De agua hermosa es mi abolengo

De agua hermosa es mi abolengo
Coxala Gráfica. Obra de Emiliano Molina.

Arde en Tabasco la vida

de tal suerte, que la muerte

vive por morir hendida,

de un gran hachazo de vida

que da, sin querer, la suerte.

Carlos Pellicer

 

A mediados de los años setenta un grupo de jóvenes tabasqueños asistían a la casa del poeta Carlos Pellicer. No sé de lo que ahí se hablaba, pero sin temor afirmo que, en algún momento de la tertulia extendida, probablemente, hasta las altas horas de la madrugada, el poeta sacaba a relucir algunos versos. Dentro de ese grupo se hallaba un estudiante de Ciencias Políticas: Andrés Manuel López Obrador ─nuestro hoy presidente electo─, quien muchos años más tarde se declararía pelliceriano.

Mucho me he preguntado a lo largo de este día qué significa etiquetarse como pelliceriano. Por un lado, mi vena poética se emociona y sueña con un horizonte de esperanza, fincado en la victoria de una izquierda por mucho tiempo ninguneada ─en mi estado y ciudad es vista como sinónimo de ignorancia─. Estos cauces líricos piensan en días progresistas, en esa lámpara que se acaba de encender después de todas las luchas libradas contra océanos adversos, ─parafraseando a José Carlos Becerra, otro gran poeta tabasqueño─; desean al fin una mirada sólida hacia los problemas sociales. Por otro lado, como ciudadano comprometido con mi tiempo, quiero mantener una sana distancia. Mejor dicho: soy un tanto escéptico de las soluciones rápidas, porque sostengo que no se puede vivir por siempre dentro una infancia política, sino que es necesario desarrollar una mirada vigilante y crítica hacia cualquier gobierno, es decir, pienso que una victoria electoral no resuelve todos los problemas al minuto, o que la embriaguez por el triunfo casi siempre desemboca, como un río frenético, en mares dominados por la soberbia y el desdén. A pesar de todo, lo admito, el asunto pelliceriano me seduce.

Pellicer no sólo es un excelente poeta que escribía imágenes vertiginosas bajo un ritmo bien articulado, también era un católico y un socialista convencido. López Obrador es ambas cosas. En una entrevista reciente cita de memoria un fragmento de Piedra de sacrificios, de 1924, que dice: “Jesús, te has olvidado de mi América, / ven a nacer un día sobre estas tierras locas”. No es asunto menor decir unos cuantos versos de memoria. Habla bien de su cultura y sensibilidad. Tampoco lo es detenerse en esta visión mesiánica del poema, porque pelliceriano quiere decir nombrarse un fiel seguidor de su espiritualidad, severidad y compromiso, un defensor de los grupos vulnerables, de la idea de cultura como vehículo de cohesión. Decirse discípulo de Pellicer es mostrar públicamente una formación política y profesional.

“Arde en Tabasco la vida” y hoy arde de igual modo en todo el país. No hay poesía relevante que no sea, en sus orígenes, un acto de rebelión ─escribe Ilan Stavans─. En el fondo, el acto democrático del 1 de julio se me aparece como un acto poético de profunda rebelión contra la impunidad, el clasismo, la violencia desmedida, la corrupción y el cinismo del gobierno actual. Yo, como muchos otros de mi generación, en el 2006 y en el 2012 voté por su proyecto alternativo a las tradicionales políticas de centro – derecha. Por supuesto, tuve una gran tristeza por su derrota electoral. Hoy siento una alegría enorme que, sin embargo, no debe olvidar ni un instante el gran hachazo que es la vida.

 

*Coatzacoalcos, 1982. Escitor.

 

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