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jueves, 3 abril, 2025
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Los trece helios bajo el cráter

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Por: DANIEL SIBAJA* •

La Gualdra 624 / 13 Aniversario Gualdreño

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Habíamos creído que el Sol no tendría más fuerza, que nuestra locura podía cocinarse entre las seis o las siete de la tarde, cuando leíamos otro libro de ciencia ficción, con un extraño lenguaje barroco en inglés. Justo a esa hora pensaría en las palabras, los trece presagios que fueron desordenando la mitad de las pastillas mordidas y cada borrador y picacho cerca del cielo, donde la cometa que fui diseñando en mi mente, despacio, con todos sus detalles negativos, fue apareciendo y me haría observar que el Segundo piso de mi casa estaba a punto de incendiarse.

Llegaría la hora, mucho antes del 31 de mayo y el 2 de julio. En mi plan siempre estuvo el despegue, rellenar los agujeros de la península bajo sus cráteres y aguas subterráneas no sería una tarea fácil. Hacer de nosotros un adorno flotante lleno de helio, tampoco. Éramos sensibles a los comentarios de los demás, pero la estrategia siempre fue la misma.

Estuvo predicho: «Mi habitación se debería convertir en un globo aerostático…».

Imagínalo: …Con una línea brillante de color amarillo, una delgada capa de luz solar: …Piensa que todas esas noches fue posible haber soñado: …Mi habitación que estuvo elevándose con naturalidad por la Emérita, como un aerostato de gas en el Campo Marte de París.

El lunes tuvimos que ponerle parches a las llantas de la moto porque el calor había expandido un clavo entre su hule. Fue martes cuando el refrigerador se averió y despertamos deprimidos pues algunos adolescentes habían suplantado nuestra identidad. Correríamos un maratón a más de 38 grados, pero el miércoles dolería más caer al suelo y así sentir una explosión en la llanta trasera de la moto, semejante a nuestro cerebro cada vez más hinchado, y el jueves conocimos la hipocresía en un anuncio de trabajo que nos redujo entre los hilos agitados del capullo donde dormíamos. Pero el peor desenlace ocurrió el viernes, cuando el gobernador de la península casi pierde el ojo, y por casualidad, me dieron la noticia: uno de nuestros cristalinos seguía creciendo.

Apenas un débil resplandor en el cielo. Nuestro Segundo piso se había comenzado a marchar, se iba inflando, las paredes iban soltándose, una hinchazón tras otra, el cuarto donde estaba subía un poco más y más arriba y ahí yacía nuestra habitación, entre los edificios.

—¿Y cómo te sentiste? —la voz del doctor resuena alrededor del caserón y comienza a tomar apuntes—. ¿El sitio era real? —le pregunta— ¿O el calor te había hecho ver esas imágenes contigo? ¿Lograbas verte? ¿Mirar el Sol y por un momento sentirte bien?

Un trazo amarillo de helio recorre la memoria de Janssen, todavía. La ciudad era el punto más diminuto sobre la Tierra.

—Pues claro. En este infierno encontré lo que quería. Allá arriba. Un hermoso lugar, al aire libre.

 

 

* (Mérida, Yucatán, 1997). Es licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Egresó del área de Letras del Centro de Educación Artística “Ermilo Abreu Gómez”. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos. Obtuvo el Premio de Cuento Breve de la 6° Feria Nacional del Libro INBA-CEDART 2015 y el Premio Estatal de Cuento Corto Tiempos de Escritura 2020. Fue becario del PECDA Jóvenes Creadores en la categoría de Cuento (2017) y del Festival Cultural Interfaz (2018). Forma parte del Centro de Experimentación. Es autor de Montejo Boulevard (La Comuna Girondo, 2019; Edición digital, 2020) y Opiniones públicas (Sangre ediciones, 2021).

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/lagualdra624

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