Morena: entre el cacicazgo o la democracia interna

Morena: entre el cacicazgo o la democracia interna

En este espacio lo dijimos en algún momento: la prueba del nuevo partido que llevó a Andrés Manuel a la Presidencia comienza en sus primeras elecciones de forma independiente y sin el objetivo de la Presidencia. El partido se formó originalmente con el desprendimiento y renuncia de militantes del PRD, que en ese momento fue secuestrado por un par de tribus que mantenían un pacto con el gobierno en turno y, por ello, perdió la brújula con la cual nació. Pero conforme avanzó y tomó fuerza el partido-movimiento se fue nutriendo de militantes de otros partidos, incluyendo, de manera significativa y paradójica, del PRI. En Algunas regiones aparecen exmilitantes priistas en sus listas de afilados fundadores. La composición en el ascenso del naciente partido y rumbo a la presidencia no fue cuestionada porque la prioridad fue ganar la presidencia y sacar al PRI de Los Pinos.

Hace tiempo habíamos escrito que Morena tenía que atender tres elementos esenciales si quería convertirse en un partido que renovara realmente el sistema político y darle otro rumbo al país: (1) renovar su militancia con personas que vinieran de algunas formas de la participación social, y no sólo reciclara los viejos militantes de otras expresiones políticas; (2) pusiera en el centro de sus definiciones los asuntos programáticos y superara el vacío de la pura pragmática aritmética; y (3) consiguiera normalizar mecanismos democráticos y vida institucional interna en la toma de decisiones estratégicas del partido. De no cumplirse (al menos) estos tres elementos, no veríamos un partido en el cual pudiéramos depositar nuestras expectativas del cambio de rumbo deseado. Ya intelectuales de relieve y militantes con prestigio hacen críticas sobre el rumbo de Morena, que se ve por ciertos militantes como una maquinaria electoral al estilo de los partidos de los que quería desmarcarse. La renovación de la militancia no se ha dado, la formación ni siquiera ha arrancado y la vida democrática está en ciernes. El proceso actual de renovación de la dirigencia saca una serie de resolutivos y, a los pocos días de su congreso, se anuncia la posibilidad de un método fuera de lógica y con la supuesta anuencia del presidente. Imponer una ‘sugerencia’ del presidente por sobre los resolutivos del congreso nacional, es en realidad un mal signo. Justo de lo que se ha querido salir es de la lógica de partido de Estado, y estas prácticas lo colocan como tal.

Los cacicazgos regionales se han adueñado del poder en sus territorios porque se les concedió (a muchas) las súper-delegaciones federales y, con estos aparatos, han afianzado su poder electoral. Pero ese poder se vio cristalizado después de 2017, y en el congreso se eligió el padrón de ese año para organizar la competencia por los consejeros, que en su momento, elegirán a los candidatos. La puja continúa. Y la moneda está en el aire. Justo hoy se debió subir el padrón para el conocimiento de los militantes, y (hoy mismo) aparece como ‘reservado’. Por lo pronto ya se incumplió uno de los acuerdos de la máxima autoridad nacional. Está el referente de la experiencia del PRD. Si el partido cae en la hegemonía y manipulación de los cacicazgos quedará moribundo y las expectativas políticas en su nacimiento se habrán enterrado. Morena está ante dos opciones: cacicazgo o democracia.

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