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sábado, 1 octubre, 2022
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Un país pendiente

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Por: Carlos E. Torres Muñoz • Admin •

(Parte I)

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Marzo es un mes de recuerdo y compromiso para quiénes, de alguna forma, nos sentimos ligados a una de las figuras que más sentimientos de esperanza en deuda nos despierta en el México contemporáneo: Luis Donaldo Colosio Murrieta. El 6 de marzo se conmemora el discurso que, a manera de analogía histórica simplista, es nuestro “I have a dream” mexicano.

A partir de ese discurso en el que el entonces candidato del Partido Revolucionario Institucional hizo el dibujo más acabado de lo que sería su planteamiento a la nación, el país se encontró con el mensaje que esperaba, de una voz que quizá ya no lo esperaban.

Colosio, habrá que recordarlo, tuvo un arranque de campaña accidentado, curiosamente, a pesar de ser el hombre que encabezaba las simpatías sociales, por un año que comenzó tan mal como terminó: 1994. Aquél año que Carlos Fuentes denominó: el año que vivimos en peligro. Que arrancó con el levantamiento en Chiapas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y terminó con el desastrosamente recordado error de diciembre.

Sin embargo, aquel discurso tuvo un efecto fortalecedor. Abrió un nuevo camino para reconocer en Colosio a un hombre con natural liderazgo y capacidad de comunicación colectiva, junto a contenido sustancial en sus palabras, que recorrieron las demandas de la sociedad, las deudas del sistema para con la historia y los compromisos olvidados, pero ineludibles de una revolución que se agotaba por su vejez, pero no por el cumplimiento de sus objetivos.

Ahí renació una campaña a la que, sin saberlo (salvo unos cuantos, aún inciertos), le restaban apenas menos de tres semanas.

Pero no es en la muerte en lo que reparo a unos días de la celebración de este discurso, sino en el contenido del mismo:

¿Alguien, hoy, ha dejado de ver a un México con hambre y sed de justicia? Sí alguien responde que sí, discúlpeme, es usted un cínico.

¿Está superado el México de los agravios? La voz de Colosio, aún nos dice, pendiente y presente: Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

La respuesta, que pudiera parecernos sencilla, es más compleja, merece más detenimiento y mayor responsabilidad, como actores políticos, y como ciudadanos a la hora de tomar decisiones respecto a nuestro futuro, individual y colectivo. Ante ello surge como preocupación vigente:

“¡México no quiere aventuras políticas! ¡México no quiere saltos al vacío! ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces. ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!”

Es importante retornar a esas ideas en estas fechas. La aventura política, el retroceso a las experiencias fallidas y el constante asecho de la demagogia, aparecen en cada rincón del país, como respuesta fácil para suplir los pendientes de la democracia electoral (no sustancial), a la que hemos arribado hace algunos años, advertirlo es una tarea que no puede dejarse por el costo que ésta represente.

¿No sigue siendo necesario en esta actualidad nuestra reformar el poder, hacer ajustes a nuestra arquitectura institucional, integrar nuevas dinámicas de relación institucional y ciudadana?

Aquel discurso proponía una reforma al poder, cuya base era esta frase: “Proponemos la reforma del poder para que exista una nueva relación entre el ciudadano y el Estado.”

¿Hay conformidad con la democracia, y su expresión instrumental, la forma de hacer política, en este México de 2016? Colosio expresaba: Debemos admitir que hoy necesitamos transformar la política para cumplirle a los mexicanos.

Frente a los procesos electorales, que se avecinan y los que aún estarán por venir ¿Qué debemos prevenir? La vergüenza de victorias que nos lleven a experiencias decepcionantes como la de Colima este año o como la de 2006. En 1994, expresaba este Luis Donaldo: Nuestras elecciones – y lo digo con pleno convencimiento – no tendrán vergüenzas qué ocultar.

Finalmente, ¿acaso no tenemos aún pendiente ganar en esta declaración de guerra?: “¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad!”

Ahí está, para los propios y los extraños, una lista de pendientes bien definidos, descritos con la esperanza y el compromiso de un hombre al que no le quedó más que volverse referente de la esperanza que aún tenemos enfrente, de un país que aún tenemos pendiente. ■

 

@CarlosETorres_

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