■ Kayumanggi Philippine Performing Arts tuvo participación en el 18 Festival del Folclor
■ “En el lugar en que nos encontremos nos vamos a sentir filipinos”: Sheila Bughao
Influenciada por las culturas hindú, malaya, árabe, china, japonesa, estadunidense pero también española, por haber sido parte Filipinas de los territorios del imperio que en el siglo 16 se constituyó en el más expansivo de la orbe, la herencia histórica de este archipiélago del sudeste asiático ofrece exotismo pero coincide con Zacatecas en el catolicismo y rasgos arquitectónicos, también en la iniciativa migrante de sus poblaciones.
Diferentes pero no ajenos, zacatecanos y filipinos comparten algunas características que tienen como oportunidad de encuentro el 18 Festival del Folclor Internacional mediante la participación en el mismo del grupo Kayumanggi Philippine Performing Arts, su directora Sheila Bughao, es parte de una gran comunidad de filipinos radicados en Winnipeg en la provincia de Minitoba en Canadá, en entrevista ofrece la visión de los jóvenes filipinos sobre las herencias de su pasado.
Filipinas comparte con México una historia de 300 años de sujeción al imperio español. En 1521 el explorador portugués Fernando de Magallanes reclamó ese archipiélago para España. Ese mismo año caía Tenochtitlán bajo el mismo dominio y empezaba en nuestras tierras el periodo colonial.
También de aquel episodio puede citarse otro dato que cruza las historias de México y Filipinas y ofrece una lectura de cercanía con los zacatecanos derivada de aquel primer ejercicio de globalización colonialista que se dio entre los siglos 16 a 19.
El nombre Filipinas hace alusión al Rey Felipe segundo, mismo monarca que otorgara el título de La Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas a la capital del estado por sus contribuciones argentíferas. Un dato más de entre muchos que pueden rescatarse como raíces comunes.
Así filipinos y zacatecanos son sí diferentes pero no tan ajenos. Las huellas de la influencia hispánica en Filipinas siguen marcando su presente, poco más de 80 por ciento de la población profesa la religión católica y su arquitectura cívica y eclesiástica es muy similar a la zacatecana, comenta Bughao.
Otro rasgo paralelo puede encontrarse en sus iniciativas migratorias, 12 millones de filipinos habitan el archipiélago pero 11 millones más conforman comunidades de este origen en el mundo.
Para los filipinos uno de los destinos asiduos en su búsqueda de mejoría en la calidad de vida es Canadá. La madre de Sheila Bughao viajó desde el sudeste asiático hacia América del Norte en busca de trabajo.
Sheila nació en Filipinas y llegó a Canadá a los 12 años, actualmente es secretaria en un hospital. En Winnipeg, capital de la provincia de Manitoba se asienta un gran número de filipinos, por ello es importante para esta comunidad preservar sus raíces, comenta.
Los 25 integrantes de Kayumanggi Philippine Performing Arts son voluntarios y estudian o trabajan en diferentes niveles escolares y actividades, sus edades oscilan entre los 11 y los 25 años de edad. La agrupación tiene una antigüedad de 30 años pero quienes hoy la conforman apenas tienen cinco dentro de la misma. Sheila Bughao la dirige desde 2009.
Filipinas ha sido influenciada, amén de diversas ocupaciones territoriales militares, migraciones e intercambios comerciales por hindúes, chinos, malayos, musulmanes, españoles, japoneses y estadunidenses, entre otros.
“Para ser honestos nuestra generación no ve el pasado negativamente (…) mediante éste se abrió la oportunidad de un mejor futuro. No importa si fuimos colonizados por españoles o japoneses. Nosotros siempre buscaremos el lado positivo”, afirma la joven de 31 años.
Sobre sí misma comenta que en su línea familiar no existen japoneses o chinos como ocurre con otros filipinos, sino hispanos. Una de sus abuelas llevaba por nombre Dolorosa.
“Sólo los más viejos en Filipinas hablan español”, dice. Otro rasgo que persiste de aquel pasado en que el archipiélago conformaba parte del territorio de Nueva España son los nombres y apellidos como García, Hernández o De la Cruz, por citar algunos como ejemplo.
Filipinas se independizó de España en 1898 para pasar luego al dominio de los Estados Unidos hasta 1946 en que se separa de este país. Antes, durante la Segunda Guerra Mundial se dio la invasión de los japoneses a su territorio.
Con nombres hispanos y religión católica, ahora los filipinos hablan en su mayoría inglés. Sheila apunta: “en el lugar en que nos encontremos y teniendo el lenguaje que tengamos nos vamos a sentir filipinos”, así es como ocurre con su comunidad en Canadá.
Las danzas que conforman el espectáculo coreográfico de Kayumanggi Philippine Performing Arts le fueron transmitidas a Sheila en Winnipeg por los mayores, representan el interés de los padres de esta generación de preservar sus múltiples y variadas raíces, la mayoría refieren a un ámbito de ruralidad y fueron recuperados de diferentes regiones del archipiélago filipino.
En Zacatecas han presentado Muslim, bailes derivados de la influencia Indo-Malaya y árabe. De entre ellos Singkil es la recreación de una historia desarrollada entre una princesa y un príncipe en que se utilizan bambúes como parte de un juego de destreza y coordinación entre los bailarines.
Otros aspectos presentados son los rituales para asegurar, se creía, el éxito en las sin duda, numerosas batallas libradas por los guerreros filipinos, pero también algunas coreografías que involucran sus costumbres matrimoniales como Salip.
La última de estas danzas citada como “rural” y en la que aparecen las bailarinas con faldas de amplios vuelos, puede semejar a quien observa un lenguaje corporal que remite al baile de “la jota” española, la música algo nos recuerda de los sones del sureste mexicano interpretados en un ritmo de tres cuartos.
Sheila Bughao destaca que hoy pueden encontrarse filipinos en cualquier lugar del mundo. En algún momento de la conversación asiente al referirse que Canadá puede ser para los filipinos lo mismo que los Estados Unidos para los mexicanos.
Los jóvenes dice, refiriéndose a los que pertenecen a su comunidad, “no piensan demasiado en el pasado”, lo dice sin resentimiento, como un hecho que sintetiza su adaptación a cualquier lugar, sin embargo, como expresó “en el lugar en que nos encontremos y teniendo el lenguaje que tengamos nos vamos a sentir filipinos”. Un comentario que centra la atención en el actual episodio histórico de esta nueva globalización.



