A un año de la elección federal: los nudos del camino futuro

A un año de la elección federal: los nudos del camino futuro

Hace un año ocurrió un vuelco en la conformación del mapa político en México. Los partidos antaño mayoritarios, que formaron el ‘pacto por México’ quedaron (y siguen) en la franca irrelevancia. El partido (Morena) recién formado obtuvo un poder enorme en poco tiempo. Un partido que tiene una mixtura que recuerda aquella cuando se pusieron de acuerdo los diversos líderes sectoriales y territoriales después de la revolución para dar conducción al país en el Partido Nacional Revolucionario. El poder nacional repentino otorgado a una expresión política reciente y con ingente pluralidad interna, tiene como consecuencia la inestabilidad y la incertidumbre. El tema de la estabilidad, en el caso del PNR, se resolvió dando el poder de decisión última y arbitrio definitivo al presidente en turno: nació la estabilidad autoritaria. La pregunta es cómo Morena lo conseguirá. Es una pregunta aun no develada. Además, con el agravante de que la debilidad de la oposición arroja el grueso de las definiciones políticas al interior de Morena. Si se convierte en el partido donde ocurre el grueso de la distribución del poder, entonces la puja por el mismo requiere métodos sabiamente construidos, si es que se apuesta a una salida democrática a la pregunta arriba planteada.

La presencia de Morena en el próximo proceso electoral relevante (2021) dependerá en mucho de los resultados del gobierno federal. Por ello, aun cuando (teóricamente) el presidente no se meta en la vida interna del partido, este último depende de la actuación de aquel para obtener buenos o malos resultados electorales. Las razones son obvias: es un gobierno emanado de ese partido. Por ello será esencial que algunas demandas sociales esenciales tengan satisfacción: disminución de la violencia y delincuencia; mayor poder adquisitivo del ingreso, sobre todo en materia alimentaria; disponibilidad y precio justo en los energéticos; y claro está: la eliminación patente de la corrupción. El 2021 será la evaluación social del gobierno de AMLO a través del proceso electoral programado. Hemos observado algunas voces que exclaman desencanto, sobre todo de los sectores de la cultura y educación, que han sido castigados en los presupuestos. Así las cosas, debe ser esta fecha un motivo de reflexión para lograr un proyecto de presupuesto progresivo al final del año. Eso será vital.

En el caso particular de Morena, hay un aspecto muy sensible que debe definir en los próximos tres meses: la relación entre las dirigencias estatales del partido y las (súper) delegaciones federales. Esa será una prueba de fuego en la relación del partido y el gobierno. En la definición de los gobiernos estatales de próxima elección (como es el caso de Zacatecas) esa relación será definitoria. Si las delegaciones usan su poder para decidir la elección, toda la esperanza de un gobierno de nuevo tipo habrá caído en la basura; y si no lo hacen y permiten una elección limpia y democrática, la esperanza se renovará con mejores bríos. En pocas palabras: en la relación ‘partido-delegaciones federales’ se puede definir el futuro del partido que ganó la elección (histórica) hace un año.

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