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lunes, 15 agosto, 2022
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Mujeres, igualdad y equidad

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Por: CITLALY AGUILAR SÁNCHEZ • Admin •

Inercia

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Se acerca el festejo internacional del Día de la Mujer, y como cada año, diversas instituciones celebran con actividades que hacen alusión a la equidad de género. La Semujer, por ejemplo, convocó a un concurso de carteles, cuyo tema central fuera la igualdad entre hombres y mujeres… Sin embargo, los pósters ganadores centraban la atención, sutilmente, sobre las féminas y cómo no son consideradas por los hombres como seres iguales.

En realidad, aún hay una necesidad de mostrar a la mujer como víctima ¿Y cómo no hacerlo en una sociedad donde los feminicidios encabezan los titulares de las noticias diarias? Cierto es que, en el mundo, la mujer sigue padeciendo los estragos de la misoginia. Sin embargo, también es necesario cesar la violencia  autoinfligida, y para eso, el primer paso es reconocerla.

 

Comparaciones de género

La historia demuestra que, la relación hombre-mujer privilegió al primero en muchos sentidos, principalmente en el aspecto político. No obstante, en efecto colateral, la mujer obtenía beneficios de esto. Es decir, mientras las decisiones sociales dependían de los hombres, las mujeres podían darse cierto lujo de que, cuando algo fallara en el ámbito político, ellas no tenían responsabilidad alguna.

Muchos sitúan la primera guerra mundial como un cambio de paradigma en cuanto a los roles de género, pues es a partir de ésta que, una gran cantidad de mujeres quedan viudas y por esta causa, se ven en la forzosa necesidad de trabajar en campos que se creían exclusivos de hombres e incluso de cambiar su vestimenta (vestidos y corsés por pantalones y sostenes); ante esta situación, la mujer hizo conciencia de una necesidad de derechos laborales y políticos.

Y es que hablar de igualdad y equidad se ha hecho un lugar común; se dice mucho al respecto, pero hay poco contenido. Decir que hombres y mujeres somos iguales remite a pensarnos como seres humanos que, ante los ojos de una deidad o de la ley, tenemos la misma dignidad, porque la igualdad remite a una significación ética. Pero la equidad es algo más complejo, pues ésta debe ser planteada en el terreno político, es decir, en el reconocimiento de que, hombres y mujeres tenemos diferencias, principalmente físicas, que nos imposibilitan para tener las mismas cargas laborales o deberes.

Es un terreno en el que, a las mujeres, pocas veces se nos facilita admitir diferencias, porque milenariamente se ha tratado de luchar por la igualdad. Reconocernos como seres que, en ciertas circunstancias, como durante el embarazo por ejemplo, tenemos menores capacidades físicas, es una imposibilidad; equivale a bajar la guardia y lucir débiles.

La teoría feminista, en general, se edifica sobre la lucha por demostrar que no hay tal “debilidad”. Peggy Kamuf, Patricia Meyer Spacks y Elaine Showalter, entre otras, centran sus postulados en una idea comparativa entre hombre y mujer. Incluso, se propone anular al hombre para validar a la mujer. En este sentido, el feminismo es como un machismo, es decir, es una perspectiva extremista en la que no se busca igualdad sino primacía. Así, las primeras en desequilibrar la balanza de la justicia de género somos las mujeres.

 

Violencia femenina

Es innegable que en la actualidad hay una cultura, aunque sutil, misógina. Es perceptible en los hombres cuando se expresan terriblemente de las mujeres al volante, las hormonas, de las locas en el ámbito sentimental y sexual y otros tantos ejemplos.

Sin embargo, también el propio género femenino es misógino; nos demostramos un odio constante que es visible cuando criticamos a otra por su forma de ser, de vestir o de relacionarse con los hombres; tenemos adjetivos muy lastimeros para calificarnos entre nosotras cuando alguna hace alguna actividad moralmente mal vista. Pero no sólo somos crueles con las demás…

En la actualidad hay una violencia a la que poco interés se le ha puesto, y es aquella en la que, la mujer se descalifica a sí misma, se autoconsidera insuficiente para lograr algo en lo académico, en lo laboral e incluso en las relaciones interpersonales. Hay un porcentaje muy alto de féminas que, aun con éxito en varios campos profesionales, su mayor logro es llegar al matrimonio. Y  no es que sea una meta que no tenga valor, por supuesto que lo tiene, sin embargo, hay quienes lo consideran como el único logro importante, restando importancia a lo demás.

El matrimonio aún es un objetivo que, para la mujer contemporánea, tiene un peso fundamental; pareciera que esta actividad validara mucho más que un estatus social, sino existencial. Y de ahí se deriva que, haya muchas que se involucran en relaciones destructivas, pues más allá de buscar una pareja, se busca tener a alguien con quien cubrir un requisito social. Ése es un tipo de violencia que poco interés presenta para los estudios de género. No obstante, es una traba que existe en nuestra sociedad, pues conlleva la malinterpretación de la idea de pareja, y fomenta el odio entre géneros. Se habla mucho de la violencia del hombre hacia la mujer ¿Pero cuándo hablaremos de la violencia de la mujer hacia sí misma? ¿Cuándo empezaremos a responsabilizarnos de eso? ■

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