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martes, 31 enero, 2023
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Entre la virulencia “monrealista” y la apariencia “conciliadora”

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

La lucha de clases no es una ideología, un principio, valor moral u ocurrencia de la izquierda marxista. Ni siquiera fue descubierta por Marx. La lucha de clases es una realidad. Nació con las clases. Es económica, política e ideológica. La forma más simplificada se expresa entre ricos y pobres. En la era en que aún sobrevive el neoliberalismo es más sofisticada, también es entre las desiguales oportunidades de los capitales y, de estos, con los extranjeros, entre el pueblo y la clase política, etc.

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“Está claro que en todas las formas en las que el trabajador directo sigue siendo ‘poseedor’ de los medios de producción necesarios para la producción de sus propios medios de subsistencia, y sus condiciones de trabajo, la relación de propiedad debe manifestarse al mismo tiempo como relación directa de dominación y servidumbre, con lo que el productor directo aparece como carente de libertad. Con arreglo a nuestro supuesto, en este caso el productor directo se encuentra en posesión de sus propios medios de producción, de las condiciones objetivas de trabajo necesarias para llevar a cabo su trabajo y para la producción de sus medios de subsistencia. En estas condiciones, solo es posible arrancarles el plustrabajo para el terrateniente nominal mediante una coerción extraeconómica” (MARX, Karl, El capital, Siglo XXI, México, 2005, p. 1005). Como el espacio apremia, brinquemos algunos eslabones.

La Cuarta Transformación no es simple alternancia electoral de partido con el mismo proyecto de nación. La 4T es una transformación pluriclasista que arrebata, por la vía democrática, la conducción nacional a la cúspide económica de México, a una oligarquía que tejió lazos con la gran empresa transnacional y se benefició de esa relación de subordinación, mientras el resto de las clases (incluyendo la burguesa) se veían seriamente lastimadas. No es casual que el empresario Claudio X. González y Gustavo de Hoyos sean los reales dirigentes de los actuales opositores.

Esa oligarquía creó una clase política corrupta, parasitaria, antinacionalista y sólo preocupada por asegurar el bienestar de la cúspide empresarial neoliberal y la propia. Se trata de una clase política conservadora, que encubre y justifica el modelo social que implementaban. Hoy culpan a la 4T de los males que ellos tuvieron de sobra. Dice el presidente: “tienen como ideología la hipocresía”. 

Cierto, el presidente López Obrador no es un “mesías”. Ese es un invento de los hoy opositores, se burlan de la mayoría de los mexicanos que tenemos motivos para coincidir con él. AMLO es un gran líder social, de carne y hueso, supo percibir las grandes tareas nacionales. A partir de su señalamiento de la corrupción, y su lucha de primero los pobres, recorrió muchas veces el país, gestó un movimiento nacional que, a su vez, lo creó como líder indiscutible.

El Movimiento Regeneración Nacional (no me refiero al partido MORENA) se ha convertido en el medio que sostiene, apoya y empuja al nuevo régimen político nacional. Es un movimiento que surgió y continúa en los cimientos de la sociedad mexicana. La unidad se da en un ambiente reconciliatorio, pluriclasista, de nacionalismo, de nuevos métodos de la democracia y lucha por el bienestar social.

No resulta difícil entender quién se siente agraviada con el movimiento social nacional: la gran empresa neocolonialista de EEUU, Canadá y España que, como Iberdrola, acumularon riquezas a costa de México. También un puñado de mexicanos que, aliados con las transnacionales, hicieron negocios; empresas que recibieron recursos públicos, monopolios de la comunicación; también están agraviados los empresarios que no pagaban impuestos, políticos corruptos, instituciones como el INE y los dedicados a las actividades ilícitas.

A nadie debe extrañar que la sucesión presidencial cobre elevada importancia en esa lucha de clases. Es real. No es imaginario. También debe advertirse que, así como hay genuinos aspirantes de los dos proyectos de nación, es normal que brote el oportunismo y la ambición personal. Esto sucede al senador Ricardo Monreal. 

El zacatecano enarbola una demanda de la cúspide más reaccionaria y retrógrada de la burguesía transnacional, de los corruptos y de los traficantes de influencia: “la reconciliación”. Es su derecho cambiar de bando. A lo que no tiene derecho es a usurpar una representación que le dio un partido que rema en sentido contrario ni a meternos en el saco de la “reconciliación” a todo un movimiento de reconciliación nacional que hemos sido agraviados por los que ahora representa abiertamente.

No es revolucionario, no es de izquierda, quien deforma la comprensión de la realidad con el propósito de adaptarse a las circunstancias ya creadas por la derecha corrupta de nuestro país. Independientemente de la connotación que tengan de lo que es de izquierda, entenderán que no lo es quien no aspira a transformar nuestra realidad y que promueve el retroceso.

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