Financiamiento a los partidos políticos

Financiamiento a los partidos políticos

La bolsa anual de dinero de los contribuyentes, que recibirán los partidos políticos mexicanos en 2020, será de poco más de 5,200 millones de pesos. Por ello, con la renuncia voluntaria al 50 % de su presupuesto, sugerida por el presidente Andrés Manuel López Obrador, se podría atender un cúmulo de carencias y necesidades urgentes de las y los mexicanos más pobres; pero eso no es todo, hay otras razones por las cuales resultaría benéfico que se aceptara esta medida.

Que los institutos políticos decidieran ceder parte de su presupuesto representaría un reconocimiento implícito de su parte sobre las carencias y la difícil situación que padece la mayoría de la población. Cómo señala el presidente: “no puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”. Sería también una oportunidad para que los partidos pudieran recuperar la confianza de la sociedad, que fueron perdiendo con el paso de los años.

Las mediciones que intentan estimar el nivel de confianza en los partidos políticos (como la realizada por Latinobarómetro) demuestran que la confianza ciudadana en estas instituciones disminuye especialmente cuando los países enfrentan crisis económicas. Es decir, existe una clara correlación entre el nivel de confianza en los partidos, con la economía de los países. Por ello, que los partidos políticos cedan una parte de su presupuesto, lejos de causarles un mal, podría fortalecer los niveles de credibilidad que la ciudadanía les otorga.

Esta acción voluntaria ayudaría también a mejorar la calidad de la democracia en México. Si la ciudadanía percibiera a los partidos políticos como espacios de representación legítimos y no como instituciones desgastadas, entonces la participación democrática aumentaría. Esto, a su vez, impulsaría los niveles de competencia, y cada partido tendría que fijar con claridad las posiciones que defiende en todas las materias. Por ende, desprenderse voluntariamente de recursos públicos, orillaría a los partidos a atraer las preferencias de la sociedad, con base en postulados claros y no simplemente a través de la captación de simpatías mediante dádivas económicas. En otras palabras, un menor presupuesto de los partidos, lejos de mermar su participación, puede fortalecerla.

Sin embargo, hay quienes piensan que si todos los partidos accedieran a renunciar a parte de su presupuesto, el mayor ganador sería Morena, que actualmente, gracias al apoyo recibido en las pasadas elecciones, es el partido con más fuerza y el que recibiría el mayor presupuesto. Tal idea es errónea, pues al ser Morena el partido que más recursos recibirá, por ende, sería también el que más tendría que conceder.

No obstante, es muy probable que la mera voluntad de los partidos no sea suficiente. El verdadero reto es poder terminar con los flujos de dinero que llegan a ellos de manera ilegal, y que corrompen y dañan los niveles de confianza de la ciudadanía y a nuestra democracia. El desvío de recursos públicos para apoyar campañas políticas debe ser erradicado porque, además del daño económico, fomenta una cultura de corrupción que involucra a funcionarios públicos y candidatos de todos los colores, pero los únicos afectados son las mexicanas y los mexicanos.

¿Cómo pretendemos tener funcionarios electos honestos, si desde las campañas ya han sido partícipes de esquemas profundamente corruptos que los obligan a cumplir compromisos durante el ejercicio de su mandato? Como sociedad deberíamos respaldar la sugerencia del presidente y preguntarnos cómo se podrá lograr que la clase política mexicana llegue a ocupar cargos de elección popular sin tener que atender otro interés que el de servir a quienes gobiernan.

Durante décadas, la vida de política nacional giró en torno al partido del régimen, el cual era uno mismo con el Gobierno. El presidente de México está intentando poner distancia entre la vida partidista y el desarrollo de la administración pública, pues sabe que de esto depende que nuestra democracia se pueda consolidar. Por otro lado, el éxito o fracaso de la Cuarta Transformación depende totalmente de la vigilancia ciudadana sobre cada una de las acciones gubernamentales, desde una perspectiva moral, inclusiva y visionaria.

Los partidos políticos deben representar los intereses, ideales y convicciones de la población. En este sentido, la militancia, el discurso y el trabajo voluntario son los elementos que le dan legitimidad a sus propuestas. Lo que puede hacer grande a un instituto político es la capacidad de sus líderes de convencer; son las ideas, no el dinero. Hoy, la ciudadanía no decide votar por alguien a partir de la insistencia, del número de veces que el candidato sale en la televisión o lo escuche en la radio; es la confianza que el electorado tiene en que el aspirante sea capaz de ejecutar lo que promete.

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