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martes, 30 noviembre, 2021

La Utopía en el Hogar (49): Poniendo la basura en su lugar…

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Por: Jorge Humberto De Haro Duarte •

Después de un año de haberse dado el toque de alerta para iniciar las acciones preventivas para contrarrestar los efectos letales del bicho asesino y a cuarenta y nueve semanotas de haberse declarado oficialmente la suspensión de actividades colectivas y las clases presenciales y los espectáculos públicos y de la invitación al confinamiento; se han tenido que reforzar las medidas sanitarias en todos los lugares a donde acude la gente a ejercer sus actividades comerciales, a hacer sus compras, a realizar actividades bancarias, o a ejecutar tareas de cualquier tipo. Lo que ocurrió fue la aplicación de un orden nuevo que incluye una serie de reglas nuevas que hay que ir acatando por voluntad y a la larga hasta por la fuerza dadas las características destructivas de la contingencia.

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Esta columna se ha dado a la tarea de sugerir algunas acciones que conduzcan a el hallazgo de soluciones prácticas que permitan a las micro y macro sociedades salir airosos en su desempeño ante las demandas de este futuro que llegó antes de tiempo, aparentemente. Lo peor del caso es que encuentra una sociedad debilitada por sus malos hábitos. En todo. Ni para qué volver a invertir cientos de palabras para reiterar todo lo que se hace mal para la satisfacción de necesidades primarias: hidratación, comida, cobijo, vivienda y la convivencia afectiva. A estos agregue los requiebros para complementar con lo superfluo necesario y el cultivo del egoísmo como carta mayor en la refriega necesaria para descollar en la búsqueda de los míticos quince minutos de fama.

El hábito del sobreconsumo generalizado para la satisfacción de todo tipo de necesidades ha creado un monstruo incontrolable que cada día invade espacios que antes eran limpios y la donde biodiversidad se reproducía con alegría cumpliendo con los designios de la evolución, por la invasión cancerosa de la anti estrella de hoy: la basura. En las ciudades son temidos los cinturones de basura aún mas que los de miseria. Son espantosas las estadísticas sobre la producción per cápita de residuos de todo tipo que son simplemente desechados como si cualquier cosa.

No se entiende como las casas en los enclaves citadinos arrojan a la calle cantidades indescriptibles de residuos de todo tipo, de la manera más impune y desentendiéndose desde esos momentos de sus desperdicios. A partir de ahí, todo lo que no recoja el servicio de limpia queda a la deriva invadiendo todos los espacios y propiciando incomodidades de todo tipo junto al inminente peligro de la insalubridad.

A nadie parece importarle, pero es urgente que todas las instancias, partiendo de la del hogar adopten alguno de los incontables métodos para el manejo integral de residuos. Todos los niveles de gobierno, la sociedad y las empresas e instituciones mantienen esa misma postura, generan residuos en cantidades que rápidamente superan la capacidad de los confinamientos que, en su mayoría, son auténticos tiraderos a cielo abierto que no ofrecen ninguna seguridad en el comportamiento de los mismos. Hay muchos eventos históricos que narran accidentes por el manejo inadecuado de los mismos. A la larga, que es ya, se ha perdido hasta el mínimo control de esta invasiva calamidad.

La responsabilidad es universal y afecta principalmente a los asentamientos urbanos, así que no estaría mal que las autoridades tomaran la responsabilidad que les exige este problema y se pusieran a preparar un grupo de trabajadores con habilidades científicas, que puedan agarrar este toro por los cuernos y de una vez por todas aporten cierta certidumbre sobre la manera de establecer un sistema de manejo integral de residuos de todo tipo, con la consigna de divulgarlo y transformarlo en una práctica social que deje en el olvido las formas anòmalas de vivir, mientras que se reconstruye un entorno ambiental limpio que se disfrute en la realidad, en una sociedad consciente y educada y no quede como una simple payasada esa afirmación de las leyes ambientales que dice que “todos los individuos tienen derecho a un ambiente sano…” y se esté viviendo el principio de un futuro promisorio en que el concepto de “basura” sea tan solo un mal recuerdo.

¿Usted tiene una buena solución?

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