Editorial Gualdreño 430

Editorial Gualdreño 430
Juan Carlos Villegas, óleo sobre tela, de la serie 22 poemas perdidos. 2009.

Editorial Gualdreño 430

 

 

Los días de confinamiento se alargan. Ayer fue el Día de la Santa Cruz, y en Zacatecas como en varias partes del país, este día suele ser de fiesta para los trabajadores de la construcción quienes encomiendan su vida a la cruz en que, de acuerdo con la tradición católica, Cristo fue crucificado. Este 3 de mayo fue diferente, porque no se pudo llevar a cabo la serie de fiestas que se tenían programadas en la región. No por lo menos como en años pasados.

En este mismo espacio, en ediciones anteriores, hemos hablado de los Coloquios que se representan en Valparaíso, Zacatecas, durante el Día de la Santa Cruz. Una tradición muy bonita que se realiza desde por lo menos hace 100 años en las rancherías de ese municipio, una fiesta en la que participa la mayor parte de la población de las comunidades y que suele congregar no solo a quienes viven ahí de manera permanente, sino a los paisanos que viven en Estados Unidos y que generalmente vuelven en estas fechas para estar en su tierra. La participación de la comunidad de migrantes es de vital importancia porque ellos son quienes suelen patrocinar los gastos de la fiesta, los vestuarios, la escenografía, la comida, los danzantes y la música; pero sobre todo porque su presencia alegra… los reencuentros siempre son añorados. Este año tampoco pudo celebrarse, como tampoco fue posible que se llevara a cabo la fiesta del Sábado de Gloria en Jerez, debido a las medidas tomadas para evitar la propagación de este virus que nos tiene asolados.

Sin embargo, por diversas razones, los migrantes están regresando a Zacatecas durante estas fechas; ya sea porque el viaje ya lo tenían programado, porque se quedaron sin trabajo debido a la pandemia o por esa necesidad de retornar a la tierra ocasionada cuando se está en crisis. Eso me hace recordar mi infancia; cuando vivía en Río Grande el hecho de que los familiares regresaran era motivo siempre de fiesta, era un reconciliarse con la vida que se celebraba casi siempre con comida, música, rezos y bebidas. Los migrantes llegaban en sus grandes camionetas, de llantas altas, rines plateados y placas que decían “Texas Truck”… sonrío ahora al recordar también que eran comunes traducciones como esta: “Las placas dicen así porque la camioneta ‘la trujo de Texas’”, llegué a escuchar esta explicación muchas veces. Las camionetas traían de Texas a los familiares desperdigados y esa llegada propiciaba, sobre todo, la felicidad de volver a ver a los hijos ausentes.

Nos sigue llenado de alegría volver a ver a quienes trabajan en “el otro lado”, constatar que están vivos y que están bien. Nuestros paisanos siempre serán bienvenidos; pero, debo decirlo, en esta época el miedo también viene con ellos. Estados Unidos tiene más de un millón de habitantes contagiados y sus índices de mortalidad son abrumadores. De ninguna manera estaremos a favor de que se les impida la entrada a su tierra, son momentos en los que la solidaridad y la empatía deben prevalecer más allá de cualquier tipo de temor; bastante han sufrido ya como para cerrarles el paso a su propia casa… sin embargo, ante la contingencia que estamos viviendo, resulta preocupante que quienes viven aquí y reciben de regreso a sus familiares pareciera que olvidan por momentos que la situación de emergencia prevalece y las medidas de sana distancia deben de implementarse incluso con las personas que más quieren en esta vida.

Un verdadero de amor a la tierra y a la familia podría demostrarse en estos momentos quedándonos en casa, no haciendo fiesta porque el paisano migrante está de regreso -me refiero sobre todo a las celebraciones multitudinarias en las que sigue incluso contratándose la tambora y el mariachi para festejar-. Ya habrá tiempo para todo, pero en estos momentos es responsabilidad de todos acatar las medidas implementadas por la Secretaría de Salud. Que las camionetotas se queden estacionadas unas semanas más, que los abrazos se dejen para después, que los regalos traídos se entreguen cuando todo esto pase, que la música y las comilonas se pospongan para poder seguir celebrando la vida muchos años más. En unos días más será también el Día de la Madre, por ellas, por todas nuestras madres, por la salud de todos y todas, por favor: Quédense en casa.

Que disfrute su lectura.

 

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