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lunes, 20 mayo, 2024
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Nuestro propio síndrome de Estocolmo

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Por: P. Aurelio Ponce Esparza • Admin • admin-zenda •

Es bien sabido que por síndrome de Estocolmo se entiende el estado psicológico de una víctima que desarrolla ciertos sentimientos de empatía y dependencia hacia su victimario. El concepto me vino a la mente cuando al pasear por el centro comercial Galerías observé unos gigantescos adornos en figuras como de huevo, al principio no entendí el motivo, pero luego caí en la cuenta de que se trataba de los famosos “huevos de Pascua”. Costumbre arraigada en muchos países de Europa, en Estados Unidos y desde hace algún tiempo en algunos Estados del norte de nuestro País, comprensible sobre todo por la vecindad y cotidiano intercambio.

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La relación de México con Estados Unidos es polivalente y trágicamente paradójica, no resulta sencillo describirla en unas pocas líneas. Es el País de las oportunidades, muchos las han encontrado y aprovechado, es recurrente el tema de la “fuga de cerebros”, por ejemplo; es también el País del racismo y la desigualdad, sobre todo por el tema de la discriminación, que ha vuelto a ocupar los reflectores de la opinión pública sobre todo a causa de la campaña del aspirante republicano a la Casa Blanca, Donald Trump; es  el País hostil hacia los miles y miles de mexicanos que día con día intentan cruzar la frontera de manera irregular, a muchos de ellos les ha costado la vida; es el país que cada día deporta mexicanos provocando una terrible y dolorosa desintegración familiar.

Zacatecas de un modo especial es un Estado cuya relación con el vecino país del norte es muy peculiar y sin duda que todos conocemos situaciones en relación con las características arriba descritas: algunas historias de éxito, pero miles y miles de discriminación, abuso, violencia, deportaciones y muerte. Y sin embargo, a pesar de todo esto, seguimos intentando reproducir el estilo de vida americano, el mismo centro comercial ya mencionado es copia fiel de los miles y miles que existen en aquella Nación, y ahora los huevos de Pascua buscan introducir entre nosotros  tradiciones que muy poco o nada tienen que ver con nuestras circunstancias y muy particulares tradiciones de Semana Santa y Pascua. Por eso considero que hemos desarrollado nuestro propio síndrome de Estocolmo al querer imitar el estilo de vida del país que de múltiples formas nos oprime, pues violenta y asesina a nuestros paisanos.

El significado de los huevos de Pascua no es en sí mismo negativo, todo lo contrario, significan la fecundidad, la vida en gestación y el hecho de esconderlos para luego buscarlos conlleva la alegría que se produce cuando se encuentran. Los conceptos de fecundidad, vida y alegría son fácilmente compatibles con el significado cristiano de la Pascua, sin embargo no es ese el punto que quiero resaltar ahora.

Hoy en día resulta prácticamente imposible evitar el intercambio entre los países: económico, político y cultural, es eso que llamamos globalización, fenómeno con muchos elementos positivos y por eso mismo benéfico, pero no podemos cerrar los ojos ante un rostro también negativo de este movimiento global. El intercambio cultural trae consigo muchas cosas positivas y en un Estado binacional como el nuestro es evidente dicho intercambio, sin embargo se hace necesario un ejercicio de discernimiento con el fin de elegir aquello que de verdad contribuye a mejorar y acrecentar positivamente las múltiples riquezas que como Estado poseemos.

Considero que criterios de mercadotecnia encaminados a  acrecentar ganancias económicas no son suficientes para intentar introducir extraños estilos de vida que muy poco tienen que ver con nosotros. Se hace necesario un reforzamiento de nuestra identidad como pueblo, revalorar nuestra propia historia, tradiciones y riqueza cultural. Estar abiertos a todo lo bueno que podamos aprender de los demás países y no sólo de Estados Unidos. Reforzar nuestra identidad no significa fomentar un falso nacionalismo, sino reconocer todo lo bueno que tenemos para luego evaluar si aquello positivo y constructivo  de los demás países puede contribuir a acrecentar y enriquecer nuestras tradiciones y nuestra cultura. ■

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