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De alcahuetes y rufianes, chocarreros sabandijas y embaucadores del Zacatecas antiguo

De alcahuetes y rufianes, chocarreros sabandijas y embaucadores del Zacatecas antiguo
Zacatecas, una ciudad de plata envidiable del mundo FOTO: LA JORNADA ZACATECAS

El profeta Jeremías lo sentenció dos mil trescientos años antes: “yo traeré sobre vosotros una nación de lejos, una nación robusta y antigua, una nación cuya lengua no entenderéis… talará vuestras mieses y devorará vuestros hijos e hijas…”. Punto, o sea: la patria chichimeca pariendo todas las culturas grandiosas del mundo antiguo: mayas, olmecas, toltecas, totonacas y xicalangas.
Y por ende: los grandiosos aztecas, admirados en el mundo entero.
Pero los de la gran familia chichimeca, zacatecos, cazcanez, guachichiles, guamares, alaquines- irritilas y copuces se quedaron en el rango de la barbarie, el canibalismo rancio, nómadas feroces y combatientes natos sin igual en los anales del mundo –solo comparados con los ejércitos del lobo azul, el te mujim, el gran Gensis Kan de los tártaros su príncipe loco- pero con la inmolación de haber sobresalido de ahí las naciones indígenas imperiales como la maya, azteca y zapoteca.
Del pobre sale el rico, del desierto la flor hermosa.
Qué visión habrían tenido los 49 soldados españoles que fueron literalmente devorados por los indígenas zacatecos en los aciagos días de agosto de 1539 y que en fila veían cómo uno a uno eran sacrificados por las sedientas tribus que clamaban venganza al pie de los cañones naturales y el cerro de La Bufa y al punto en que se volvió una pesadilla haber venido desde tan lejos para acabar entre los dientes afilados de bestias y también –cuesta escribirlo- de los naturales ofendidos en su propia casa invadida por la viruela, el fuego y el yugo de las nuevas religiones.
Zacatecas se pobló de buenos muchachos, de oficios varios, de impecables leyes, de normas y tendencias destinadas a prolongar y perpetuar sus nuevas calles.
Y apareció también el alcahuete y el rufián desafiando la norma, el afeminado y el mancebo, el tramposo y el juglar embaucándonos en la cornisa y el miliciano y la sombra de muchos alocados e incontables mujeres portentosas y bellas que hicieron de Zacatecas –insuper Fresnillo, Mazapil, Jerez- las ciudades enteras del oro y la plata envidiable del mundo. ■

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