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martes, 23 abril, 2024
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La burbuja de la Deuda y el sistema financiero mundial

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Por: José Luis Pinedo Vega •

Se dice que la deuda es motor del crecimiento económico. Pero desde los años 80’ la tasa de crecimiento de la deuda mundial ha sido del orden del doble de la tasa de crecimiento económico, lo que indica que las cosas son al revés. En los hechos, la economía mundial ha inflado dos burbujas -la de la deuda y la del sistema financiero mundial– y ese es el origen de problemas de orden global ¡Veamos! 

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A mediados del 2023 la deuda mundial ascendía a 307 billones de dólares (307 más 12 ceros), de los cuales 119 billones corresponden a deuda pública. La deuda se puede dividir en tres partes: la deuda pública, la contraída por los gobiernos, la deuda de los sector empresarial y financiero y la deuda doméstica. La deuda pública representa el 38.7% de la deuda mundial, la deuda de los sector empresarial y financiero 38.1%; y la deuda doméstica 22.6%. 

La deuda ha penetrado en la medula del mundo moderno. Todos debemos: deben nuestros gobiernos, el sector empresarial, e infinidad de consumidores. Y de esta manera, el primer mundo vive más allá de la capacidad real de compra. Pero no ocurre lo mismo en los países pobres, donde se multiplican problemas de todo tipo – crisis alimentaria y sanitaria, hacinamiento, violencia…- que el primer mundo ignora desde su esfera de confort, pero que son la fuente de las olas de emigración, que perturban al primer mundo y que les debería interesar resolver.

Desde los años 80’s la deuda mundial, ha aumentado en forma continua a razón de 4.3 billones de dólares por años (4 con 12 ceros). La deuda recae principalmente en países desarrollados. Los países más endeudados del mundo, en orden, son: Estados Unidos, que detenta 31 billones de dólares de deuda (10% de la deuda mundial), Japón, Reino Unido y Francia, Alemania, Canadá, España, Italia Suiza, China, Australia, Singapur, Bélgica, Noruega, Austria Corea del Sur, India, Finlandia, Brasil, Países Bajos, Grecia, Dinamarca y México. 

El 30% de la deuda publico la tienen países pobres y en vías de desarrollo. Numéricamente este porcentaje no parce mucho, pero el peso de esa deuda es enorme, considerando que esos países –incluido México y Brasil, y excluyendo a China – generan tan solo el 16% del PIB mundial, y en ellos vive el 68% de la población mundial (5430 millones de habitantes). 

Las agencias calificadoras de la deuda – Moody’s, Standard & Poor’s y Fitchs- solo señalan a los países pobres con incapacidad de pago, la realidad es que, si los países ricos siguen incrementando su deuda, en los hechos es porque tampoco tienen capacidad de pago, por la misma razón: la deuda aumenta en mayor proporción que el crecimiento económico. Eso hace que la economía mundial esté al borde de la recesión. Pero para disfrazar y sofocar esa situación se ha recurrido al incremento de la deuda, lo que no es otra cosa que crear dinero a partir de la nada y hacer vivir la economía mundial en forma artificial. 

Así, por ejemplo, para resolver la crisis financiera del 2008, la Reserva Federal de Estados Unidos entre 2008 y 2011, creó 2 700 miles de millones de dólares (2.7 billones). Para dar una idea de la magnitud de esta cantidad, entre el 1913 -fecha en que se fundó- y el 2007, la Reserva Federal de Estados Unidos creó 600 miles de millones de dólares (0.6 billones). Esto significa que en cuatro años la reserva federal creó cuatro veces más dólares que en ochenta años de existencia. 

Algunos economistas han alertado en forma reiterada, que la economía mundial vive en forma artificial. En el 2008 Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía (2001) explicaba que “para restaurar el crecimiento económico se han implementado transfusiones cada vez más abundantes de dinero, sin localizar la hemorragia”. En el 2010 Pierre Larouturou, politólogo francés, resumió “ …la economía mundial es como un automóvil que todavía rueda, pero que para eso necesita pararse cada 300 metros para reponerle el aceite…”

Evidentemente gran parte de las transfusiones de dinero dispuestas para relanzar la economía mundial ha ido a parar a la esfera financiera. De ahí que, a pesar de las incesantes crisis financieras y de que la economía mundial está al borde de la recesión, el número de multimillonarios no deja de aumentar. Lo más grave es que la deuda se ha convertido en una burbuja de dimensiones estratosféricas que puede estallar en cualquier momento con consecuencias impredecibles. Esto se ha llamado la Teoría del Big One. Para algunos economistas lo que falta determinar el momento en que estalle y donde será el epicentro.

En el 2023 la deuda mundial ascendió a 307 billones de dólares, y el PIB mundial ascendió a 104 billones. La deuda representa un 295% del PIB mundial. Por un porcentaje mucho menor estalló la crisis financiera del 1929, llamada la gran depresión. En lo que va del siglo, las crisis se han controlado: jugando con instrumentos financieros – bonos del tesoro, inflación, gasto público, privatizaciones…- y con estrategias geopolíticas. Entre otras cosas, la prolongación artificial de la guerra en Ucrania ha permitido esconder el riesgo de recesión, no sin evitar una inflación galopante. 

Lo que es un hecho es, que existe un gran riesgo de que la burbuja de la deuda explote. Si lo hace, como ha sucedido en otras crisis, habrá la quiebra de infinidad de bancos, con ellas se volatilizarán los ahorros de millones de personas e inversionistas, cerraran miles de empresas, el desempleo se generalizaría, con ello caerá la capacidad de compra de todo y la economía entrara en caos. Ante eso no hay defensa. Por eso mejor vivir sin deuda, o tener suficiencia para pagarla. 

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