‘Once upon a time in Hollywood’: reescribiendo la historia del cine

‘Once upon a time in Hollywood’: reescribiendo la historia del cine

La Gualdra 399 / Cine

 

El título del noveno filme de Quentin Tarantino, Once upon a time… in Hollywood (2019), hace referencia a Once upon a time in the west (1968), la obra maestra del cineasta italiano Sergio Leone. Es un guiño al género western como influencia directa en la más reciente obra de Tarantino, y a su vez busca señalar la manera en que los filmes del Viejo Oeste son percibidos en la actualidad. Del mismo modo en que las películas de vaqueros solían utilizar personajes y sitios reales para contar historias de ficción, así es como el realizador confecciona una emocional oda a una época que ya sólo se puede experimentar a través de libros y cintas de antaño, y que refuerza la declaración de Tarantino de que para aprender a hacer sus propias historias él no asistió a la escuela de cine, sino que viajó al cine mismo para lograrlo.

Corre el año de 1969 cuando conocemos a Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) un actor de televisión con problemas de alcohol quien otrora fuera una gran celebridad, pero que ahora sólo es invitado para interpretar al villano ocasional en programas que tienen a estrellas en ascenso como sus protagonistas. Al lado de Rick siempre está Cliff Booth (Brad Pitt), su doble de riesgo así como el fiel amigo que lo escucha para desahogarse y lo ayuda en tareas de chofer, llevándolo de un lado a otro de la ciudad y cuidando su casa en Cielo Drive, misma calle donde de manera paulatina seguimos a Sharon Tate (Margot Robbie), la carismática y hermosa actriz quien está casada con el famoso director polaco Roman Polanski (Rafal Zawierucha). Seguimos a estos tres personajes en su día a día: así nos enteramos de los problemas de Rick para interpretar a un villano convincente en el piloto de un nuevo western; también vemos a Sharon asistiendo a una función de cine de una película en la que ella misma aparece. Por su parte, vemos cómo Cliff en un día libre conoce a Pussycat (Margaret Qualley), una hippie que lo lleva al Spahn Ranch, un extenso terreno, que antes funcionó como estudio de filmación de películas westerns, ahora habitado por las seguidoras de Charles Manson (Damon Herriman).

Estos tres personajes son una excusa del director para retratar con sentida melancolía y nostalgia la cotidianeidad de una ciudad donde se crean las historias que después formarán parte de nosotros, en un año que marca el final de una era dentro de la industria fílmica, y que invariablemente cobra claras reminiscencias con la manera en la que el cine moderno se está llevando a cabo. El guion carece, de modo intencional, de una estructura narrativa clásica y que fragmenta la narración en las historias separadas de sus tres protagonistas, rompiendo el ritmo con detalles y bocetos aparentemente descontextualizados en donde Tarantino juega con realidad y ficción a lo largo de su argumento. Esta estructura, reflejada en el mismo título de la película cobra relevancia en la parte final del relato, que vuelve a conectar al director con su propuesta de reinterpretación como sello distintivo, en donde la violencia en forma de venganza y tan característica del realizador emerge al final de manera abrupta. Tarantino utiliza todo el arsenal que tiene a la mano para contar su versión de la historia en un filme que no es otra cosa sino un homenaje, así como una dignificación de los lugares, películas y personajes que lo inspiraron a lo largo de su vida, todos éstos dentro de una época dorada que ya no es, y que realmente nunca fue.

 

 

 

 

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