El discurso mediático (negligencia total)

El discurso mediático (negligencia total)

Como una forma de mantener conformes a las multitudes, se erige el discurso mediático a modo de herramienta política cuyo objetivo es desviar la atención de los hechos u omisiones característicos en la aplicación del poder,desatendiendo las problemáticas más evidentes que contribuyenal detrimento de la sociedad. Los sofismas y las falacias retóricas hacen acto de presencia al momento de intentar explicar fenómenos indeseables de la vida cotidiana, y la confusión generada permite al emisor de la perorata evadir el conflicto que generalmente acompaña los reclamos de las masas que requieren aclaraciones tajantes; si las explicacionesemitidas se fortalecen con una postura de reto brabucón ante la negligencia para resolver un problema,se cumple exitosamente con el cometido: “una personalidad fuerte se impone a cualquier contrariedad”, se diría después de haber memorizado ciertos manuales que rigen la conducta del más fuerte en apariencia. Ejemplos hay muchos, de lo que representa una falta de sensibilidad bajo el esquemadel cumplimiento de las leyes establecidas para generar mejores condiciones de convivencia “sana y pacífica”.
Un discurso podría definirse como un conjunto de palabras articuladas con una secuencia lógica, formando enunciados concretos,aunque no siempre verdaderos, cuya primera intención es impactar lo más profundo del intelectode las personas a quienes va dirigido; el carácter mediático de la exposición, considerando el proceso comunicacional y los medios por el que se emite, consiste en unafaceta, aduladora de preferencia, mediante la cual se pretende desviar la atención de un asunto, inconveniente en muchas ocasiones para quien intenta justificar ciertas actitudes.
En estos días, en los que el “maquillaje” de cualquiertemática, relevante o irrelevante, conlleva a la exaltación de virtudes inexistentes, resulta de fundamental trascendencia proporcionar al público lo que éste desea escuchar, aunque sin un convencimiento garantizado. “Algunas veces las audiencias se consuelan con el simple hecho de ser atendidas, escuchadas”, aunque los resultados deseables estén lejos de ser finiquitados. Quienes han padecido la negligencia en su más alta manifestación por parte de las instituciones que en teoría sirven a los intereses generales, no están de acuerdo con laspromesas discursivas de resoluciónde un problema en particular, únicamente. Se requiere y se exige la actuación pertinente de la autoridad involucrada para eltratamiento y el abatimiento del dilema particular.
El organismo encargado de proteger los derechos fundamentales de los individuos es el Estado, en el entendido que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana… Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho”, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en su artículo tercero estipula: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Entonces es inadmisible que alguna autoridad representante de ese Estado evada la asistenciaque las obligaciones inherentes al propio gobierno le obligan.
Resulta un hecho que no admite retoques la descomposición social que se ha potenciado en las últimas décadas; el descuido educativo, las crisis económicas recurrentes, la falta de oportunidades para el acceso a mejores condiciones de vida, etc.Me parece que todos estos factores no son responsabilidad directa del ciudadano que ha delegado la conducción del país a sus gobernantes, a un estado de derecho regido por leyes y reglamentos, democráticamente, se entiende; desde este punto de vista, resulta errónea la visión simplista que intenta justificar la carencia del compromiso asistencial de cada uno de los representantes de las instituciones y revertir el “mal” hacia quienes lo padecen. Muchos hemos experimentado actitudes nocivas y evasivas de los personajes que se encargan de la impartición de justicia, de los encargados de mantener el orden público y garantizar la tranquilidad social, desde la faltas de carácter federal hasta las representaciones municipales. Los tres órdenes de gobierno se esmeran en la evasión de responsabilidades.
Para un Estado negligente, por no citar los vicios que han caracterizado las actividades gubernamentales en todos los sentidos y en todas sus instituciones, “las cuestiones de seguridad recaen sobre sus gobernados”; es el propio ciudadano el que debe velar por su propia seguridad, así lo entienden muchos, pero ante los hechos irremediables que se presentan día tras día, en su “estado de derecho”, apegado a las leyes, que tanto se ufanan en difundir, las muestras de ingobernabilidad se perciben como una especie de “normalidad mínima”, como algo con lo que el ciudadano común debe convivir, le guste o no.
Ante la falta de visión política, entendido este término como el conjunto de las condiciones necesarias para una mejor convivencia: inclusión, democracia, toma de acuerdos, etc.;desde los problemas derivados de la ignorancia, como el abuso perpetrado por seres insignificantes que ostentan un cargo de repartición de despensas y a quienes su “patrón” protege, hasta los más aberrantes asesinatos de niñas indefensas, la constante invariable es la falta de aplicación sensata e imparcial de las leyes; la impunidad derivada de los compadrazgos que luego se transfiere a la negligencia total debe ser un reclamo de la comunidad lesionada. Hasta ahí estamos de acuerdo, no más. ■

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