Partidos políticos a debate

Partidos políticos a debate

En la última semana, derivado de varias noticias relacionadas con ellos, los partidos políticos se han ubicado en el centro de la agenda pública. Por escándalos de sus dirigentes (PAN-Ricardo Anaya), por sus procesos internos (Morena-Ciudad de México, PRI-Asamblea Nacional) o por la sentencia de la Suprema Corte de la Nación, en la que reconoció la libertad de configuración local a la Legislatura de Jalisco, y con ello declaró constitucional la ley promovida por el Diputado de aquella entidad, Pedro Kumamoto, conocida como #SinVotoNoHayDinero, los institutos políticos, pilares de nuestra democracia son hoy tema para la agenda pública.

Los partidos políticos viven uno de sus peores momentos. Instrumentos y vías para la democratización y la participación ciudadana, terminaron cooptados por la tradición clientelar, y la aspiración corporativista, luego de acceder al poder en diferentes frentes. En su reconfiguración, luego del surgimiento de la competencia electoral, perdieron forma, principios y confianza. Hoy se sitúan en los últimos lugares de popularidad entre la población. No es sano para nuestra democracia, ni para nuestras instituciones, su declive. Al contrario, ello ha permitido que movimientos alternos, hagan uso de este descontento para formar vías alternas para llegar al poder, que no necesariamente están eximidas de los males de los institutos en cuestión.

El surgimiento del Movimiento de Regeneración Nacional, una institución de carácter sultanista (ver referencia en los textos de Juan Linz), no trajo consigo una ola de reconfiguración democrática. Este partido terminó siendo una extremidad no corporal del caudillo populista (no hay forma razonable de negar esto), y los de enfrente, sin una estrategia ni inteligencia clara para enfrentarlo, han ido entre tumbos descomponiendo más su credibilidad, entre la indefinición de sí volver a la lógica camaleónica de aquél, o enfrentarlo con innovadoras estrategias de modernidad y democracia.

Es de suma importancia que hoy abordemos a los partidos políticos, a meses de iniciar el proceso electoral más complejo de nuestra historia. Y es importante que, a diferencia de lo que la mayoría de las dirigencias partidistas supone, nos apropiemos de sus debates y exijamos transparencia en lo que concierne a decisiones que al final de día sostenemos con nuestros impuestos y nos afectarán de manera directa.

Ejemplos de este tema son dos procesos internos que se han dado recientemente, en dos de los principales partidos: el Partido Revolucionario Institucional y el Movimiento de Regeneración Nacional. El primero, tuvo una Asamblea Nacional en la que se vislumbraba un enfrentamiento entre expresiones por los métodos para elegir a su eventual candidato a la Presidencia de la República. Algunos sí se dieron, otros fueron conjurados en el consenso y la negociación. Cuando menos, las votaciones y cada una de las mesas fue de acceso público vía redes sociales. El otro es el del proceso interno para definir la “coordinación” de Morena en la Ciudad de México, que ha venido a generar toda una catarsis al interior de ese partido, que no es de mi interés abordar, sin embargo ha habido un elemento que va más allá de sus definiciones internas: la falta de transparencia y un claro desconocimiento a y de la Ley en este sentido.

Frente a los cuestionamientos, internos y externos, sobre la publicidad de la encuesta que originó la decisión y se utilizó como principal argumento para defender la democracia y no la “dedocracia” del mismo,  la respuesta inicial fue: “no se transparentará”. Luego, por presiones, fue: “por exigencia ciudadana, aquí está”. Al final del día se logró el cometido, sin embargo, el discurso utilizado por las autoridades de dicho partido, deja en claro que, desconocen las obligaciones básicas que la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública les exige (Artículo 70, fracción XLI: “Los estudios financiados con recursos públicos”), y que la transparencia proactiva y como primera instancia, no es lo suyo.

Claro está que los partidos políticos, por estrategia, pueden reservarse información, sin embargo, también es claro que no ayuda a la legitimación de sus procesos y decisiones, el ocultar información, más aun tratándose de definiciones tan cuestionadas incluso internamente.

Al final del día, todas estas experiencias, deben servir para ir puliendo las máquinas que habrán de confrontarse en la batalla electoral por venir, y que, independientemente de cuál sea la victoriosa, les es exigible a todas, que sean lo más acercadas al modelo que el mexicano les requiere, al final del día, su “cliente final”, y su financiador exclusivo.

Enhorabuena. Los partidos políticos son entes de interés público, nos pertenecen a todos, más allá de sus militancias y dirigencias, nos han costado y nos cuestan a todos. Siendo, insisto, pilares de nuestra democracia, merecen de nuestra atención, y su rescate es una tarea que nos debe llamar a todos por igual, si es que queremos que mejoren las condiciones democráticas en México.

 

@CarlosETorres_

www.deliberemos.blogspot.mx

 

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