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La literatura ha sido el espacio más vital del amor y la salud que he podido encontrar: Sosa

La literatura ha sido el espacio más vital del amor y la salud que he podido encontrar: Sosa
Camila Sosa acudió a la FIL para presentar su propuesta de la Trans/escritura que pone a prueba en su nuevo libro El viaje inútil ■ foto: ALEJANDRO ORTEGA NERI

■ Despierta corazón dormido le dio la posibilidad de hablar como mujer

 

GUADALAJARA, JAL. “Antes de ser actriz y escritora y un poquitito cantora, me gustaría decirles que sobre cualquier título que pongan sobre mi tumba, deberían escribir que soy una sobreviviente”. Así se presentó la actriz y escritora transexual de origen argentino ante cientos de jóvenes que se aposentaron en el salón Juan Rulfo de la Feria Internacional de Guadajara para escuchar la historia de Sosa y conocer su propuesta de la Trans/escritura que pone a prueba en su nuevo libro El viaje inútil.

Jorge Luis Borges, uno de los primeros autores que leyó a conciencia Sosa, decía que la literatura era, al fin y al cabo, afecto y tal definición le ha servido ahora a la argentina para entender su relación con la literatura. “Como mujer trans, la literatura ha sido el espacio más vital del amor y la salud que he podido encontrar en todos estos años de mutación constante. No existe una definición mejor para mi vínculo con las letras que la de la salud y el amor”, asevera.

“La literatura posibilitó que siendo muy niño, cuando todavía me escondía en el baño para probarme un vestido de mi mamá, por unos minutos tan solo, hubiera una voz para decir todo lo que mis ojos, que no son tan bellos como los ojos tapatíos, miraban desde los márgenes. La violencia de mi familia, compuesta por un padre heterosexual, alcohólico, resentido por la infancia que le tocó vivir, y por una madre heterosexual huérfana; la mujer más necesitada del amor que conocí en mi vida”, dijo entre lágrimas.

“Yo era un niño invisible”, asegura, pues deambulaba por su casa con el manto de la invisibilidad que sus propios padres le pusieron porque estaban ocupados en sobrellevar sus rencores. Trabajaban mucho. Se rompían el cuero trabajando para poder pagar un techo y su madre, expuesta todo el día al sol, perdía cotidianamente su belleza por estar entregada a la pelea contra la pobreza que los amenazaba con comerlos. “¿Qué podía entonces hacer el niño que fui más que escribir y leer? ¿Más que partir?”.

El acto de escribir, ya serio, ya como una necesidad en la adolescencia de quien antes de ser Camila fue Cristian Omar Sosa Villada, llegó para darle una existencia concreta, contundente. “Recuerdo la máquina Olivetti, a la que me negaba a ponerle cinta negra. Yo quería escribir con cinta roja, que era la declaración de mi adolescencia. Me dio la posibilidad de escribir sobre los compañeros de escuela que me gustaban; sobre lo profesores que me gustaban; sobre los dolores que me causaban los demás chicos cuando se burlaban por mis modos muy femeninos, mi voz aguda, mi cuerpo menudo que no soportaba un pelotazo duro, ni los juegos ni los golpes a los que los hombres jugaban en el recreo”.

Y es que la escritura le dio a la autora de Despierta corazón dormido, la posibilidad de hablar en primera persona como mujer. Imaginarse como mujer, como la mujer que es ahora, que sobrevive, escribe y actúa.

“Yo no creo que nadie pueda escribir su destino en un mundo donde el neoliberalismo nos describe cada vez menos singulares, más destinado a limitar las máquinas que escrituran el mundo. Pero sí creo que podemos escribir en secreto, la imagen que queremos de nosotras”.

Encerrada en su cuarto, aprovechando la siesta de los padres y la libertad momentánea de no hacer algún trabajo, Camila encontró una vertiente de amor para sí misma. Aún con una vida dura, incomprendida por sus padres, que la odiaban por ser cómo era, la argentina pudo darse amor a través de pequeños poemas muy sencillos que comenzó a escribir a los 10 años y que hoy son la parte medular de su libro “El viaje inútil” que se anuncia como una obra de Trans/escritura.
“Transmutar, Transgredir; palabras que sugieren una partida. Un dejar algo atrás. Saber perder. Irse de los lugares que nos duelen y de las personas que nos malquieren. Eso es para mí este pequeño, insignificante e irresponsable término que inventé para definir lo que escribo, las trans escrituras”, explicó.
“Me fui de mi familia que me consideraba invisible. Me fui del alcoholismo de mi padre. Me fui de la tristeza de mi madre que se comía mi vida. Me fui de la violencia de mis compañeras de escuela que me apedreaban por hacer algo tan inocente como ponerme una falda. Me fui de la violencia del catolicismo, que me decía que todo mi cuerpo era pecado. Me fui de los golpes de los clientes cuando me prostituía para poder comer, de las patadas en la cabeza y en los riñones y en la cara que me daban los policías. Me fui de las producciones teatrales, cinematográficas y televisivas que dicen que no hay lugar para actrices trans. Me fui de los escritores que leen y piensan que soy una cursi, que mi escritura es sólo autobiográfica diluyéndome en un eterno gerundio que dice estoy partiendo. Transmigré a través de la literatura y la escritura”.
Y es que en Argentina las mujeres trans tienen un promedio de vida de 35 años, porque, asegura la escritora, hay una estrategia de exterminio, un “genocidio trans” como le llaman, que ha cobrado la vida de 70 travestis en lo que va de 2018.

“Morimos solas, sin atención médica. Nos morimos de SIDA que es una de las causas más frecuentes de nuestra muerte; pero también asesinadas, adictas, ignoradas por nuestra familia, víctimas de la desidia de nuestros gobiernos. Morimos distanciadas de las redes de ternura, de la sociedad. Muy solas. Muchas viviendo en la calle, siempre prostituyéndonos. El 80 por ciento del trasn ejerce la prostitución para poder comer, pero también para ayudar a sus familiares que viven muy lejos, para mantener a sus proxenetas, a sus amantes que las explotan”.

Es por eso que Camila escribe, porque, dice, “es la única manera de vivir que conocía y que conozco. La única manera de no colgarme de un árbol. La única manera de no ponerme un tiro en la boca. La única manera de no abrirme las venas un día cualquiera al ver el desamor con que esta sociedad nos trata. Yo quiero devolverles a ustedes mi poesía, mis letras, mi espíritu, mis libros que son muy humildes. Yo quiero tratar a la humanidad mejor de lo que la humanidad me ha tratado a mí y a mis hermanas, las travestis”.

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