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Un periodo de transición fuera de lo normal

Un periodo de transición fuera de lo normal

Faltan sólo cinco días para que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) asuma el cargo de presidente de la República, lo que ocurrirá el próximo sábado primero de diciembre de este histórico año 2018. Será la primera alternancia en el Poder Ejecutivo federal hacia la izquierda. Después de 40 años de la reforma política que permitió la participación legal de las izquierdas en los procesos electorales, encabezará el Poder Ejecutivo de México un hombre que ha dedicado más de la mitad de su vida a la lucha por la libertad y la justicia de los más desprotegidos, el único mexicano que ha recorrido varias veces los cerca de 2 mil 500 municipios del país, que ha escrito una docena de libros, cuyo discurso, repetido y perfeccionado cada día ante distintos auditorios, transformó el miedo a cambiar en esperanza de 30 millones de mexicanos que decidieron votar por él y su partido Morena el pasado primero de julio. Está a punto de terminar un periodo de largos cinco meses de transición, durante los cuales el presidente electo no dejó de sorprender a adversarios y compañeros, a observadores nacionales y extranjeros, de manera que el tradicional y esperado discurso del sábado, también será un informe y explicación de lo que ha venido realizando semana a semana.

En otros tiempos, los presidentes electos casi desaparecían del escenario para permitir que las administraciones salientes no se vieran afectadas gravemente durante la transición. Recordemos que Gustavo Díaz Ordaz mantuvo el poder autoritario hasta el final y su prepotencia era tal que la matanza del 2 de octubre fue asumida por él como una valiente decisión personal. Otro ejemplo digno de recordar fue el escándalo provocado por la decisión de expropiar la banca por José López Portillo, anunciada durante su último informe, sin que le importara la inconformidad pública del presidente electo Miguel de la Madrid, que estaba presente en el evento. La opinión pública se ocupaba de comentar miles de rumores acerca de los posibles integrantes del equipo cercano de gobierno, incertidumbre que se disipaba generalmente hasta la noche anterior a la toma de posesión. Era impensable que se anunciaran políticas públicas y proyectos concretos, todos los preparativos se hacían en las sombras y los primeros meses del nuevo gobierno se utilizaban en integrar los nuevos equipos.

Este año las cosas fueron muy diferentes, AMLO designó a sus principales colaboradores y los puso a trabajar de inmediato bajo los reflectores, sobre todo a los que enfrentarán los problemas de la inseguridad y la violencia, y a quienes estarán al frente de las obras públicas. Hoy, Alfonso Durazo Montaño y Javier Jiménez Espriú son muy conocidos por haber encabezado los encuentros con las víctimas de la violencia, el primero de ellos, y la confrontación en el caso del nuevo aeropuerto internacional (NAIM), el segundo. La ex ministra de la Suprema Corte, Olga Sánchez Cordero, se ha revelado como una mujer que no saca la vuelta a los problemas, y que será una secretaria de gobernación atenta y diligente. También ya son muy conocidos los próximos funcionarios de Hacienda por sus labores de apagafuegos en el mundo financiero y en la negociación del tratado comercial. Nuestra paisana Rocío Nahle García y demás funcionarios del sector energético ya tienen preparado el inicio de la rehabilitación de las refinerías y la construcción de la nueva en Tabasco. Otros futuros funcionarios como Manuel Bartlett y Germán Martínez, debieron enfrentar una avalancha de críticas por su origen político, pero por lo que se sabe hasta hoy ninguno de ellos fue ponchado, utilizando el lenguaje beisbolero conocido muy bien por AMLO. Sólo Héctor Vasconcelos tuvo una presencia efímera en el nuevo equipo al ser sustituido por Marcelo Ebrard, quien ha tenido una actividad muy intensa como futuro secretario de relaciones exteriores.

Fue memorable la confrontación alrededor del NAIM entre AMLO y un conjunto de empresarios que intentaron probar su fortaleza política. Más allá de pequeñas maniobras especulativas de varios de ellos, del “oportuno” respaldo que recibieron de algunas agencias calificadoras al servicio del capital financiero, el caso NAIM fue el escenario para que AMLO avanzara en el cumplimiento de su promesa de separar el poder económico del político. Y otro gran asunto que AMLO abordó y resolvió con gran solvencia es su relación con las fuerzas armadas y el relevo en sus mandos. Su presencia y discurso ayer en el Campo Marte de la ciudad de México frente a más de 20 mil soldados y marinos, acompañado de los generales y mariscales entrantes y salientes del alto mando del ejército y la marina puede ser catalogado como un cierre con broche de oro del periodo de transición. En términos francos y concisos explicó las causas de la situación que vivimos y la esencia de la cuarta transformación que encabezará. Se presentó como un comandante en jefe que ejercerá el mando intentando convencer de la justeza de sus órdenes y decisiones.

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