Por qué nos mienten con el tema Milpillas

Por qué nos mienten con el tema Milpillas

Desde hace unos cuatro meses he seguido de cerca el proyecto Milpillas, consistente en construir una presa en el municipio de Jiménez del Teúl y un acueducto que conducirá una parte del agua hacia el corredor Fresnillo-Guadalupe.

El Sistema Milpillas se ha convertido en una manzana de la discordia por haber sido anunciado como el proyecto principal de la administración de Alejandro Tello, un gobernador priísta en medio de la marejada morenista que se vive en todo el país.

En lo que va del quinquenio se han inaugurado varias presas aquí y allá, y a la gente que está en contra de esta obra, eso no le ha importado. Lo único que realmente les importa es tumbar el principal proyecto del gobernador, aunque en ello se lleven entre las patas a la ciudadanía.

He leído los argumentos de los grupos contrarios. Los he visto y escuchado en los foros que se organizaron en El Potrero y Atotonilco. Estuve ahí, afuera del salón ejidal, el día en que ellos juran y perjuran que fueron agredidos por la policía. Y a la fecha sigo preguntándome cómo puede alguien vivir tranquilo con su conciencia mintiéndole a la gente, manipulando a ejidatarios y a la opinión pública por igual, provocando conflictos para luego victimizarse, como ellos lo hacen.

Durante un tiempo procuré mantenerme neutral, pero creo que es un autoengaño. He leído sobre Milpillas no sólo lo que ha salido publicado en los medios, sino el proyecto ejecutivo y uno de los tres estudios de factibilidad que le anteceden. He platicado con ingenieros de la UAZ, de CONAGUA, de SAMA, con especialistas en salubridad y en ecología, porque un proyecto de esta magnitud toca todos esos temas y más, como debe ser. He platicado con ejidatarios. Todos ellos son gente que te agarra confianza y te cuenta las cosas “acá entre nos”. Y la suma de todos esos “acá entre nos” acumulados me hace concluir en mi fuero interno que Milpillas es un proyecto que debemos defender, y ni siquiera por motivos ideológicos —para eso se pintan solos los contras—. Simplemente porque a todos nos conviene que se construya esa obra. A todos, menos a quienes tengan intereses particulares más grandes que su propia conciencia.

Creo que los medios de comunicación, de buena fe, han reproducido las versiones de los opositores a Milpillas, que son los que gritan, los que suben el volumen. Así no se ganan los debates limpiamente. Entre los opositores se encuentran: un grupúsculo de ejidatarios, un grupo bastante mayor de personas ajenas a Zacatecas, que cubren todos los requisitos para ser denominados “porros” y que se mantienen de confrontar lugareños con gobiernos en distintos estados de la República (a una de las reuniones, por cierto, llegaron en un vehículo oficial del Senado de la República, lo que nos da una idea de quién los está financiando). También se oponen al proyecto algunos habitantes de la cabecera municipal de Jiménez del Téul, unos cuantos acarreados de otras comunidades y un sector de la izquierda en la capital del estado, manipulados por los profusos boletines enviados por los porros arriba mencionados.

La técnica que ellos usan es sencilla: mezclan verdades con mentiras y sacan conclusiones tendenciosas y sin sustento, apoyados por la desconfianza popular hacia el gobierno —hay que decirlo—, acumulada por años. Desconfianza legítima y comprensible. Lo que no es legítimo es mentirle a la gente, por la causa que fuere.

Los opositores a Milpillas se han empeñado en pintarla como un “megaproyecto” de dimensiones faraónicas. Una vez los escuché decir que la cortina tendría una altura ridículamente enorme (en realidad será de 89 metros). Los ejidatarios nomás abrían los ojos como platos.

Para hacernos una idea más precisa, baste mencionar que Milpillas será la tercera presa más grande en la entidad (su capacidad máxima será de 69 millones de metros cúbicos). La presa El Chique tiene una capacidad máxima de 140 millones de m3, mientras que a la Leobardo Reynoso le caben 118 millones de m3.

Otra imprecisión consiste en afirmar que las aguas de la presa serán usadas en la minería o para la cervecera Corona. Al respecto hay tres argumentos en contra: 1) la concesión respectiva especifica que el agua a desviar sólo podrá usarse para servicio urbano, lo que deja fuera cualquier aprovechamiento industrial. Si no se cumpliera esto, entonces habría sanciones por parte del gobierno federal. 2) las minas no necesitan agua; al contrario, necesitan estarse desahogando constantemente, porque tienden a inundarse. Tercero: la cervecera Corona ya tiene sus propias concesiones de agua; en 2016 donó una a Calera, por 250 millones de metros cúbicos anuales, porque no los estaba usando.

En otra entrega les platicaré cuáles son los puntos a favor de Milpillas, y lo haré con toda la responsabilidad que el tema requiere, pues los datos hoy en día son escalofriantes cuando se trata del abasto del agua. Escalofriantes.

De no construirse la presa, en 15 años o menos, estaremos bañándonos, cocinando, lavándonos los dientes, con una concentración de metales pesados realmente siniestra. Nosotros, y nuestros hijos y nietos, no nos merecemos ese futuro por culpa de alguien a quien el día de hoy le mueven sus egos mezquinos, o porque quiere tumbar un proyecto sólo por fastidiar al PRI (como si no le hubieran puesto ya una felpa en las urnas), o porque pega con la diestra para cobrar con la siniestra. No se vale. ■

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