Notas de limón (Dedicada con ternura y gratitud a Doña Brisia y a su querido Juan Aldama)

Notas de limón (Dedicada con ternura y gratitud  a Doña Brisia y a su querido Juan Aldama)

Por muchas razones, marzo es la antesala de la promesa cumplida, no sólo para arribar a un clima más generoso y favorable a la vegetación, a sus aires que no siempre son grises hálitos, sino porque hacen florecer la esperanza de que todo marchará mejor en el terruño: que habrá que seguir bregando contra la injusticia, hasta llegar a la comprensión de que la alteridad es la estrategia para la paz y la no violencia.
Por lo que es inobjetable escribir sobre la conciencia fundamental del arte y la cultura en la vida social, y con este propósito se abrirán algunos pasadores de los acontecimientos recientes que influyen en ella, iniciando con la celebración del Día de la Familia que este cuatro de marzo se festejó en todo el país y que obliga a repensar su significado como núcleo esencial de la sociedad y la cultura mexicana en tiempos tan críticos como los que hoy se viven.
Así como se abren muchas posibilidades a la creatividad, inversión y desarrollo en materia cultural, también forma parte de su estructura, el estar y sentir de la familia como pieza clave y fundamental del andamiaje de la identidad nacional, que ante la ruptura que nocivamente persiste en su composición, es una prioridad re-significarla y fortalecerla como el lugar seguro de la memoria y la espiritualidad.
Octavio Paz, el escritor mexicano que alguna vez dijo que los libros sostenían su existencia y que la verdadera democracia era diálogo, con agudeza y un dominio exquisito plasmó en algunos de sus poemas lo que vivió y percibió de la realidad mexicana: escribió que al hablar de la familia sus palabras se agrietaban… “Cuartos y cuartos habitados sólo por sus fantasmas, sólo por el rencor de los mayores habitados. Familias, criaderos de alacranes: como a los perros dan con la pitanza vidrio molido, nos alimentan con sus odios y la ambición dudosa de ser alguien”. Somos nosotros y nos seguimos buscando…
Ante el resquebrajamiento social que se vive, debilitada por la falta de oportunidades, desigualdad, corrupción y delincuencia, no queda duda de la crisis que atraviesa la familia, que a partir de su diversidad, una gran mayoría presenta rezagos en educación, arte, cultura y empleo. ¿Qué le queda por hacer, por organizarse mejor y no seguir cayendo en el despeñadero del olvido? Recoger los pedazos, continuar con valor y dignidad.
El Premio Nobel de Literatura (1990) en otro escrito alude desde una poética ácida y dolorosa a vez, a dos figuras prominentes en la unión familiar: dice de su madre “… niña de mil años, madre del mundo, huérfana de mí, abnegada, feroz, obtusa, providente, jilguera, perra, hormiga, jabalina, carta de amor con faltas de lenguaje, mi madre: pan que yo cortaba con su propio cuchillo cada día”…
De su padre… “Del vómito a la sed, atado al potro del alcohol, iba y venía entre las llamas. Por los durmientes y los rieles de una estación de moscas y de polvo, una tarde juntamos sus pedazos”…Como verdad hiriente afirmó que “La imagen del padre se bifurca en la dualidad de patriarca y de macho. El patriarca protege, es bueno, poderoso, sabio. El macho es el hombre terrible, el chingón, el padre que se ha ido, que ha abandonado a su mujer y a sus hijos. La imagen de la autoridad mexicana se inspira en estos dos extremos: el Señor presidente y el caudillo”. El diálogo entre papá y mamá como aliciente, como agua y como pan.
La cultura evoluciona y se transforma constantemente, y el núcleo familiar también, los modelos de su integración han cambiado y las prioridades de su unificación, también, habida cuenta de la corresponsabilidad y del valor simbólico del “nosotros” para trabajar en forma consistente los 365 días del año, en una sincera vinculación afectiva, valores y límites que a la postre se traducirá en confianza, seguridad y autoestima, tres aspectos muy importantes para entender la condición de los “otros” en un Zacatecas y un México, ya desacralizados.
La familia es una pilar fundamental de la cultura y su acceso a ella, es un derecho constitucional, no es un regalo ni una dádiva, es una prolongación de su ser, de su memoria, su identidad y su orgullo de pertenencia a su comunidad de origen.
Así da vuelta la página para abordar la proximidad del Festival Cultural Zacatecas 2018 que otra vez excesivamente tarde en su difusión, se realizará en las semanas santa y de pascua, bajo un formato repetitivo que posiblemente tendrá que cambiar en los próximos años, no sólo en programación, infraestructura, financiamiento, sino en nuevas coordenadas temáticas que le devuelvan o le permitan encontrar su auténtica esencia, como un baluarte de la paz.
Nada más que decir de este fenómeno “culturero” hasta esperar el programa definitivo y su puntual realización: la gente, el turismo doméstico, los artesanos, hoteleros, restauranteros, prestadores de servicios, todos, lo esperan con ilusión por lo que significa la generación de riqueza económica y el gozo de compartir la fiesta, donde ricos y pobres son iguales.
Concluye esta columna, con una sentida mención a doña Brisia Favela Astrain, maestra ejemplar del arte popular juanaldamense, artífice y espíritu de la elaboración manual de la flor de maguey, donde cada día por más de 60 años, esta singular mujer le ha quitado a esta planta una brizna de su naturaleza para crear belleza y una tradición; una historia que cuenta como la flor de maguey, sostuvo la economía de este municipio en los años 70.
Su salud se ha deteriorado y se encuentra postrada, hagamos que su legado tenga sentido y fuerza en la alteridad: que la solidaridad y el reconocimiento permitan la recuperación de lo que culturalmente somos como pueblo a través de la historia de vida de esta noble señora.
Ánimo y fortaleza para todos. ■

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