‘Rayuela’: otra lectura

‘Rayuela’: otra lectura

La Gualdra 346 / Promoción de la lectura

 

En el primer bimestre del año una de las asistentes a la Sala de Lectura “Así la libro” sugirió leer Rayuela de Julio Cortázar. La primera intención fue leerla a saltos como lo propone el autor. Sin embargo, la falta de referentes en torno al jazz, la pintura y la teoría de Morelli, se iban constituyendo en una carga difícil de llevar. Así que por consenso decidimos leerla de manera convencional. Hace tres o cuatro semanas concluimos la obra en su capítulo 56. En alguna de las sesiones, un lector habló del origen esotérico del juego. Ahí comienza esta lectura.

Mateo nos dijo que la rayuela, el avioncito, el bebeleche o la pilingrina, según se le conozca, es un juego que practicaban los iniciados medievales, aquéllos que se introducían en los senderos de la alquimia. Confieso que me pareció una participación descabellada, pero guardé silencio. No obstante la duda había echado raíces en mí. Investigué en la carretera de la información y di con un artículo que respaldaba lo dicho por Mateo. Y más: el juego tuvo su origen a partir de la Divina Comedia de Dante Alighieri. De ahí que en muchos trazos el “10” final sea suplantado por la palabra “cielo”.

Por esos días contacté a mi amigo Miguel Ángel Aguilar Fuentes. En medio de nuestra conversación me dijo que la numerología argentina era la más reconocida. Entonces surgió la idea de establecer como títulos a la obra de Cortázar el significado de los números. Antes de explicar lo que encontré me permitiré una sobreinterpretación más: en el Club de la Serpiente aparecen constantemente dos velas verdes. Otra vez fui a Internet y descubrí que estas velas significan la búsqueda del equilibrio. Algo que resulta interesante si consideramos que para jugar rayuela se requiere de él.

Pero vayamos a la correlación capítulos-numerología. Si iniciamos la lectura a saltos, el primer capítulo es el 73 cuyo significado es “El amor y el deseo”, el de toda la disertación que realiza el narrador a partir de la teoría de Morelli y el fragmento del tornillo. De ahí saltamos al capítulo 1 que inicia así: “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme…”, pues siguiendo el criterio y la lógica planteada, correspondería el título de “El mago”. El capítulo 2, donde Horacio habla de lo que le gusta de la Maga, nos la presenta, conocemos de su relación, le fue asignado el nombre de “La sacerdotista”.

El capítulo 6 es de los que más coincidencia tienen entre la trama y el significado del número asignado. En él el narrador no describe los azarosos encuentros parisinos entre Oliveira y la Maga. A este apartado lo corresponde el título de “Los enamorados o los dos caminos”. Reconozco mi ignorancia en gran parte de temas esotéricos y espirituales, así como mi limitado conocimiento de la vida y obra del Cronopio Mayor. Pero si la obra es una apuesta al juego y la creatividad, aquí hay una opción.

 

 

 

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