Los municipios ante la pandemia: la gestión organizacional en espera

Los municipios ante la pandemia: la gestión organizacional en espera

La autoridad más próxima a los ciudadanos es la municipal. Sus funciones esenciales están relacionadas con las condiciones de convivencia y de habitabilidad: la recolección de basura, alumbrado público o el suministro de agua potable o la convivencia pacífica en las zonas habitacionales, corresponden a las condiciones de la habitabilidad de las familias en el territorio. Por ello, la autoridad municipal puede hacer uso de sus funciones para asegurar que se respeten algunas de las medidas recomendadas por la autoridad nacional de salud.

Siempre se piensa en las formas coercitivas cuando hablamos de “medidas de la autoridad” para hacer obedecer reglas. Por ejemplo, se escucha hablar de ‘toques de queda’ que implican suspensión de derechos ciudadanos como la libre circulación. Sin embargo, este tipo de decisiones están lejos de los Ayuntamientos. Aun cuando algunos alcaldes han anunciado prohibición de circulación con la esperanza de inhibir aglomeraciones, ha sido con poco éxito, ya que a los pocos minutos de anunciarlas los ciudadanos más informados se burlan de los alcaldes en las redes sociales porque saben que son decisiones que están fuera de su competencia. Los gobiernos municipales tienen muy poca posibilidad de maniobra en el terreno de las medidas punitivas.
Entonces, si los gobiernos municipales no pueden emprender acciones punitivas, ¿qué cosa pueden hacer para lograr que las recomendaciones sanitarias se cumplan? Tienen es sus manos una posibilidad que ningún otro orden de gobierno tiene: la posibilidad de soluciones organizacionales. Los municipios, dada su proximidad, tiene una red social territorial compuesta por autoridades auxiliares y comités de participación social en todo el municipio. Esta red puede ser el núcleo básico para emprender formas organizacionales más numerosas y activas, en torno a objetivos claros dirigidos desde el cabildo. Esto es, detonar la participación social es la solución para algo que sólo puede lograr la autoorganización social: los cuidados de la pandemia.

Activar una estructura organizativa donde la participación ciudadana haga la diferencia es la mejor opción que tienen los ayuntamientos municipales. Sin embargo, hemos visto muy poca acción al respecto, lo más que han realizado es incentivar a que los ciudadanos denuncien si alguien quiere hacer una fiesta en su casa. Sin embargo, las posibilidades de organizar a los colonos y comunitarios para establecer medidas de autocuidado, apoyo o ayuda mutua, es muy amplia, pero no sabemos por qué no lo han hecho. Hay varias hipótesis en esta omisión, como la ignorancia o incapacidad directiva, pero no son las más factibles de ser verdad porque la mayoría de los alcaldes son inteligentes y saben de sus competencias; por ello, tal vez la razón es el temor a la autoorganización ciudadana que se pueda convertir en formas de control social de su gobierno, de crítica y hasta de sustitución en algunos temas. Los deseos de centralizar la decisión y la acción por el equipo administrativo, es la forma de asegurar su control político. Mala visión. Sin embargo, esperemos que lo hagan: los efectos de mediano y largo plazo de la pandemia ocuparían la gestión organizacional para el cuidado de sí en los municipios.

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