Merequetengue: Se puede vivir de los títeres

Merequetengue: Se puede vivir de los títeres

La Gualdra 351 / Teatro / Títeres

Merequetengue Artes Vivas A. C. [www.facebook.com/ElRinconDeLosTiteresTeatroForo] acaba de cumplir dieciocho años y El Rincón de los Títeres, primer teatro de títeres construido con recursos públicos, cumplió cinco. No cabrá en este espacio toda la historia de este proyecto, pero les pedí a mis amigos David Aaron Estrada y Lorenzo Portillo Armendáriz que resumieran sus momentos esenciales.

Lorenzo: David y yo nos conocimos en el CEDART de Chihuahua, somos egresados de allá, y con otros compañeros tuvimos la necesidad de viajar a Xalapa para estudiar la licenciatura. Estamos hablando de mayo del 2000…

David Aaron: No, no, antes. Porque nos conocimos en el 97 y luego llegó a Chihuahua un museo itinerante del INBA que traía a los títeres de Rosete Aranda, el “Cúcara Mácara Títere Fue”, entramos a colaborar y así empezamos a conocer el mundo de los títeres. Como necesitábamos dinero para venir a Xalapa a presentar el examen para la universidad, empezamos a hacer sketches con títeres, claro que de manera muy primitiva. El grupo se llamaba Aarolo.

L: Por las iniciales de [David] Aaron, Rosalía [Carrillo] y Lorenzo. Después de nuestra experiencia como voluntarios en el museo hicimos una puesta en escena con unos títeres gigantes.

DA: Ése fue el preámbulo. Con eso obtuvimos para nuestros pasajes. Llegamos a Xalapa y el 30 de abril había un evento de Día del Niño en el Parque Juárez. Estaba un templete, bocinas, muchas personas. Lorenzo llevaba dos o tres títeres, entonces nos acercamos y les dijimos “oigan, nosotros contamos cuentos, ¿nos dan permiso?”, y nos contestaron “Bueno”. Había mucho relajo, imagínate, mucho ruido, y nos preguntaron, para anunciarnos, cómo nos llamábamos, y la verdad es que no teníamos nombre, pero Lorenzo dijo “Merequetengue”. Cuando yo le pregunté por qué “Merequetengue” me dijo “¿qué no estás viendo?” [risas].

L: El segundo sería nuestro encuentro con Carlos Converso. En ese momento él trabajaba en solitario. Llegamos a la Facultad de Teatro con esta idea de los títeres y Carlos ofrecía un taller para alumnos avanzados. Nosotros éramos de primer semestre y no nos dejaban inscribirnos, entonces hicimos una carta al Consejo Técnico y así nos aceptaron. En un receso nos acercamos y le dijimos que queríamos ser titiriteros. Nos le pegamos como muéganos, y cuando dio el curso de Prácticas Escénicas en la Facultad montamos con él un Hamlet, y después el Ubu reciclado. Luego se animó a abrir el CEAT [Centro de Estudios en el Arte de los Títeres], donde estaban Fernando Rueda, Guillermo Melo, Paulo Landa y nosotros. Ése fue otro momento importante.

DA: En Merequetengue hacíamos cosas como muy efímeras. Es decir, hacíamos las obras, dábamos las funciones, y luego ya las desechábamos, pero el CEAT nos dio la oportunidad del espacio. El parteaguas fue Este chivo es puro cuento, porque cuando vimos la producción nos dijimos “Híjole, pues sí es mucho trabajo para tirarlo”, y decidimos crear repertorio. La verdad es que no teníamos un plan de vida a largo plazo, aunque sí sabíamos que queríamos dedicarnos a los títeres. Eréndira Cabrera, nuestra maestra de Investigación, que nos veía con mucho entusiasmo, nos hizo que nos sentáramos a ver cómo le íbamos a hacer. Eso fue más o menos en el 2004.

L: Junto con eso, abrimos en el CEAT un forito para 30 personas, que nosotros administramos. Nos dimos cuenta de que no había un lugar con programación familiar permanente en Xalapa, que había un público desatendido. Ahí fue nuestro ensayo de hacernos cargo de un espacio con todo lo que conlleva: la convocatoria, la programación, la recepción de los grupos, la difusión, etc.

