f7b87a0f342e1 

Frente a todo ello, se acerca el final del sexenio, y la disyuntiva parece ser entre permanecer a la izquierda tanto como se está hasta ahora (poco o mucho, según el ángulo desde el que se le vea), o correrse un paso al centro, con un perfil que le resulte más grato a quienes ahora se encuentran por decirlo suave, incómodos. 

Pese a todas las contradicciones, los asegunes y las posibles deudas, no hay mucho que ofrecer en el otro lado: no se ve proyecto que cohesione, liderazgo que encante, o partido que alcance. 

Parece sólo quedar la comedia. La propia encuesta de Reforma señala al actor Eugenio Derbez como el personaje con mayor simpatía entre los opositores; tiene un 19%, suficiente para superar a Margarita Zavala, Ricardo Anaya, y hasta a Beatriz Paredes. Duplica incluso a Lili Tellez. 

Puede que funcione, ya se les puede imaginar en la búsqueda del cambio al grito de “fue horrible, fue horrible”. 

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