Disminuye la pobreza 2014-2016: tendencia o mera oscilación

Disminuye la pobreza 2014-2016: tendencia o mera oscilación

La medición de la pobreza que se publica este año y que corresponden al bienio 2014-2016, traen la noticia de la disminución de la misma. Recordemos que la medición de la pobreza en México es con método multidimensional: cruzando ingresos y carencias sociales (o derechos). En el caso de los ingresos son dos líneas de referencia: (1) la línea de aquellos que sus ingresos no les alcanzan para comprar la canasta alimentaria (pobres alimentarios), a esta el Coneval le llama “línea de bienestar mínimo”; y (2) las personas que tienen ingresos por debajo de la canasta completa (alimentos y otros insumos no-alimentarios necesarios para la vida). Pero además hay pobreza extrema, que son aquellos que no tienen para comprar su canasta de alimentos y además tienen 3 o más carencias sociales. Pues bien, los números son (en términos redondos) los siguientes: en 2014 había 63 millones de pobres por ingresos, 55 millones pobres multidimensionales, 24 millones de pobres alimentarios y 11 millones de pobres extremos. Además de los 7 millones que se eligieron para la cruzada contra el hambre. Los números para el 2016, en ese mismo orden son: 62, 53, 21, y 9.4 millones de personas. En términos generales, es una variación de 2 millones de personas que reacomodaron su situación en las estadísticas. En general, se ve con los que no son ni pobres ni vulnerables en México, los cuales pasaron del 20 al 22% de la población, y corresponden a esos números.

La disminución de los pobres en estos dos últimos años es una buena noticia, pero la pregunta significativa es si esa disminución constituye una tendencia o es una mera oscilación de una tendencia persistente del problema. En otras palabras, saber si esta disminución continuará en la misma dirección o regresará a estadios anteriores, y por tanto, sólo son pequeñas modificaciones de un estado persistente del problema de pobreza nacional. Esta pregunta se resuelve por tres vías: ampliando la mirada de las cifras históricas de la pobreza, cruzando los datos de pobreza con los indicadores de desigualdad y movilidad social, y observando el comportamiento de los factores que aumentan pobreza en este y el año que entra. Veamos.

Todos los estudios de la medición de diferentes índices de bienestar, como los de Coneval y el Índice de Desarrollo Humano (IDH), afirman que es el factor del ingreso el que está determinando los resultados de los mismos. El IDH mide ingreso, educación y salud. Pues bien, al ampliar la mirada lo haremos sobre ingreso, y esto muestra que en 1992 era el 53% de mexicanos pobres por ingreso, y en 2014, fueron 53%. Los mismos. Entre 1992 y 2014 las cifras se movieron hacia arriba (1996), o hacia abajo (2006), pero regresaba a la tendencia persistente. Así mismo en las últimas mediciones, 2012, 14 y 16, pasamos de 53-55-53 millones de pobres, respectivamente. La mirada ampliada nos habla de oscilaciones (bajadas y subidas temporales) en una tendencia persistente. En cuanto a los factores que aumentan la pobreza, tenemos que para el 2017 tendremos la tasa anual de inflación más alta desde 2008: 6.31 %. Lo cual significa que con ese aumento considerable del índice de precios, es previsible que crezca la pobreza en estos dos años venideros. Y en cuanto a los carecías, el avance más importante se presenta en salud y educación, pero sabemos que los indicadores son las meras coberturas. La mejoría en la carencia de salud se debe al crecimiento de las matriculas al Seguro Popular; sin embargo, eso se contrasta con el crecimiento de las condiciones generales de salud de la población que puede verse a través del aumento de las llamadas enfermedades culturales, como la diabetes. En esta última pasamos de 9.2% de los adultos en 2012 a 9.4% en 2016. ¿Cómo es que mejora la situación de salud al mismo tiempo que crecen las enfermedades crónicas? Esta aparente paradoja se debe a que los indicadores son coberturas de atención, sin ajustes por calidad. Lo mismo pasa con educación: calidad es acceso efectivo a la educación, no sólo ingreso a las escuelas.

Cuando cruzamos pobreza con desigualdad y movilidad social, observamos que no hay motivos estructurales para pensar en una disminución constante de la pobreza. Las mediciones de desigualdad en México muestran que la situación es extrema, al grado de que los medios normales para medirla no sirven totalmente, como el caso de basar las mediciones en la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto en los Hogares (ENIGH) y en indicadores como el Gini; porque la Encuesta no capta a los megáricos, y el Gini es un promedio de desigualdades que no capta las situaciones extremas. Así de grave están las cosas. Esto es, mientras la estructura social no se haga menos desigual y mientras nacimiento sea destino (en el estrato social que naces en ese mismo estrato mueres, a pesar de los esfuerzos individuales o institucionales), no hay manera de que la pobreza tenga una tendencia constante de disminución. En otras palabras, mientras tengamos una estructura social fracturada y segmentada, las cifras de la pobreza dibujarán sólo oscilaciones de un mismo estado permanente. Y observamos también cómo las políticas actuales refuerzan la desigualdad (hasta el gasto público es factor de desigualdad) y congelan la movilidad. Por tanto, nada de qué alegrarse.

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