DA: El cierre del CEAT, que fue en el 2009, nos dejó tambaleando.

L: Ya no teníamos foro, ya no teníamos bodega, ya no teníamos taller…

DA: Estábamos haciendo un programa en Radiotelevisión de Veracruz que se llamaba La Covacha, pero nos corrieron y con la liquidación, aunque no era mucho, rentamos un local. Lo rentamos como en julio o agosto, pero lo abrimos hasta octubre.

L: Nos llevó tres meses adaptarlo y equiparlo, y empezamos a dar funciones los domingos a las 12:30. Primero llegaban tres o cuatro personas, pero fue creciendo la afluencia y acabamos por tener tres horarios: 12:30 y 5 y 7 de la tarde. En eso que anuncian con bombo y platillo el Hay Festival de Xalapa, con una inversión como de diez millones de pesos, mientras que en todo el año, a los grupos artísticos locales nos decían que no había recursos. Y así, para protestar, escribimos una carta y al mismo tiempo organizamos el primer Hay Títeres. Eso hizo que nos mandara a llamar la alcaldesa de entonces [Elizabeth Morales] que nos quiso dar una aportación para el festival, entonces nosotros le dijimos que no íbamos por dinero, que lo que queríamos era un proyecto que trascendiera: que queríamos un teatro y que la obra pública no se resumía a banquetas y alumbrado.

DA: Coincidió con que el municipio estaba aplicando un programa federal de rescate de espacios públicos y estaban haciendo los parques como temáticos, así que empezamos a buscar entre ellos en dónde se podría edificar un teatro.

L: El parque Elisa Cervantes Godos, que está en el mero centro, no tenía proyecto y estaba casi abandonado: era perfecto. Y -tenemos que decirlo- encontramos una muy buena disposición de esa administración municipal para construir el teatro. ¡Pero nosotros nunca habíamos levantado una pared! Afortunadamente en ese momento estaba haciendo aquí una estancia artística César Tavera, director de Baúl Teatro, que es ingeniero civil, y nos encerramos con él 20 días y así hicimos el anteproyecto ejecutivo. Tuvimos muchos visores a los que les enseñamos los planos y luego visitaron la obra negra, maestros como Paco Beverido y Carlos Converso.

DA: Otra fecha crucial es ésa de abril de 2013, cuando por fin inauguramos las nuevas instalaciones del Rincón de los Títeres, coincidiendo justo con la clausura del primer coloquio El Títere y las Artes Escénicas.

Maliyel Beverido: Ante esta trayectoria ¿para dónde van? ¿Qué es lo que sigue y qué es lo que se mantiene?

L: Lo que se mantiene es la idea de crear un espacio comunitario y de convivencia que tenga durabilidad, que si el día de mañana agarramos nuestras mochilas y nos vamos, el foro continúe con la promoción, difusión, producción, investigación y documentación del teatro con títeres. Tenemos ya un programa de voluntariado, el LATE [Laboratorio de Arte Titeril], damos talleres, hay una ludoteca, está la galería peatonal, tres festivales… Sí. El coloquio El títere y las Artes Escénicas, que cumplió seis años y se hace en coordinación con la UV, la UNAM, la Ibero, el CITRU [Centro de Documentación Teatral Rodolfo Usigli]; el Festival Internacional Hay Títeres, que va por su séptima edición; y el Verano de Títeres que también va por su sexta vez, en el que incluimos a los titiriteros de Veracruz.

DA: Queremos, como proyecto a largo plazo, generar una licenciatura para los titiriteros. Por eso comenzamos con el LATE y por eso lanzamos el coloquio, que es el único en México dedicado al estudio y documentación del teatro de títeres, para concretar quiénes van a ser los maestros y quienes van a ser los alumnos.

L: Con la presente administración municipal queremos pasar del comodato a la donación del inmueble, para darle certeza a los nuevos proyectos. No nos podríamos lanzar a abrir una licenciatura si no tenemos el espacio. Queremos puntualizar que el Rincón de los Títeres y Merequetengue son proyectos completamente autofinanciados: no hemos recibido becas ni otro tipo de financiamiento institucional, porque nuestra ideología es mostrar que se puede vivir de los títeres, y hacerlo dignamente. Nosotros lo estamos haciendo.


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