Feminismo

Feminismo

Sobre el feminismo, Humberto Musacchio manifiesta lo siguiente:

Es un movimiento que persigue la plena emancipación de la mujer mediante la igualdad jurídica, económica, política y social respecto del hombre. Tiene sus antecedentes en la Revolución Francesa y en diversas doctrinas socialistas del siglo XIX. En México durante la guerra de Independencia cobraron relevancia figuras como Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario. Hubo otras, como la Güera Rodríguez, que asumieron derechos que la ley no les concedía. Sin embargo, la mujer permaneció a la sombra de las actividades y decisiones masculinas. En las gacetas del siglo XVIII, en el Diario de México a partir de 1805 y en otras publicaciones quedaba claramente expuesto, el papel que socialmente se asignaba a las mujeres: “guardianas del hogar”, “esposas amantísimas” y “madres abnegadas”. Estas ideas no variaban al surgir las primeras publicaciones para ellas como “El Calendario de las Señoritas Mejicanas” 1838). “El Semanario de las Señoritas Mexicanas” (1841). “El Panorama de las Señoritas” (1842). “La Camelia” (1853). En septiembre de 1862, estando en curso la intervención francesa, la participación femenina se organizó en torno a la Sociedad Ignacio Zaragoza, en la que figuran Margarita Maza de Juárez; Altagracia P. de Morales; Dolores Escalera; Dolores Delgado de Alcalde; Dolores Herrera de Bravo; Luz Zamora; Josefina Broz de Riva Palacio
A la restauración de la República (1867) Juárez expide la Ley Orgánica de Instrucción Pública en el Distrito Federal, mediante la cual, además de los planteles municipales se establece la apertura de cuatro más a cargo de la federación, tres para niños y uno para niñas, y se crea la escuela secundaria “de personas del sexo femenino”, donde las alumnas permanecerían cinco años, tres de secundaria propiamente dicho y dos del bachillerato. En la inauguración de la secundaria femenina, acto al que asistió Juárez, la directora del plantel María de Belem Méndez y Mora, informó que las estudiantes recibirían enseñanza sobre “matemáticas puras, idiomas español, inglés, francés e italiano, geografía y cosmografía, teneduría de libros, historia universal y de México, cronología, medicina doméstica, jardinería y horticultura, moral, dibujo, música vocal e instrumental, toda clase de costura, bordados, tejido, flores de mano etc”.
Las alumnas diría la funcionaria, “de aquí saldrán honestas, instruidas y económicas; obreras útiles, que entrarán a los talleres con la conciencia de su aptitud, se harán respetar y economizarán el fruto de su trabajo. Las más acomodadas podrán abrir sus establecimientos en competencia con las extranjeras y dirigirlos con el mismo acierto, economía y arte que ellas; podrán dedicarse al comercio, como lo hacen en los Estados Unidos y otros países de Europa. De aquí saldrán las artistas y las profesoras”. La misma ley establecía algunas diferencias para dar el título de profesor a hombres o mujeres, y éstas, cuando impartían enseñanza secundaria a niñas, le asignaba un sueldo igual al de un profesor o profesora de primaria de primera clase.
En 1869 se reformó la Ley de Instrucción, y con cargo al erario federal, se acordó abrir cuatro escuelas para niños y otras tantas para niñas, además de una para adultos varones y otra para mujeres adultas, ambas nocturnas. También se suprimieron los estudios normalistas. Inspiradora de los cenáculos literarios, la mujer sólo fue admitida en ellos hasta 1871, cuando a iniciativa de Alberto G. Bianchi se les da ingreso en la Sociedad Literaria La Concordia.
Fue hasta 1873, cuando aparece un periódico elaborado exclusivamente por mujeres “Hijas del Anáhuac”, en el que se esbozan, así sea tímidamente, algunos planteamientos feministas: “La mujer -dice- es un ser nacido para gozar; sin embargo, su corazón guarda siempre una historia de amargura…el mundo cruel no la comprende…Algunos creen que la mujer nació para esclava y la hacen su víctima”. En el número dos se le exalta como madre y esposa y se pregunta el lector: “¿la queréis heroína? Id entonces a los campos de batalla y la encontrarás cerca del moribundo, y si es necesario, presentará su pecho para defenderle; le brindará agua si tiene sed; el lecho si necesita de reposo y, ¿sabéis en cambio de tanta abnegación y sufrimiento lo que obtiene? El yugo, la opresión, la indiferencia; he aquí el premio de tanto amor y ternura”.
La ocupación de fuerza de trabajo femenina, obra del industrialismo, se produjo en condiciones discriminatorias y con frecuencia humillantes, al extremo de que las huelgas de la época, tenían entre sus demandas centrales la exigencia de respeto para las mujeres, y de salario igual para trabajo igual con independencia del sexo. Según Clementina Díaz y de Ovando, fue en 1875 cuando por primera vez en la ciudad de México, las mesas de un restaurante, el Café de Veroli, estuvieron atendidas por mujeres, lo que provocó comentarios burlones de Juan Pablo de los Ríos, en el período “El Eco de Ambos Mundos”: “según las tendencias de los elegantes del gran mundo, el traje más a propósito para las meseras, sería el que usó nuestra madre Eva”. ■

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