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domingo, 14 agosto, 2022
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■ Libreta de Reportero

Más lectura cuando niños, menos violencia en adultos

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Por: Antonio Salas •

Dicen que un niño que agarra un instrumento musical nunca agarrará un arma, pero ¿qué pasa con los niños que leen un libro? Quizá el efecto pudiera ser similar.

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Ha concluido el ciclo escolar y con eso, una vez más los niños se alejan del material escolar. La justificación es que están de vacaciones, la realidad es que el interés por la lectura en ellos y por formar hijos lectores es nula en nuestro país.

Desde hace décadas, Zacatecas se ha destacado por la implementación de programas vacacionales que se desarrollen en entornos controlados como las bibliotecas públicas.

Sin embargo, la realidad es que, para muchas madres y padres de familia no es más que una modalidad más de guardería con el plus que reciben a niños de todas las edades.

A corto plazo, el niño convive con otros como él, aprende actividades que en la escuela comúnmente no se hacen y asiste a un espacio al que generalmente no va.

Hago aquí un paréntesis para reconocer con tristeza que mientras las bibliotecas zacatecanas cuentan con algunos de los mejores acervos hemerográficos que hay en el país, estos no son visitados ni regular, ni escasamente por los mismos periodistas.

Lo mismo pasa con los estudiantes, ni siquiera vale la pena hacer un análisis matemático para saber que el porcentaje de alumnos regulares de la educación básica que acuden a la biblioteca a consultar cualquiera de sus modalidades de fuentes informativas, llegaría al 5 por ciento.

Esfuerzos se hacen. Basta mencionar la labor del originario de la zona de los Cañones, que luego de formarse en Texas ha destinado cada hora y día de su vida a mejorar la calidad de lectores que hay en nuestra entidad, me refiero a Simitrio Quezada Martínez.

Sí, ese que lo vemos un día en Tik Tok y otro en Facebook, lo mismo por el material que él mismo produce, como por las fotografías, videos o textos que de él abundan en las Redes Sociales.

Un día lo vemos de traje, bien peinado, lentes bien acomodados y rostro sereno en una reunión de gobierno, como también es posible topárselo en la plaza pública, en calcetines, playera de algodón y pantalón de vestir, brincando o actuando en medio de un grupo de niños.

Lamentablemente ese grupo es menor, reducido. Él tiene la fe y la confianza, como quienes observamos su trabajo, que en cada uno de esos niños se siembre una semilla que al tiempo dé como fruto una mujer y un hombre de bien, que sepan guiar y conducir una buena familia.

Misma situación con los jóvenes que ahora acuden a sus charlas de apreciación e iniciación literaria, que en ocasiones podrían alcanzarnos los dedos de las dos manos y nos sobrarían para ejemplificar el número de asistentes.

¡No, eso no debería de ser así! Hoy que nos da por calificar y cuantificar todo, volver dato cualquier valor y ponerle ceros y unos a los resultados para luego compararlos, nos daríamos cuenta que han sido más los niños que han perdido la vida como víctimas colaterales de la violencia en los últimos años, que los que acuden a esas reuniones.

En su texto “Violencia y Problemas de Lectura”, Vicente Martins, profesor de Lingüística de la Universidad Vale do Acaraú, en Brasil, escribió que los niños con dificultades para leer bien, casi siempre son estudiantes aislados, que buscan superar sus limitaciones lingüísticas con comportamientos más agresivos, rebeldes y violentos.

Pero no sólo eso, también afirma que hay una relación estrecha entre lectura y pensamiento, lectura y actitud, y más estrecha aún entre rechazo y personas con deficiencia en lectura.

Las investigaciones recientes en Psicopedagogía, señalan cierto grado de cercanía entre problemas de lectura y delincuencia juvenil. Es decir que el comportamiento del delincuente, en el medio escolar, en general está asociado con alguna dificultad de aprendizaje.

Así, los bajos rendimientos escolares reflejan las limitaciones cognitivas y lingüísticas de personas con deficiencia en lectura, y la destreza en el deporte o en el arte, muchas veces pueden revelar un sentimiento de rebeldía, que es posible perdure en la fase adulta.

Ya en algún momento platicaba en este mismo espacio como el amor filiar evita el reconocimiento de las primeras señales de comportamientos que pudieran detonar en algún miembro del núcleo familiar, acciones que en determinado plazo desencadenen comportamientos asociales.

¿A cuántos padres o madres de familia ha escuchado a usted reconocer que su hija o hijo escriben mal, leen mal o tienen faltas de ortografía? ¿A cuántos de ellos mismos ha visto quejarse porque la maestra pide que fuera de la escuela lean por lo menos 20 minutos?

¿A cuántos más ha visto dedicar un tiempo a llevar a sus hijos a la biblioteca, hemeroteca, videoteca, ludoteca, audioteca o cualquier sala de lectura para volver eso un hábito y una sana costumbre? ¡Estoy seguro que en la respuesta hay un contraste muy marcado.

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en su estudio “La ortografía de los estudiantes de educación básica en México”, realizado en 2008, hace 14 años, detectó la frecuencia y errores cometidos por los estudiantes mexicanos.

Por ejemplo, que los alumnos de tercero de primaria cometen 31 errores por cada cien palabras que escriben y los de sexto poco más de 18 y, los de tercero de secundaria, poco más de 13.

Además, que las escuelas rurales públicas cometen significativamente más errores ortográficos comparados con las otras modalidades, seguidos por los alumnos de Educación indígena y los de escuelas urbanas públicas, quienes cometen una cantidad equivalente de errores.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en su Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2022, del 22 de abril de este año, indicó que en el último año el promedio de libros leídos por la población fue de 3.9. Este es el dato más alto registrado desde 2016.

El 71.8% de la población alfabeta de 18 y más años declaró, dice el INEGI, leer alguno de los materiales considerados por el Módulo sobre Lectura (MOLEC): libros, revistas, periódicos, historietas y páginas de Internet, foros o blogs.

Por eso, creo que el trabajo del Maestro Simitrio además de ser reconocido, como lo hago en estas letras, debería de ser replicado y apoyado. No sólo por la autoridad que hace ya lo propio, sino por los padres de familia y todos los sectores de la población, a fin de que cada semilla que siembre, no sólo germine y muera, sino que rinda frutos a largo plazo. Hacer en cada lector un ciudadano de bien.

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